• Maribel Gámez

Vacaciones y deberes, falsa dicotomía


Acabado el curso escolar muchos padres y madres se preguntan cómo planificar las vacaciones con sus hijos. ¿Hay que compatibilizar descanso con ejercicios de repaso de lo visto en el curso que acaba o de adelanto del curso que vendrá? ¿O es mejor interrumpir el estudio y los deberes durante el verano para retomarlo más adelante?


Para dar una respuesta reflexiva a estas preguntas hay que formularse otras que puedan ayudar a esclarecer estas dudas. ¿Va mal en el colegio? Mejor será que estudie y haga ejercicios en verano no vaya a ser que el próximo curso tenga problemas y suspenda, piensan muchos padres. Y es que en ocasiones la decisión se toma desde la idea de que el niño repase para evitar un fracaso en el curso siguiente. El verano se enfoca a hacer lo necesario para que vaya superando los cursos académicos con éxito. Y esta idea es parte importante del asunto, pero no lo único a tener en cuenta. Hay que ampliar el enfoque, ir más allá. No limitarnos a pensar en sí debería hacer tal o cual cuaderno de vacaciones para repasar lo visto en el curso, abandonando la reflexión en este punto. ¿Para qué enviamos al niño a la escuela? ¿Con la idea de que vaya superando los cursos, sin más? Estas son las preguntas de las que hablaba antes y que ayudan a tener una perspectiva más amplia ante lo que se decidirá hacer en verano. Si limitamos las razones a que sea exitoso en el colegio encapsulamos lo que el niño hace en el ámbito escolar como si el conocimiento se circunscribiera solo a esa parte de su vida.

Los ejercicios o temas de estudio que los profesores pueden recomendar hacer en verano, o los padres querer implementar en esas fechas, tienen como fin afianzar conocimientos. La idea es que el niño aprenda ciertos saberes que le van a ayudar a entender mejor el mundo y manejarse mejor en la vida. Atesorar conocimientos y tener la capacidad de recordarlos y relacionarlos entre sí es una fuente de felicidad. Y esos conocimientos no solo se dan cuando el niño se sienta a realizar los ejercicios en pleno agosto, que también, sino que están delante de nosotros constantemente si sabemos hacernos las preguntas adecuadas. Si, por ejemplo, ante la típica paella que se come en verano somos capaces de entender de dónde vienen cada uno de estos ingredientes, lo que tarda en llegar al mercado, su valor, y lo que implica, en cuanto a la elaboración, un plato así, aumentaremos nuestra felicidad al degustarla. Realmente, nos comeremos algo tremendamente complicado en su existencia. Si somos capaces de inculcar esta curiosidad en el niño también le podremos facilitar la llave de esa felicidad, entre otras cosas, que trae el saber. Si esto es así, ¿por qué nos planteamos una ruptura del niño con el conocimiento cuando termina el curso?


Cuando, en realidad, la actitud de descubrimiento, critica y resolución de problemas debería invadir el día a día del niño. Es decir, la pasión por entender el mundo no es algo que se pueda limitar a lo que la escuela puede ofrecerle. Por lo tanto esa ruptura con el conocimiento no debería, desde mi punto de vista, darse nunca. Lo que no implica que todo el tiempo se dirija al niño a estar razonando sobre todo lo que ve. Pero es una actitud vital necesaria para la vida.

Si el niño va académicamente mal por falta de buenos hábitos de estudio, el verano es un buen momento para seguir intentando inculcarlo. Más allá de qué contenidos debe aprender, el hábito de estudio genera unas estrategias ante la tolerancia a la frustración que todo esfuerzo requiere que son absolutamente esenciales para que el pequeño tenga éxito en cualquier empresa que lleve hacia delante. Personal o profesional. Sin tolerancia a las emociones negativas no se mantienen proyectos, a ninguna edad. Esto puede conseguirse dedicando un tiempo a tareas escolares o a dialogar sobre lo que sabe y lo que desea saber sobre un tema, de manera estructurada y esforzada.


Si el niño ha tenido unas buenas notas y tiene un adecuado hábito de estudio hay que seguir estimulando su curiosidad por el mundo que le rodea. El mar, al que se acude tanto en verano, es el origen de la vida en la que surgimos todos nosotros, el cielo la entrada al universo, lleno de planetas y estrellas donde reside la posibilidad de encontrar vida inteligente en el cosmos. Los niños responden muy bien a estas incógnitas que pueden ser resueltas hablando, viendo vídeos en internet, yendo a museos, haciendo recreaciones del mundo que le rodea o de muchas formas más que luego se plasmen en algo estructurado y con sentido, como un cuaderno o un archivo de texto. Siempre intentando conectar lo que estudian con el mundo real, que está lleno de claves cuyo entendimiento les abre la comprensión al mundo.


Independientemente de que sea realizando tareas sentado en una mesa o realizando un cuaderno de bitácora recogiendo todo lo que ha aprendido en el verano, la interrupción del saber no debería darse nunca. Tenemos que recordar porque queremos que aprenda y eso nos hará más fácil responder a las preguntas iniciales.

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