LA EMPRESA ESPAÑOLA EN 2026: NUEVO EQUILIBRIO LABORAL
- Centro de Psicología Maribel Gámez

- 13 jun
- 7 min de lectura

El mercado laboral español enfrenta en 2026 una transformación profunda caracterizada por la desconexión entre empleados y organizaciones, el aumento del absentismo no atribuible primordialmente al estrés y tensiones generacionales que cuestionan modelos tradicionales de motivación y compromiso. Dos informes recientes ofrecen una radiografía sumamente valiosa: ‘Informe sobre el estado de las personas en la empresa en España 2026′, de la consultora Dathum, basado en 31.257 encuestados de 15 sectores con cinco años de datos longitudinales, y ‘Claves del nuevo equilibrio laboral: tendencias y retos 2026' de la consultora Pluxee, que recoge opiniones de más de 1.000 empleados y 200 responsables de Recursos Humanos.
Estos estudios revelan un capital humano en declive, con caídas en el Net Promoter Score (NPS) interno, que mide el nivel de satisfacción y compromiso de empleados de una empresa, y un aumento de la apatía y el aburrimiento laboral. El presente artículo sintetiza sus hallazgos principales, analiza sus implicaciones y pone de manifiesto las menores capacidades de tolerancia y esfuerzo observadas en las generaciones milenial (aproximadamente 30-45 años) y Z (menores de 30) respecto de las anteriores, que exige un replanteamiento urgente de las estrategias de gestión de personal.

Desconexión, apatía y costes ocultos
El informe de Dathum presenta una referencia nacional del “estado real del trabajo” en España. Utiliza una metodología patentada que mide indirectamente la brecha entre lo que las personas valoran y lo que experimentan, evitando sesgos de encuestas directas. Sus conclusiones principales desmontan mitos sobre el absentismo y destacan una crisis de sentido y reconocimiento.
En primer lugar, el absentismo no se explica principalmente por sobrecarga o estrés percibido (correlación casi nula: -0,09). En cambio, la apatía y el aburrimiento (la “zona de vacío”) generan 17,8 veces más absentismo que la zona óptima, frente a 10 veces en la zona de “sufrimiento” (ansiedad/sobrecarga). El 12,6% de la fuerza laboral se encuentra en esta zona de vacío, porcentaje en aumento. La apatía correlaciona en 63,5 puntos con el absentismo, convirtiéndose en el mejor predictor.

Este fenómeno produce costes significativos: las empresas pierden una media de 3.037 € por trabajador al año en absentismo (alrededor de 700 €), rotación no deseada (cerca de 1.000 €) y bajo rendimiento (más de 1.100 €). El aburrimiento genera el doble de coste organizativo que el estrés. Cuatro de cada diez trabajadores perciben bajo reconocimiento profesional (“Han dejado de creer que su trabajo importa”), lo que multiplica por 16,4 el absentismo y por 15,1 la baja productividad. El liderazgo inclusivo eleva el reconocimiento a 68,5/100, mientras que el de exclusión lo reduce a 16,8/100. Casi la mitad, el 48%, de los trabajadores está en zona de riesgo psicosocial y el 18% en zona crítica; este índice correlaciona en 82,5 puntos con el compromiso laboral.
Se observa una caída sostenida del capital humano: el NPS interno ha descendido un 26% desde 2021, y 2025 marca el primer año con todas las variables en negativo. Ha cambiado el equilibrio motivacional: la motivación extrínseca (sueldo, estabilidad, tiempo) supera a la intrínseca (reto, autonomía, aprendizaje), alcanzando el 54,4%. La estabilidad gana 14 puntos. Paradójicamente, quienes priorizan fuertemente el sueldo muestran 11,7 puntos menos de compromiso, sugiriendo que el salario actúa a menudo como síntoma de desconexión más profunda.

