¿MUÑECAS PARA LAS SIMIAS Y COCHES PARA LOS SIMIOS?

Alvaro Sánchez, 15-10-2020

Parece ser que es lo que más les gusta. Así lo afirma el más importante primatólogo del mundo, el holandés Frans de Waal (1948), titular de la cátedra C. H. Candler de Psicología en la Universidad de Emory, en Atlanta (Geogia, EE.UU.). Corroborado en varios experimentos: si se entrega un muñeco de peluche a un chimpancé, no durará mucho entero. Acabará pronto desgarrado por el propio simio, quizá intrigado por lo que hay en su interior, o a tirones entre varios animales que se lo disputan en alguna clase de juego.

Pero si se hace entrega del peluche a una hembra, la cosa cambia por completo. La chimpancé acunará al muñeco, lo acicalará, lo cuidará y se resistirá a que se lo quiten, exhibiendo si hace falta buenas dosis de ferocidad.

¿Coches para los simios y muñecas para las simias? Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez
¿Coches para los simios y muñecas para las simias? Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

Cortesía de Animals DouDou Family

Nada demasiado raro, por otra parte. Se ha observado en simios en libertad que algunas hembras construyen con tallos y hojas algo semejante a una muñeca, con la que actúan pareciendo anticipar actuaciones maternales básicas.

 

Entonces, si se quiere hacer un regalo a un chimpancé macho y acertar al primer intento, ¿qué se recomienda? Sorprendentemente, algún tipo de vehículo garantiza el éxito. Porque les encanta el mecanismo de las ruedas, se pasan el rato haciéndolas girar. No a todos les gusta tanto, por supuesto; pero sí a la mayoría.

La cercanía genética, del orden del 98%,  de los géneros Homo y Pan, representados en el primer caso por Homo sapiens, los

humanos contemporáneos, y  por Pan troglodytes (chimpancés) y Pan paniscus (bonobos) en el segundo, resulta tan útil como inquietante a la hora de establecer paralelismos con sentido entre primates. ¿Compartimos todos algunas conductas como resultado de una herencia genética común? Si la respuesta a esta pregunta es positiva, ¿significa el compartir que en la plasmación de esas conductas resulta más determinante el componente genético que el adquirido?

Dar respuesta a éstas y muchas otras preguntas al respecto igualmente estimulantes pretende Frans de Waal en su última obra 'Diferentes. Lo que los primates nos enseñan sobre el género', recientemente editada en España por la editorial Tusquets.

¿Coches para los simios y muñecas para las simias? Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez
¿Coches para los simios y muñecas para las simias? Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

Pero lo biológico no invoca inexorablemente un destino manifiesto, no dicta lo que tenemos que hacer; al menos, con certeza, los humanos. Y tampoco los chimpancés y los bonobos, ya que si así fuera todos los individuos del mismo sexo actuarían igual en circunstancias semejantes, lo que no es el caso. Además, las tendencias de base biológica pueden ser modificadas por el aprendizaje; pero es que incluso lo son por diferencias también biológicas: las hormonas, a destacar  por ejemplo el papel diferenciador de la oxitocina, son esenciales.

 

Pero lo que es innegable es que existen diferencias entre los sexos en el comportamiento de los primates, humanos incluidos. Por ejemplo, en la utilización de la violencia,  más habitual entre los machos que entre las hembras.

Esto es una evidencia estadística. Y al revés, la capacidad de atención y cuidado de las crías está más desarrollada en las hembras.

Sin embargo, y precisamente en el tema de la violencia en el ámbito primate, la mayor diferencia no la observamos entre sexos, sino entre especies. Nuestros igualmente cercanos parientes, los chimpancés y los bonobos, no podían tener comportamientos más diferentes: mientras que los chimpancés constituyen un patriarcado violento, en el que el asesinato no es infrecuente incluso existiendo cooperación entre machos, los bonobos están instalados en un matriarcado que suele resolver mediante gratificantes y frecuentes contactos sexuales las fricciones sociales.

