• Maribel Gámez

CUANDO EL ROBOT TE MANTIENE LA MIRADA


Dicen que en un futuro tendremos que relacionarnos asiduamente con ellos. Que nos vayamos acostumbrando. Los robots serán parte de nuestro día a día pero, ¿cómo será la interacción humano-robot? Para responder, por lo menos en parte, a esta pregunta el Instituto Italiano de Tecnología ha llevado a cabo un estudio, ya publicado en la revista Science Robotic, que recoge información sobre cuándo y en qué condiciones las personas tratamos a los robots como seres con intenciones. Los resultados arrojaron que los humanos tardamos más en responder a una tarea cuando un robot nos está dirigiendo su mirada, en comparación a cuando no lo hace. Los robots están diseñados para intentar imitar, tanto en apariencia como en comportamiento a los seres humanos, por lo tanto es lógico que interaccionemos con ellos como si fueran agentes sociales, con la cautela de quien tiene delante a alguien con "un plan". Es un ejercicio de autopreservacion intentar conocer qué tiene en "mente" el que tenemos delante para, así, conocer de qué manera esas intenciones nos afectarán a nosotros. En el caso de la interacción con un robot provoca que consumamos más recursos cognitivos aumentando el tiempo de reacción ante una tarea ya que, de momento, sus "intenciones" son poco predecibles para los humanos. Os dejamos el enlace al artículo que, a su vez, contiene otro a la investigación original. (Maribel Gámez)


Cuando el robot te mantiene la mirada


La mirada es una señal extremadamente poderosa e importante durante la comunicación e interacción humano-humano, que transmite intenciones e informa sobre las decisiones de los demás. Pero, ¿qué sucede cuando un robot y un humano interactúan cara a cara y se miran a los ojos? Un grupo de investigadores del Instituto Italiano de Tecnología (ITT) han realizado una serie de experimentos para comprobar si la mirada de un robot humanoide influye en la forma en que las personas razonan en un contexto social de toma de decisiones.


Y lo que han visto es que una mirada mutua con un robot afecta la actividad neuronal humana, influyendo en los procesos de toma de decisiones. En concreto, la mirada de un robot lleva a los humanos a percibirla como una señal social y hacen que la persona retrase sus decisiones. Estos hallazgos tienen fuertes implicaciones para contextos donde los humanoides pueden encontrar aplicaciones como compañeros de trabajo, apoyo clínico o asistentes domésticos.


El estudio, publicado hoy en la revista Science Robotics, ha sido concebido en el marco de un proyecto global llamado “InStance" en el que se aborda la cuestión de cuándo y en qué condiciones las personas tratan a los robots como seres intencionales. Es decir, si, para explicar e interpretar el comportamiento del robot, las personas se refieren a estados mentales como creencias o deseos.


Miradas con intención


En la mayoría de las situaciones de la vida cotidiana, el cerebro humano necesita participar no solo en la toma de decisiones, sino también en anticipar y predecir el comportamiento de los demás. En tales contextos, la mirada puede ser muy informativa sobre las intenciones, los objetivos y las próximas decisiones de los demás. Los seres humanos prestan atención a los ojos de los demás y el cerebro reacciona de forma contundente cuando alguien los mira o dirige la mirada hacia un determinado evento o lugar del entorno. Los autores del estudio investigaron este tipo de interacción con un robot.


“Los robots estarán cada vez más presentes en nuestra vida cotidiana”, asegura la investigadora Agnieszka Wykowska, autora principal del artículo. “Por eso es importante comprender no solo los aspectos tecnológicos del diseño de robots, sino también el lado humano de la interacción humano-robot. Específicamente, es importante comprender cómo el cerebro humano procesa las señales de comportamiento transmitidas por los robots”.


Robots que condicionan


Para el estudio que se publica este miércoles, Wykowska y su grupo de investigación, pidieron a un grupo de 40 participantes que jugaran a un juego estratégico con el robot iCub mientras medían el comportamiento y la actividad neuronal de los participantes, esta última mediante electroencefalografía (EEG). El juego era de tipo estratégico y en él se representaba una situación en la que dos conductores de autos simulados se mueven uno hacia el otro en un curso de colisión y el resultado depende de si los jugadores ceden o siguen recto.


Los investigadores encontraron que los participantes respondieron más lentamente cuando iCub estableció una mirada mutua durante la toma de decisiones, en comparación con la mirada desviada. Las respuestas tardías pueden sugerir que la mirada mutua implicaba un mayor esfuerzo cognitivo, por ejemplo, al provocar más razonamientos sobre las elecciones de iCub o un mayor grado de supresión del estímulo de la mirada potencialmente distractora, que era irrelevante para la tarea.


Jugar al póquer con un robot


“Piense en jugar al póquer con un robot”, asegura Wykowska. “Si el robot te mira durante el momento en que necesitas tomar una decisión sobre el próximo movimiento, tendrás más dificultades para tomar una decisión, en comparación con una situación en la que el robot mira hacia otro lado. Su cerebro también necesitará emplear procesos laboriosos y costosos para tratar de “ignorar” esa mirada del robot”, añade.


Estos resultados sugieren que la mirada del robot "secuestra" los mecanismos “socio-cognitivos" del cerebro humano, haciendo que el cerebro responda al robot como si fuera un agente social. En este sentido, “ser social” para un robot no siempre puede ser beneficioso para los humanos, interfiriendo con su desempeño y velocidad en la toma de decisiones, incluso si su interacción recíproca es agradable y atractiva.


Wykowska y su grupo de investigación esperan que estos hallazgos ayuden a los especialistas en robótica a diseñar robots que exhiban el comportamiento más apropiado para un contexto de aplicación específico. Los humanoides con comportamientos sociales pueden ser útiles para ayudar en el cuidado de los ancianos o el cuidado de niños, como en el caso del robot iCub, que forma parte de una terapia experimental en el tratamiento del autismo. Por otro lado, cuando se necesita concentrarse en la tarea, como en la configuración de fábrica o en el control del tráfico aéreo, la presencia de un robot con señales sociales puede distraer.


(Texto e imágenes cortesía de Voz Pópuli e ITT, en https://www.vozpopuli.com/next/robot-mirada-humano.html. Artículo original: “Mutual gaze with a robot affects human neural activity and delays decision-making processes”. En https://www.science.org/doi/10.1126/scirobotics.abc5044)

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