GENÉTICA Y ESQUIZOFRENIA: OPINAN LOS PSICÓLOGOS

Alvaro Sánchez, 25-6-2022

Recientemente ha sido noticia la publicación de nuevas y determinantes aportaciones a las investigaciones sobre el componente genético de la esquizofrenia. Nada menos que tres estudios independientes han conseguido identificar en diferentes genes mutaciones raras que incrementan consistentemente el riesgo de padecer la enfermedad. Además de identificar también un elevado número de regiones genómicas que correlacionan con la misma, aunque en menor medida.

Los estudios han sido presentados, en la revista Nature, por el Grupo de Trabajo en Esquizofrenia del Consorcio de Psiquiatría Genómica y por el Consorcio SCHEMA (MetaAnálisis de Secuenciación de Exomas en Esquizofrenia); y en la revista Nature Genetics, por BipEx (Bipolar Exome).

Genética y esquizofrenia: opinan los psicólogos. CentroPsi Maribel Gámez

Conviene destacar la seguridad estadística obtenida en los resultados, basada en el manejo de grandes números: han sido estudiadas en total casi medio millón de personas de diferentes procedencias geográficas y raciales, entre pacientes y controles, a lo largo de diez años, con la intervención de centenares de investigadores de todo el mundo, entre ellos de instituciones españolas como el Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental.

Los estudios

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El estudio del Grupo de Trabajo en Esquizofrenia del Consorcio de Psiquiatría Genómica, el mayor con diferencia realizado hasta la fecha sobre el tema, ha comparado el genoma de 76.755 personas con esquizofrenia con el de 243.649 controles. Tras analizar miles de variantes genéticas comunes, localizó 280 regiones genómicas asociadas a la enfermedad, con variantes cuya frecuencia es diferente en los dos grupos analizados. Se han identificado 120 genes, 106 de ellos codificantes de proteínas, como relacionados con la enfermedad. Entre estos genes los investigadores destacan GRIN2A, BCL11B, CACNA1C, RERE, FOXP1, MYT1L y SLC39A8. En general, las variantes identificadas en el estudio tienen un peso pequeño en el riesgo a la enfermedad.

Por contra, el trabajo dirigido por el Consorcio SCHEMA (MetaAnálisis de Secuenciación de Exomas en Esquizofrenia, por sus siglas en inglés), identifica variantes muy poco frecuentes pero que aumentan muy significativamente el riesgo de tener la enfermedad. Se secuenció el exoma completo de 24.248 personas con esquizofrenia y 97.322 controles. Aparte, el de 3.400 tríos compuestos por dos progenitores y un descendiente con esquizofrenia, en donde se localizaron nuevas variantes genéticas implicadas en el trastorno psíquico. El resultado de ambos planteamientos es la identificación de variantes en 10 genes que confieren un riesgo muy elevado al desarrollo de la esquizofrenia, multiplicándolo por un factor superior a 30. Finalmente, el estudio señala otros 32 genes potencialmente implicados.

Los genes destacados en el estudio son GRIN2A y GRIA3. Además, RB1CC1, HERC1, CUL1, SETD1A, XPO7, TRIO, SP4 y CACNA1G. Todos ellos tienen su mayor expresión en las neuronas del sistema nervioso central y entre sus funciones, como ocurría con el estudio del Consorcio de Psiquiatría Genómica anteriormente expuesto, se encuentra la organización y función de las sinapsis neuronales. Las variantes raras identificadas en estos genes prácticamente eliminan la función del gen, facilitando la identificación de los mecanismos implicados en el trastorno. Pero lo más interesante es que la función de algunos de estos genes puede ser regulable farmacológicamente, abriéndose así vías terapéuticas efectivas para la enfermedad.

