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DUELO INTERRUMPIDO: LA HUELLA PSICOLÓGICA DE LAS CATÁSTROFES

Foto del escritor: Alvaro Sánchez
Alvaro Sánchez
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10 min de lectura

Alvaro Sánchez y Psiké 5.0


Catástrofes que no son fatalidades


Duelo interrumpido: la huella psicológica de las catástrofes. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

Cuando un terremoto arrasa una ciudad, la mente humana encuentra, si no consuelo, al menos un marco. Se trata de la fuerza ciega de la naturaleza, del azar geológico, de lo que ningún ingeniero podía impedir. Pero cuando dos trenes de alta velocidad colisionan en Urda, con sesenta y nueve fallecidos hasta el momento y un número indeterminado de desaparecidos, o cuando otro convoy se estrella en Adamuz y deja cuarenta y seis personas muertas, el marco se rompe. Y se rompe de una manera clínicamente decisiva.


Un accidente ferroviario no es un suceso natural. Es el punto final de una cadena de decisiones humanas: presupuesto, mantenimiento, señalización, sustitución de sistemas obsoletos que se aplazan año tras año. La DANA levantina de octubre de 2024 comparte esta estructura, aunque su envoltorio meteorológico invite a pensar lo contrario. Ciertamente llovió como nunca; pero los cauces no se limpiaron, la ribera se edificó donde no debía y, transcurridos dos años, no se ha acometido una sola obra significativa de reconducción de los cauces afectados.


Duelo interrumpido: la huella psicológica de las catástrofes. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

El apagón de abril de 2025, que dejó a toda España a oscuras, completó el tríptico. En los tres casos, el ciudadano hizo lo que se supone que debe hacer un ciudadano responsable: pagar sus impuestos, confiar en que el Estado ejerza sus funciones de protección y asumir que si algo está declarado obsoleto, como el sistema de seguridad ferroviario LZB, será reemplazado a tiempo. Ese sistema debía haber sido sustituido en enero de este año por otro más moderno. No lo fue y el 28 de octubre dos convoyes de Renfe e Iryo colisionaron cerca de la estación de Urda, en la línea Madrid-Andalucía.


Para la psicología cognitivo-conductual este detalle no es accesorio: es el núcleo del problema. Las investigaciones sobre victimología, rama de la criminología, diferencian desde hace décadas entre el daño causado por eventos imprevisibles y el causado por negligencia evitable. El segundo produce, además del trauma, algo específico y corrosivo: la sensación de traición institucional. Y la traición, a diferencia del azar, exige un responsable. Un responsable real, creíble y justificado documental y técnicamente, no un chivo expiatorio de bajo nivel que queda a mano de los auténticos responsables y tras el que se protegen.


Duelo interrumpido: la huella psicológica de las catástrofes. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

Las víctimas que sobrevivieron: heridas que no se ven


Empecemos por los supervivientes. Se calcula que los accidentes de Urda y Adamuz han dejado, además de los fallecidos, miles de personas afectadas en distinta medida: desde politraumatismos graves hasta fracturas, contusiones y la exposición persistente al acúfeno traumático. A ellos hay que sumar los heridos de la DANA, las personas rescatadas de azoteas y vehículos arrastrados por el agua, y quienes pasaron horas atrapadas durante el apagón en ascensores, trenes parados o quirófanos a la luz de linternas.


El cuadro clínico dominante es el trastorno por estrés postraumático (TEPT) y sus variantes. Las víctimas reexperimentan el impacto en forma de intrusioness: el golpe seco del metal, el silencio de los segundos previos, los gritos en la oscuridad del túnel o del vagón volcado. La activación fisiológica se dispara ante estímulos que otros considerarían triviales: el aviso sonoro de cierre de puertas, un frenazo brusco de autobús, la sirena de una ambulancia, el ruido del agua corriendo por una calle en pendiente. La conducta de evitación se instala y se generaliza: se dejan de tomar trenes, se rehúye la travesía de un puente, se mira el cielo con aprensión antes de salir de casa.