El tramo de 35-44 años (principalmente milenials) concentra el mayor deterioro: menor compromiso (63/100 frente a media 68,6), mayor absentismo, menor productividad y menor reconocimiento.
Este grupo soporta mucha carga operativa pero experimenta brechas intensas en seguridad psicológica y liderazgo inclusivo. Los perfiles innovadores sufren brechas aún mayores en reto y autonomía, lo que limita la capacidad de transformación organizacional.
Aproximadamente una de cada tres personas está poco o nada motivada. La mitad de los empleados se ha planteado cambiar de empresa (49,9%), cifra que alcanza el 74% en la Generación Z. El sueldo es el principal motivo de cambio (67,2%), pero factores como flexibilidad horaria, conciliación y crecimiento personal/profesional son clave. Los empleados más jóvenes cada vez priorizan más el equilibrio vida-trabajo.

Las empresas enfrentan escasez de talento, el 82,7% de ellas lo identifica como principal obstáculo para su desempeño. El 98% buscó nuevo talento en 2025. La formación se percibe como estratégica (88,8% de empleados), pero solo menos de la mitad de las empresas la ofrece consistentemente. El bienestar integral, especialmente la salud mental (importante para el 84%, pero solo el 12% ve recursos suficientes), la conciliación (85% motivo de cambio) y la diversidad/sostenibilidad (relevantes para 3/4 y 63% respectivamente), ocupa el centro de su interés.
Los planes de beneficios ofrecidos por las empresas a sus empleados crecen (65% de empresas), con énfasis en flexibilidad (36%) y seguro de salud como el más valorado. Los modelos híbridos de presencia y teletrabajo siguen preferidos (67%), pese a un retorno parcial a lo presencial. La gestión del mix generacional es un reto estratégico para el 95% de las empresas, ya que la generación Z prioriza oportunidades de desarrollo, diversidad y sostenibilidad; los Millennials, conciliación y bienestar; los seniors, estabilidad y ambiente laboral. Esto exige enfoques personalizados.
Diferentes énfasis

Ambos informes coinciden en la centralidad del bienestar y el reconocimiento, pero difieren en énfasis: Dathum profundiza en métricas predictivas de desconexión interna (la apatía tiene mayores consecuencias que el estrés), mientras Pluxee destaca preferencias externas y estrategias de retención. Juntos pintan un panorama de “nuevo equilibrio laboral” donde la motivación extrínseca gana terreno ante la incertidumbre y la relación flexibilidad/beneficios se convierte en el elemento diferenciador de la satisfacción laboral. La desconexión silenciosa (presentismo improductivo) emerge como un riesgo mayor que la rotación visible y, así, los costes económicos son más elevados y la brecha entre expectativas y realidad erosiona el capital humano.
La IA y la transformación digital exacerban la necesidad de perfiles con alta tolerancia al cambio en las empresas, pero los datos sugieren dificultades crecientes para encontrarlos. Los informes destacan patrones generacionales preocupantes que cuestionan la resiliencia laboral de milenials y zetas, interpretables como menores capacidades promedio de tolerancia a la frustración, esfuerzo sostenido y demora de recompensa en entornos corporativos tradicionales.

En Dathum, los milenials en el grupo laboral entre 35 y 44 años constituyen el “núcleo productivo” pero exhiben el compromiso más bajo (63/100), mayor absentismo, menor productividad y reconocimiento. Este tramo soporta carga operativa intensa pero muestra mínimos en seguridad psicológica y mayor exposición a liderazgo excluyente (15,3%). La brecha entre contribución esperada y reconocimiento recibido alcanza su pico, fomentando apatía. Aunque no se trata de “falta de esfuerzo” per se, los datos indican menor tolerancia a entornos sin retroalimentación inmediata, autonomía limitada o reconocimiento diferido, lo que por cierto caracteriza hoy todavía a muchas organizaciones jerárquicas. La priorización de estabilidad sobre reto intrínseco refuerza esta interpretación.
La generación Z, según Pluxee, muestra aún menor apego: el 74% se plantea cambiar de trabajo, frente al aproximadamente 50% general y mucho menor en boomers. Priorizan desarrollo rápido, valores como la diversidad y la sostenibilidad, y el equilibrio inmediato sobre la lealtad o el esfuerzo prolongado en roles poco estimulantes.