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Por último, un artículo publicado en Nature Genetics (Palmer, D.S., Howrigan, D.P., Chapman, S.B. et al) comparó el genoma de 13.933 personas con trastorno bipolar y 14.422 controles y confirmó el carácter poligénico del trastorno. Pero además, al cruzar los datos con los obtenidos por el consorcio SCHEMA en relación con la esquizofrenia, se puso de manifiesto que la haploinsuficiencia (presencia de una copia funcional en vez de las dos habituales) del gen AKAP11 es un factor de riesgo elevado para la esquizofrenia, al igual que lo es para el trastorno bipolar.

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Las consecuencias

Los tres estudios dejan firmemente establecido que las variantes genéticas analizadas provocan graves disfunciones en la secuenciación de proteínas que afectan significativa y esencialmente a las sinapsis neuronales de las personas que padecen esquizofrenia. Estas variantes aparecen con una relevante diferencia de frecuencia en las personas que integran los grupos de control, que no han desarrollado la enfermedad. Los resultados de los estudios permiten ver cómo comienzan las anomalías o pérdidas sinápticas en la esquizofrenia, lo que proporciona vías adecuadas para diagnosticar y tratar a las personas de forma más temprana de lo que se hace ahora y de manera más eficaz, al generar el marco para identificar correctamente biomarcadores de este trastorno psiquiátrico y novedosas dianas de tratamiento.

Todo ello viene a reforzar la denominada tercera solución de consenso en el intenso debate sobre qué tipo de mutaciones genéticas determinan la aparición de la esquizofrenia: frente a las dos hipótesis opuestas que contemplan, respectivamente, que se trate de múltiples variantes comunes cada una con un efecto pequeño sobre la enfermedad o que se trate de variantes poco frecuentes que tienen un impacto elevado, la solución de consenso considera que tanto las variantes genéticas comunes como las poco frecuentes contribuyen a la génesis de la enfermedad.

Las opiniones de los psicólogos

A la vista de éstas y otras recientes aportaciones que fortalecen las posturas favorables al establecimiento como determinante de la infraestructura biológica frente a la superestructura psicosocial en la génesis de las enfermedades mentales, el Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez quiere contribuir a al debate formulando tres preguntas a dos psicólogos del Centro de Día de Alcalá de Henares Grupo Exter y a dos psicólogas del propio Centro Maribel Gámez. Ellos son Juan Fernández Blanco y Lorena Fernández Nespereira, Director y psicóloga colaboradora, respectivamente, del Centro de Día de Alcalá de Henares, y Maribel Gámez Cruz y Blanca de la Torre Fernández, Directora y psicóloga colaboradora, respectivamente, del Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez.

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Las preguntas son las siguientes:

1ª - ¿Qué aspecto de la noticia resaltarías o te parece más relevante destacar?

2ª - ¿Cómo crees que estos hallazgos modificarán el trabajo de los profesionales sanitarios que atienden a las personas que sufren esta problemática?

3ª - ¿Piensas que influirá en el estigma social asociado a la esquizofrenia los resultados de estas investigaciones?

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Juan Fernández Blanco, Director del Centro de Día de Alcalá de Henares

- La posibilidad de identificar qué genes están implicados en la esquizofrenia. Como se dice en el artículo, esto abriría la posibilidad de identificar biomarcadores. Si se lograse, es altamente probable que diera lugar a tratamientos más certeros y de alto impacto en la vida de las personas que padecen este trastorno. 

 

De todas formas, no hay que olvidar que ya se intentó desde el proyecto genoma. Los resultados fueron insuficientes por no decir que totalmente irrelevantes-. Su repercusión para el tratamiento, nula.

- Toda cautela es poca. Los estudios presentados en el artículo parecen defenestrar la hipótesis biopsicosocial, quizá la más aceptada por la comunidad científica y profesional. Hasta ahora no hay evidencias relevantes que avalen la hipótesis genética o biológica como causa central de la esquizofrenia. El tiempo nos dirá si estas investigaciones cambian la situación.