Duelo interrumpido: la huella psicológica de las catástrofes. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

A esto se añade lo que la literatura clínica llama comorbilidad: trastornos del sueño, ansiedad generalizada, sintomatología depresiva y, en un porcentaje nada desdeñable, consumo problemático de alcohol o benzodiacepinas que comienza siendo una ayuda y acaba siendo una jaula. Las víctimas con heridas físicas graves enfrentan además el duelo por el cuerpo perdido: la pierna que ya no responde, el brazo con el que ya no se puede cargar a un hijo, la cicatriz que cada mañana recuerda lo ocurrido antes de que la víctima haya siquiera terminado de abrir los ojos.


Hay un elemento, sin embargo, que distingue a estas víctimas de las de otras catástrofes, y que agrava sistemáticamente su pronóstico: la pérdida de bienes materiales sin responsabilidad adjudicada. Quien perdió su vivienda en la DANA —el vehículo, el negocio, los enseres de toda una vida— no solo ha perdido objetos. Ha perdido la evidencia biográfica de su existencia. Y se encuentra con que la palabra técnica que designa su situación es "sin Resolver". La peritación se demora, la ayuda pública se anuncia grandilocuentemente y llega en gotas, y el responsable, sea la administración que no limpió el cauce o la constructora que edificó donde el agua tenía que pasar, permanece innominado.


Duelo interrumpido: la huella psicológica de las catástrofes. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

La psicología del aprendizaje tiene aquí mucho que decir. Cuando el organismo aprende que sus acciones no modifican el resultado, cae en lo que Seligman describió como indefensión aprendida. Pero hay una variante institucional de ese fenómeno, menos descrita y más devastadora: la que ocurre cuando el ciudadano comprueba que ni siquiera sus instituciones, supuestamente diseñadas para protegerlo, modifican el resultado. Las víctimas de la DANA que ven pasar los meses sin obras en los cauces no están solo sufriendo daño material: están recibiendo una lección práctica de que el entorno es incontrolable y que nadie responderá por ello. Esa lección se traduce en pasividad, cinismo preventivo y una erosión silenciosa de la salud mental colectiva.


Las familias de los fallecidos: un duelo congelado


Si el cuadro de los supervivientes es grave, el de los familiares de los fallecidos lo es tanto o en algunos casos más, porque añade al trauma la pérdida y a la pérdida una imposibilidad: la de cerrar el proceso.


Duelo interrumpido: la huella psicológica de las catástrofes. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

El duelo normal es un trabajo psicológico activo. La mente debe aceptar la realidad de la pérdida, procesar el dolor, reorganizar el mundo para incorporar la ausencia y reanudar la vida manteniendo un vínculo interno con el fallecido cada vez más sutil y menos doloroso. Ese trabajo requiere condiciones mínimas, y una de las más importantes es la existencia de una narrativa. Los humanos no superamos pérdidas: las integramos en una historia que permita darles sentido. Sin narrativa, no hay integración; hay rumiación.


Ahora bien: ¿cómo construye una narrativa la viuda de Adamuz cuando a estas alturas se ignora quién o quiénes son los responsables? Tiene un cadáver, tiene un título de transporte y tiene un silencio administrativo. La comisión de investigación se prolonga, las empresas implicadas se limitan a "recabar información", los partidos se acusan mutuamente en plena campaña electoral y la solución técnica sustituta del sistema LZB no llega. Cada mes que pasa sin un veredicto es un mes en que el duelo queda congelado en la fase más dolorosa: la de la búsqueda de sentido.


Duelo interrumpido: la huella psicológica de las catástrofes. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

La clínica del duelo complicado lo describe con precisión. Aparece una rumiación obsesiva sobre las circunstancias de la muerte: ¿Sufrió? ¿Fue inmediato? ¿Pudo evitarse?, que no encuentra respuesta tranquilizadora. La ira, que en un duelo normal se atenúa y redirige, carece aquí de objeto claro y por eso rebota: contra la compañía ferroviaria, contra el gobierno, contra el vecino que sigue subiendo tranquilamente al AVE, contra uno mismo por haberle dicho "Vete en tren, es más seguro". El familiar desarrolla hipervigilancia respecto a la información: revisa las noticias compulsivamente, asiste a ruedas de prensa, interpela en redes sociales, porque la única forma de tolerar la incertidumbre es convertirla en búsqueda.