La falta de oportunidades de crecimiento es su principal barrera, sugiriendo baja tolerancia a trayectorias lineales pausadas. La alta rotación intencionada indica su preferencia por entornos que ofrezcan gratificación rápida y alineación personal, frente a esfuerzo sostenido en contextos ambiguos o exigentes.
Estos patrones no son meramente “culturales” o caprichosos; reflejan la socialización característica de la era digital (dopamina instantánea, opciones abundantes), menor exposición a adversidad económica (comparada con generaciones previas) y cambios en valores hacia una autorrealización inmediata. Todo ello redunda en un impacto negativo en la productividad. Así, las organizaciones dependientes de estos grupos enfrentan mayor inestabilidad, mayores costes de formación/recuperación y menor capacidad de ejecución en proyectos a largo plazo.
El informe Dathum cuestiona la narrativa de que el problema esté solo en los “jóvenes”; los milenials, ya en roles intermedios, muestran una fatiga similar. Esta menor relación tolerancia/esfuerzo exige adaptación: diseños de puesto con mayor autonomía y retroalimentación frecuente, trayectorias de carrera aceleradas, gamificación, propósito explícito y beneficios que mitiguen las incertidumbres, favoreciendo la salud mental y la flexibilidad real.

Implicaciones para las organizaciones
Desde una perspectiva de psicología organizacional, los hallazgos de ambos estudios se alinean con las teorías de autodeterminación (necesidad de autonomía, competencia y relaciones) y justicia organizacional. La apatía mostrada por los encuestados refleja la frustración de estas necesidades. En términos de capital humano, la erosión observada reduce el retorno de la inversión en talento y para la gestión estratégica, implica pasar de compensación transaccional a relacional/personalizada. Así, hay que ver la multigeneracionalidad no solo como reto demográfico, sino como oportunidad de complementar fortalezas tales como la resiliencia senior junto con la creatividad junior.
Ambos informes, Dathum y Pluxee, alertan de un punto de inflexión en 2026: el modelo laboral español sufre desconexión crónica, con apatía y falta de reconocimiento como mecanismos principales de ineficiencia. Los milenials y la generación Z exhiben menores umbrales de tolerancia y esfuerzo sostenido en entornos tradicionales, todo ello manifestado en bajo compromiso, alta rotación y priorización de equilibrio inmediato.

El futuro competitivo de España depende de reconstruir el vínculo empresa-persona, adaptándose a las expectativas y limitaciones relativas de las generaciones involucradas. Ignorar las señales de baja tolerancia y esfuerzo generacional no solo perpetúa costes ocultos, sino que compromete la capacidad de innovación y crecimiento sostenido. Se requiere un liderazgo valiente que transforme el “nuevo equilibrio” en ventaja competitiva real:
- Formar líderes en inclusión y reconocimiento frecuente.
- Diseñar trayectorias personalizadas con autonomía y desarrollo acelerado para milenials y zetas
- Expandir beneficios flexibles y políticas de bienestar y conciliación reales.
- Invertir en formación estratégica que combine habilidades técnicas con resiliencia y propósito.
- Experimentar con modelos híbridos y disruptivos que equilibren productividad y retención.

Y fuera del ámbito de las organizaciones, específicamente en el ámbito educativo, abordar brechas en tolerancia al esfuerzo desde edades tempranas.
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Un gran artículo, enhorabuena a las dos.
Si la mayoría de la gente pudiera dedicarse a hacer lo que le gusta el mundo sería muy distinto. El problema es que la mayoría de la gente no puede deidcarse a lo que le gusta porque no tiene suficiente talento ni capacidad de esfuerso para conseguirlo y están amargados porque no lo reconocen, sino que piensan que no les reconocen sus méritos. En mi oficio, que son las artes escénicas y especialmente la danza, se ve mucho.
Ha sido interesante leer el párrafo final de este artículo, me encontraba reflexionando sobre lo que dice el artículo en el ámbito educativo..
Hay un perfil de jóvenes que parece haber desaparecido, o al menos haber disminuído de manera brutal, el de quines entraban en pequeñas o medianas empresas de cierta especialización con la idea de hacerse importantes en ella al haber menos competencia en ese tipo de empresa que en las grandes. En ese perfil me incluyo yo misma. Pero hace doce o quince años que no los veo.
Lo que no cabe duda es que las pequeñas empresas que no consigan encontrar talento y responsabilidad van a desaparecer en masa a medio plazo Las grandes organizaciones son otra cosa.