A día de hoy resulta muy difícil substraerse a los componentes psicosociales de esta patología. No olvidemos que existen estudios e investigaciones rigurosas que defienden hipótesis antagónicas. Algunos estudios epigenéticos, simplificando mucho, situarían los factores genéticos, o biológicos, más como efecto que como causa de esquizofrenia (véase, Pérez Álvarez, M. (2012). Esquizofrenia y cultura moderna: razones de la locura. Psicothema).

Estas investigaciones concluyen que los trastornos mentales son entidades de carácter histórico-social y no entidades naturales de base biológica. Esto qué quiere decir, que están más sujetos a las contingencias y avatares de la vida que a desequilibrios neuroquímicos, a alteraciones anatomofuncionales del cerebro, o a variantes genéticas.

 

- No mientras exista una actitud de rechazo al que es distinto, en este caso, por razones de patología mental.  Independientemente de los resultados de estas investigaciones si siguen presentes prejuicios, falsas creencias y valoraciones negativas hacia quienes sufren un trastorno mental grave, seguirá existiendo estigma social.

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Lorena Fernández Nespereira, psicóloga del Centro de Día de Alcalá de Henares

- La noticia recoge estudios muy interesantes sobre los nuevos hallazgos en relación al genoma en la esquizofrenia, alteraciones en las sinapsis neuronales, etc., y precisamente por mi desconocimiento al respecto, ya que no soy una experta en esta parte más biologicista sobre las psicosis, comento con cautela, que lo que más destacaría de estos hallazgos es la posibilidad de poder “tratar a las personas de forma más temprana”. Es decir, si como se comenta en la noticia, dentro de unos años, este abordaje más precoz es una realidad, podría ser que se desarrollasen nuevos fármacos que redujesen, principalmente, la virulencia de la sintomatología positiva o incluso, tal vez, ayudasen a prevenir su aparición.

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- Imagino, como ya he comentado, que estos hallazgos conllevarán el desarrollo de nuevos fármacos más eficaces y precisos sobre la sintomatología positiva, y con menos efectos secundarios. Sin embargo, no estoy segura de que el tratamiento rehabilitador dirigido hacia a la parte psico-social de la enfermedad, muy vinculada con la sintomatología más defectual, se vea modificado. Es decir, el tratamiento sobre la pérdida de habilidades que caracteriza a la sintomatología negativa, se hace, principalmente, a través de un trabajo psicosocial centrado en la recapacitación de estas habilidades, por tanto, a través de estrategias psicológicas de modificación de conducta, no tanto a través de fármacos que incidan en determinadas estructuras neuronales, p.e. Aunque, evidentemente, si se consiguen fármacos más eficaces sobre la sintomatología positiva, esto facilitará el trabajo rehabilitador.

3ª - Ojalá fuese así, pero a este respecto, mi opinión es algo menos alentadora. Creo que el estigma asociado a las personas que sufren una enfermedad mental no depende tanto de hallazgos científicos tremendamente válidos para el tratamiento farmacológico, como de los valores de la sociedad actual. En mi opinión, el estigma se combate visibilizando la enfermedad mental, desmontando todos los mitos y falacias de los que películas, series o medios de comunicación, se hacen eco y han ayudado a propagar.

Blanca de la Torre Fernández, psicóloga del Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

- Considero que es el comienzo de un camino aún muy largo por recorrer. Las variantes de alto riesgo son poco frecuentes y las de menos riesgo se asocian a múltiples genes. El avance en técnicas nuevas como la secuenciación masiva, que permitirá el análisis genético de una persona en concreto, y la posibilidad de poder hacer estudios con amplias muestras de población, permitirá en un futuro identificar las complejas vías moleculares de forma individual, para poder realizar un diagnóstico temprano y una terapia a la carta.

 

- A los profesionales sanitarios que atienden a personas que padecen esta enfermedad todavía no les va a permitir modificar su trabajo, porque al no tener identificada hasta el momento una vía genética que identifique la predisposición, no se puede llevar a cabo el diseño de tratamientos que puedan subsanar el problema.