¿Coches para los simios y muñecas para las simias? Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez
¿Coches para los simios y muñecas para las simias? Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

Además, de todos contra todos, nunca mejor dicho, ya que la mayoría de ellos son claramente bisexuales y promiscuos, poco dados al conflicto y mucho al sexo.

Ambos comportamientos, el chimpancé y el bonobo, están de alguna manera recogidos en nuestra capacidad de elección en función de los contextos. Con la salvedad de que los hombres suelen establecer el vínculo masculino y la cooperación competitiva entre machos propia de los chimpancés, mientras que las mujeres establecen el vínculo femenino cooperativo solidario propio de las bonobas, que suelen ayudarse entre sí ante la presencia de un macho agresivo.

 

Construyendo relaciones sociales, en ambos casos.

¿ES LA TESTOSTERONA LA EXPLICACIÓN A LAS DIFERENCIAS POR SEXO?

Sí, para Carole Hooven, profesora del Departamento de Biología Evolutiva Humana de la Universidad de Harvard, como explica en su obra 'Testosterona', recientemente editada en España por Arpa. Al menos en gran parte en todo el reino animal; incluido, naturalmente, el ser humano.

Un fundamento biológico, la testosterona, cuya concentración en hombres y mujeres es muy distinta, diferencia los cuerpos y las actitudes de ambos ya a partir de las primeras semanas de la concepción. Y después del nacimiento, esas diferencias interactúan con el entorno y la la cultura, generando respuestas distintas. Por ejemplo, los bebés humanos masculinos son más activos en general que los femeninos, así que ambos pueden ser tratados de manera desigual desde los primeros días. 

¿Coches para los simios y muñecas para las simias? Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez
¿Coches para los simios y muñecas para las simias? Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

Esto no quiere decir que el comportamiento humano se explique sólo desde la genitalidad, sino que la presencia de testosterona en el cuerpo en la concentración masculina influye de manera determinante en la relación del ser masculino con el entorno: desde la pubertad es más grande, más rápido, más agresivo y más competitivo que el femenino. En términos generales, claro, porque existen mujeres agresivas y hombres apocados, pero son minoritarios.

Luego la cultura puede reforzar o compensar esas diferencias. Hay sociedades que fomentan que las mujeres se queden en casa cuidando a la prole, mientras que otras son más proclives a la colaboración parental y a la consiguiente salida de las mujeres del hogar.

Pero incluso en estos casos de colaboración parental el fundamento biológico hace acto de presencia. Se ha comprobado que en los hombres que participan en el cuidado de los niños pequeños con asiduidad se reduce el nivel de testosterona.

Y esto no es exclusivo de la especie humana. En los gorriones macho, que colaboran activamente con la hembra en la crianza de los polluelos, disminuye mucho durante este periodo la concentración de testosterona. Si estos niveles se aumentan artificialmente suministrándoles la hormona hasta alcanzar los niveles de otra época del año, los machos descuidan la crianza y se ponen a competir con otros machos continuamente. En este caso, lo normal es que las crías mueran.

¿Coches para los simios y muñecas para las simias? Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez
¿Coches para los simios y muñecas para las simias? Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

¿Sabías que...

… el cromosoma Y, característico del sexo masculino, contiene un gen, el SRY, que al expresarse convierte el primordio gonadal de un embrión en un par de testículos, mientras que su ausencia determina la aparición de un par de ovarios?

Son precisamente los testículos los mayores productores de testosterona en el hombre, aunque una pequeña cantidad es liberada también por las glándulas suprarrenales. Los ovarios y las glándulas suprarrenales de las mujeres también producen testosterona, aunque en mucha menor cantidad: alcanza una concentración unas veinte veces menor que en los hombres. Se ha comprobado que un aumento de la concentración de testosterona en la mujer incrementa su deseo sexual.