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¿GORDITOS FELICES? HUMM…GORDITOS FELICES, VAYA… ¡GORDITOS FELICES, SÍ!


¿Gorditos felices? Hummmm…gorditos felices, vaya… ¡Gorditos felices, sí! Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

El pasado 15 de mayo The American Journal of Psychiatry  publicó un llamativo estudio de un colectivo de investigadores liderado por Douglas Ruderfer, profesor asociado en los Departamentos de Medicina, Informática Biomédica y Psiquiatría del Centro Médico de la Universidad de Vanderbilt, Tennessee, y Roy Perlis, profesor de Psiquiatría de la Escuela Médica de Harvard y del Hospital General de Massachusetts.

 

Se trata de Genome-Wide Association Study of Treatment-Resistant Depression: Shared Biology With Metabolic Traits, que pone de manifiesto que la heredabilidad de la depresión resistente al tratamiento (TRD) tiene una superposición genética significativa con la esquizofrenia, el trastorno por déficit de atención, los rasgos cognitivos, el alcohol, el tabaquismo y el índice de masa corporal (IMC), lo que sugiere una base biológica común y, potencialmente, abre paso a nuevas vías de tratamiento. 


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Hay que tener en cuenta que casi 2 de cada 10 personas en Estados Unidos experimentan depresión grave y aproximadamente un tercio de ellas no responde a los tratamientos y terapias antidepresivos. Además, la depresión resistente al tratamiento se asocia con un riesgo significativamente mayor de suicidio.

 

En el estudio se utilizaron los datos genéticos de más de 154.000 personas, procedentes de diversos bancos de datos clínicos, para identificar genes agrupados en dos ubicaciones en diferentes cromosomas que correlacionaban significativamente con la probabilidad de padecer depresión resistente al tratamiento. Curiosamente, la primera ubicación se superpuso con otra ubicación cromosómica ya conocida asociada con el índice de masa corporal.

 

La relación ECT-IMC fue inversa: los pacientes con menor peso corporal tendían a tener un mayor riesgo de resistencia al tratamiento.


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Este hallazgo está respaldado por estudios anteriores que encontraron que los pacientes con anorexia nerviosa, un trastorno alimentario caracterizado por un peso corporal extremadamente bajo, tienen más probabilidades que aquellos con un índice de masa corporal más alto de ser resistentes al tratamiento de la depresión.

 

Y, también curiosamente, la otra ubicación asociada con la depresión resistente al tratamiento apunta a un gen altamente expresado en regiones del cerebro que regulan el peso corporal y el apetito. Recientemente este gen también ha sido implicado en el trastorno bipolar, una enfermedad psiquiátrica importante.

 

La confirmación del vínculo entre el marcador ECT para TRD y las complejas vías metabólicas que subyacen a la ingesta de alimentos, el mantenimiento del peso corporal y el equilibrio energético, podría abrir la puerta a tratamientos nuevos y más eficaces para el tratamiento del trastorno depresivo mayor, en opinión de los investigadores.


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Gorditos felices, pero con control.

 

Aviso importante: los colaboradores del Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez, y por supuesto, también Alvaro Sánchez, editor del Blog y autor de estas líneas, somos perfectamente conscientes de que la obesidad es un significativo factor de riesgo para numerosas enfermedades, para la limitación de las expectativas de calidad de vida y de la mortalidad. Está más que comprobada la relación entre el hambre y el mantenimiento de la longitud de los telómeros celulares, lo que a su vez está en relación directa con el envejecimiento celular y la prolongación de la vida. Sabemos que los saciados nutriciamente viven menos y peor… en un sentido.

 

Porque también somos muy conscientes de que saciar el apetito es fuente de felicidad y factor evolutivo de supervivencia. Como lo es saciar otros apetitos. Vamos, que quienes a lo largo de los siglos normalizaron acostarse con hambre porque las condiciones de vida eran durísimas y la mayoría de los días no había suficiente para comer, estaban muy jodidos: vivieron jodidos y jodidos murieron; no disfrutaron en absoluto de largas, provechosas y felices vidas.


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Por eso necesitaban desesperadamente creer en otra vida, en la que se saciarían de la felicidad que no tenían en esta.

 

Otra cosa es que en la actualidad numerosas personas busquen un satisfactorio equilibrio entre la carencia y la suficiencia nutricia porque el desarrollo social y el suyo individual lo permita, compensándose además con otras satisfacciones vitales en otros ámbitos que exceden el de la supervivencia. Eres gourmet con aceptable figura y sonrisas si lo puedes pagar y además haces ejercicio. Si no, sonreirás, pero con sobrepeso, sobrepeso que puede ser simplemente grave o directamente mórbido. No es casualidad que la obesidad esté en relación inversa con el nivel económico y cultural. Sí, hay excepciones; pero no son estadística ni socialmente significativas.

 

Y si a lo anterior añadimos que los colaboradores del Blog tenemos una tendencia restringida a hacer uso del sentido del humor, humor que sólo nos permitimos sacar a la luz en ocasiones especiales, pues hay que reconocer que nos hemos lanzado a titular la entrada del Blog de hoy con un alegato en forma:


¿Gorditos felices? Hummmm…gorditos felices, vaya… ¡Gorditos felices, sí! Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

¡Sí, gorditos felices! ¿Qué pasa? Sin depresiones. O con las mínimas...

 

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18 Comments


Maribel Gámez
Maribel Gámez
hace 14 horas

Totalmente de acuerdo, Javier. Gracias por la reflexión. Un abrazo.

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palomaceramista
palomaceramista
hace 21 horas

O sea, que hay que vigilar más a las anoréxicas que a las obesas. Muy importante esto.

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mayabohorquez
hace un día

A mí me parece evidente que ni un ligero sobrepeso ni un ligero infrapeso influyen mucho en este asunto. El problema está en los extremos, claro, y ahí sí que es cierto que hay más alegría en la vida de una obesa incluso mórbida que en una anoréxica.

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tinalosmozos
tinalosmozos
hace 2 días

Es un círculo vicioso. Como estás deprimido, no puedes ser feliz. Como no puedes ser feliz estás deprimido. Hay que hacer lo que sea para romperlo. Lo más sensato, recurrir a un psicoterapeuta.

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Maribel Gámez
Maribel Gámez
hace 14 horas
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Estamos para eso, para romper círculos viciosos, es decir, hábitos que generan dolor e infelicidad.

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arterritorynet
hace 3 días

⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️

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