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En un futuro que todavía no vamos a ver, los profesionales de la salud mental podrán llevar a cabo diagnósticos más certeros y tratamientos totalmente individualizados.

- Al ser el estigma social una percepción subjetiva, el mayor conocimiento de la enfermedad y sus causas modificará aquello que desgraciadamente se asocia todavía a las personas que padecen esquizofrenia, se les identifica en muchas ocasiones como personas peligrosas e inadaptadas en todos los ámbitos. Sin embargo, sabiendo que en un futuro se podrían llevar a cabo tratamientos que permitan tratar con mayor eficacia este trastorno, podría disminuir el miedo y el rechazo generalizado que existe hacia él.

 

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- Lo más interesante de la noticia es ver que la ciencia nunca ceja en su empeño de entender los fenómenos a nivel biológico. Sin ella estaríamos a oscuras. En este caso, ayudando a la comprensión de algo tan complejo como es la enfermedad mental. Gracias a esta labor se entiende cada vez mejor qué ocurre a nivel neuronal en el cerebro de las personas con esquizofrenia y, como consecuencia,  estos hallazgos abren la posibilidad de encontrar fármacos más precisos, con menos efectos secundarios, para tratar sus síntomas cuando estos aparecen. Pero no solo pueden servir cuando hacen acto de aparición,  ¿por qué no investigar la posibilidad de desarrollar tratamientos de carácter preventivo, no solo reactivo, que puedan, junto a la enseñanza de factores de protección comportamental, disminuir drásticamente la posibilidad de que personas de alto riesgo la desarrollen antes de su posible aparición? 

Maribel Gámez Cruz, Directora del Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

Juntas, la medicina y la psicología, pueden ayudar mucho a estas personas, que sufren un problema donde se entrelaza lo bio-psico-social. Estas partes están en relación en la génesis de la esquizofrenia donde el papel biológico es importante pero no el único. Lo psicológico y lo social también deben ser entendidos en profundidad tanto en el origen como en el desarrollo y tratamiento de la enfermedad.

- Gracias a estos hallazgos los profesionales sanitarios podrán acceder a una explicación más clara y amplia de lo que ocurre en el cerebro de una persona que sufre esquizofrenia. Saber qué procesos biológicos intervienen en la manifestación de sus síntomas, ayuda a enfocar mejor el tratamiento psicológico. Esta información aumenta el poder explicativo del problema y su comprensión y, por tanto, se gana en seguridad a la hora de realizar intervenciones por parte del profesional. También se les podrá proporcionar a las familias y amigos de los afectados una explicación mejor construida del problema ayudándoles a entender qué les ocurre a sus seres queridos, el motivo por el que actúan así.

Las familias son parte clave del proceso de recuperación de estas personas y cuanto mejor entiendan a lo que se enfrentan, más adherencia habrá al tratamiento y más posibilidades de volver a la vida, que se ha paralizado por la enfermedad, tendrá la persona afectada.

 

- Es difícil que información de índole técnica como esta llegue a las personas que nunca han tenido contacto con el problema y, menos aún, que sea comprendida como para cambiar la percepción sobre la enfermedad mental.  Además, creo que el estigma social que sufren estas personas se combate de otra manera: desmontando ideas preconcebidas y mitos sobre la esquizofrenia. Haciendo ver a la sociedad, de manera práctica y experiencial, cómo son y cómo se sienten realmente estas personas, no tanto con información médica especializada.

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Es decir, aunque la sociedad tuviese contacto con estas investigaciones no creo que esto provocase un cambio en su actitud. Por lo tanto, por sí sola, no creo que sirva para ese fin. Eso sí, hacer comprensible al gran público las últimas investigaciones científicas pero también la realidad psicológica y cotidiana de los enfermos mentales sí puede cambiar el estigma a ellas asociado.