Transgénero: los niños y la identidad sexual

Maribel Gámez, 22-9-2021

¿Qué significa ser transgénero?

Lo transgénero es un tema presente, en el centro de atención de los medios de comunicación. Los periódicos recogen, con diversidad de opiniones, la última de las polémicas tras este intrincado laberinto que es la identidad sexual o de género. El libro publicado recientemente por Abigail Shrier ha incendiado las redes con opiniones a favor y en contra de lo que ella califica como una moda peligrosa para, sobre todo, las niñas. Una moda que las confunde y las hace desear cambiar radicalmente su cuerpo al otro sexo, no por motivos de incomodidad y falta de identidad sobre él, sino porque proclamarse “trans” va aparejado a una posiciones de mayor popularidad y focalización social. Algo muy atractivo para niños y jóvenes en un mundo tremendamente absorbido por la opinión que las redes sociales tienen sobre el individuo y lo que hace y dice que es.

Todo lo que suscita una gran atención social tiene su repercusión a menor escala. Las consultas de padres a los que atiendo preocupados por la identidad de género de sus hijos han ido en aumento.

Pero, ¿qué significa ser transgénero? ¿Una persona nace o se hace transgénero? ¿Es posible influir de tal manera en alguien hasta el punto que no se identifique con su cuerpo?

Hombres y mujeres nacemos diferentes. Nuestros cromosomas y los diferentes tipos y cantidades de hormonas que poseemos, según el sexo con el que nacemos, (sexo genético o cromosómico) hace que nuestro cuerpo se defina como de hombre o mujer.

Esos genes se expresan en órganos concretos, lo que llamamos sexo anatómico. Las trompas de Falopio, el clítoris, la próstata o el pene son ejemplos de ello. Casi todas las parejas sienten mucha ilusión en el tercer mes de embarazo porque, en ese momento, ya se sabrá el sexo del bebé con el que la sociedad le designará, en una de las dos categorías.

Sobre los 2 o 3 años los niños ya saben qué etiqueta de género les corresponde, es decir, saben si son niños o niñas. A los 5 o 6 años los pequeños consideran que el género está relacionado con atributos externos como la ropa o los caracteres sexuales secundarios, como la barba. Solo es a los 6 o 7 años de edad que un niño entiende que ser hombre o mujer no es algo que cambia según la ropa que uno se ponga, sino que permaneces estable independientemente de atributos externos.

La identidad sexual, considerarse a uno mismo hombre o mujer, se cristaliza en una conjunción de aspectos biológicos y aprendidos. No nacemos ya sintiendo afinidad o rechazo hacia el cuerpo, como no nacemos teniendo una orientación sexual (elección de pareja sexual del mismo u otro sexo) ya determinada. Aprendemos a hacerlo, junto con la influencia de la biología y la interacción con los demás, como aprendemos muchas cosas cuando somos pequeños. Cometer el error de pensar que ya estamos predeterminados en este sentido puede generar nerviosismo en algunos padres y dudas ante algunos comportamientos en los niños.

Cuando lo que ocurre es que el niño está en un proceso constante de construcción de la identidad sexual o de género.

 

Que los niños quieran jugar con muñecas, vestirse de princesas o maquillarse. Que las niñas no quieran ponerse faldas o prefieran llevar el pelo corto a una edad temprana son comportamientos que muchos padres observan con preocupación. Con la idea de que pueda haber un problema de identidad subyacente.

 

Sin embargo, esas conductas no tienen por qué indicar que el niño se identifique más con el otro sexo que con el suyo propio. Tenemos que mirar esos comportamientos sabiendo que a los niños les gusta experimentar, realizar juegos “cruzados” de roles de género y que ese comportamiento forma parte del desarrollo normal de un niño.

Explicación de los términos (I)

Sexo genético: hombres y mujeres tienen diferente dotación cromosómica. Existen dos tipos: masculina (XY) y femenina (XX)

Sexo hormonal: ambos sexos tienen diferentes tipos y cantidades de hormonas. Como la progesterona, que esta ausente en los hombres, o la testosterona que poseen ambos pero en baja cantidad en mujeres

Sexo anatómico: hace referencia a los órganos sexuales masculinos y femeninos

No hay que sobreinterpretar conductas

La forma en la que los adultos se relacionan con esos comportamientos infantiles puede provocar aprendizajes que no obedecen a la realidad de lo que el niño siente. Hay madres  preocupadas porque a su hijo le guste maquillarse y se divierta, después del colegio, jugando con sus “pinturas”. Que se ilusione con los colores y las telas de los vestidos de las niñas en comparación con la de los niños, normalmente con estampados más apagados, causa conmoción. Que quieran casarse vestidos de novia o hacer la comunión con un vestido más propio de niña que de niño puede empezar a levantar miedos y dudas.

Ante estos comportamientos algunos padres entran en pánico y no saben qué hacer. Algunos de ellos preguntan a los niños sobre el motivo de sus inclinaciones de juego y, al no saber éstos expresar con precisión sus emociones, muchos padres terminan por sobreinterpretar la conducta de los niños yendo más allá de lo que estos pueden expresar. La ansiedad que les provoca la incertidumbre de no saber qué está ocurriendo con sus hijos les hace preguntarles directamente “¿Sientes que eres una niña?” y viceversa. O formulaciones similares que tienen como objetivo saber si es eso lo que está ocurriendo con ellos.

 

Los niños, muchos de ellos, no están en un proceso de cuestionamiento de su identidad de género aunque pidan jugar o experimentar con objetos que, culturalmente, son más propios que utilice el otro sexo.

Muchos niños y niñas disfrutan jugando, vistiéndose y realizando comportamientos que la sociedad asigna más al sexo contrario porque, simplemente, les puede resultar más atractivo. Empezar a darles el mensaje de que probablemente lo que les ocurra es que quieran ser del sexo opuesto, cuando lo único que hacen es experimentar, es adentrarles, a muy temprana edad, en un mundo de etiquetas en el que no se saben manejar sino es a través de la opinión de sus padres. Puede empezar ahí una construcción de lo que son y cómo se sienten que se focaliza alrededor de “lo que son” en vez de acompañarles en lo que les gustan y sienten sin dar saltos lógicos innecesarios que pueden confundirles.

Mi experiencia es que dejándoles experimentar, no dándole demasiada importancia a con qué lo hacen, suele conllevar que, tras agotar su interés por algo, cambien su foco a otra cosa que no tiene por qué llamar la atención en ese sentido. Sin embargo, si le damos a esas experiencias un protagonismo excesivo y sobreinterpretamos sus intenciones es fácil que se identifiquen con algo que realmente no sienten que son.  

Otro asunto es a quién elegirá en el futuro como compañero sexual ya en la etapa adolescente. Que es un tema que también preocupa a los padres. La elección de pareja sexual se puede representar en un espectro que va desde la atracción puramente heterosexual o puramente homosexual a una escala dónde cualquier combinación es posible y potencialmente satisfactoria.

La prevalencia (proporción de individuos de un grupo o una población que presentan una característica o evento determinado) de las personas transgénero es difícil de determinar ya que los criterios que se utilizan para contabilizarlos no están unificados. La mayoría de los estudios cuentan como transgénero a las personas que han solicitado someterse a cambios físicos para parecerse al otro sexo. Un estudio realizado en la Comunidad Autónoma de Madrid arroja cifras en el sentido de que, entre los años 2007 y 2015, 0,02% de los madrileños acudieron a la Unidad de Identidad del Hospital Ramón y Cajal de Madrid . (Prevalence, Incidence, and Sex Ratio of Transsexualism in the Autonomous Region of Madrid (Spain), publicado en la revista académica Archives of Sexual Behavior).

Explicación de los términos (y II)

Sexo asignado: es la etiqueta sexual con la que se asigna a una persona desde el nacimiento

Orientación sexual: tendencias a tener relaciones sexuales con el mimo sexo o con el sexo contrario

Roles sexuales o de género: papeles que hombres y mujeres efectúan en la vida social (médico, azafata)

Identidad sexual o de género: la creencia de considerarse a uno mismo hombre o mujer

Estas cifras no sustentan la idea de que esto sea un problema que afecte a un número significativo de la población, pero lo que sí es cierto es que los casos van en aumento producto de, por lo menos en parte, una mala forma de entender ciertos comportamientos en los niños.

 

Como apunta Abigail en su libro, es fácil direccionar a un niño que tiene estos comportamientos para que interiorice una interpretación de ellos que cuestione su identidad de género. Hay que ser muy cuidadoso con cómo se manejan esas situaciones para no confundirles. Hay que guiarles, dándoles libertad para probar muchas cosas, en un ambiente controlado, e ir observando su desarrollo posterior. Ya que es muy probable, por las estadísticas que se manejan que la disforia de género, que la ansiedad que se genera ente la identificación con un cuerpo diferente al que se tiene sea un problema que se dé en una ínfima parte de la población infantil.

Fragmento de la entrevista a Abigail Shrier en Le Figaro

Eugénie Bastié - En su libro, Un daño irreversible, habla del "contagio social" que se produce entre las jóvenes adolescentes que deciden iniciar la transición de identidad sexual. ¿Qué quiere decir con esto? ¿Por qué utilizar el término "contagio social"?

Abigail Shrier - El fenómeno de contagio social hace referencia a un tipo de influencia ejercida específicamente por semejantes que animan a emular un determinado comportamiento. En el caso de la disforia de género, los influencers en línea juegan un gran papel en la propagación de sentimientos de incomodidad con el propio cuerpo y en el fomento de ideas en el sentido de que cualquier síntoma de no ser perfectamente femenina significa que una chica es probablemente transgénero. Los amigos también desempeñan un papel importante en la difusión y el fomento de este sentimiento: tanto la propensión a identificarse como transgénero como la incitación a buscar tratamientos hormonales o cirugía de cambio de sexo.

Entrevista de Eugénie Bastié a Abigail Shrier, publicada en Le Figaro el 15-12-2020. Traducción de A. Sánchez.

Abigail Shrier, Un daño irreversible
Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

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