Es importante decirlo sin eufemismos: la irresolución penal y política de estas catástrofes está fabricando duelos complicados de manera casi industrial. Los estudios disponibles sobre duelo tras muertes violentas y evitables muestran tasas de duelo prolongado muy superiores a las de muertes naturales, y el factor más asociado a esa cronificación no es la espectacularidad del evento, sino la percepción de que no se ha hecho justicia.


Duelo interrumpido: la huella psicológica de las catástrofes. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

La justicia no devuelve a los muertos, pero sí permite que los vivos pongan la historia en una caja y la coloquen en un estante. Su ausencia deja la historia en el suelo, abierta, pisoteada todos los días.


Y hay un daño añadido, apenas visible en los protocolos de atención psicológica: el agravio comparativo del tratamiento mediático. Las víctimas de Adamuz y Urda se conocen por el nombre de una estación o de un pueblo; se convierten en cifra, en "al menos diez muertos", en rueda de prensa. Para la familia, el ser querido desaparece dos veces: la primera bajo el impacto, la segunda en la estadística. Los dispositivos de atención temprana se activan con eficiencia escénica durante las primeras semanas: psicólogos en los hospitales, teléfonos de apoyo, visitas oficiales con la cara larga… y se desvanecen con la misma rapidez. La psicología de urgencia es buena cubriendo el impacto; pésima cubriendo el mes catorce, que es cuando el duelo real empieza su trabajo más duro y cuando la familia descubre que ya no hay nadie al otro lado del teléfono.


El miedo de los que siguen subiendo al tren


Duelo interrumpido: la huella psicológica de las catástrofes. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

El tercer grupo apenas aparece en las estadísticas de victimología y, sin embargo, puede terminar siendo el más numeroso: el de los usuarios que no han sufrido nada, pero que están obligados a seguir usando sistemas que ya no consideran seguros.


Según diversas informaciones periodísticas, el número de usuarios de la alta velocidad ha caído un quince por ciento en los primeros seis meses del año respecto al mismo periodo del año anterior. Ese dato, que en un ministerio se lee como una cifra de gestión, en un psicólogo clínico se lee como algo distinto: la huella conductual del miedo. Un quince por ciento no es el mercado respondiendo a precios o a huelgas: es una parte significativa del público votando con los pies y diciendo que prefiere la carretera, que para nada es más segura, antes que un sistema ferroviario cuya señal de seguridad debía haber sido sustituida en enero y no lo fue.


Esos usuarios presentan un perfil que reconocerá cualquier terapeuta que haya atendido fobias: aprensión fisiológica antes del viaje: insomnio la víspera, taquicardia en el andén; conductas de seguridad: mirar el móvil sin leerlo, elegir vagón "menos peligroso", sentarse cerca de la salida; comprobaciones compulsivas de noticias sobre incidencias y evitación progresiva cuando la vida lo permite.


Duelo interrumpido: la huella psicológica de las catástrofes. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

Cuando no lo permite, cuando el trabajo exige ese AVE dos veces por semana, aparece el cuadro de ansiedad anticipatoria crónica: no un ataque de pánico, que sería al menos puntual, sino un fondo permanente de desasosiego que erosiona la calidad de vida.


Lo mismo cabe decir de quienes viven en las zonas afectadas por la DANA. Saben, porque lo ven con sus ojos, que es la forma más convincente de saber, que no se ha acometido ninguna obra significativa en los cauces. La próxima gota fría no es una hipótesis abstracta; es una fecha en el calendario mental de todos los vecinos. Cada octubre, la ansiedad ambiental sube en la comarca como sube el caudal del barranco. Los niños de Paiporta o de Letur no necesitan haber estudiado teoría del condicionamiento para haber aprendido que el cielo puede derrumbarse sobre su casa: basta el olor a tierra mojada en la fecha temida para reactivar lo aprendido.


Y aquí conviene desmontar la corrección política con que suele describirse este fenómeno. Se insiste en que hay que evitar alarmismos, en que el riesgo objetivo es bajo, en que no hay que generar pánico. Se trata de un argumento tramposo. El miedo de estos usuarios no es irracional: es inferencia bayesiana, es decir, estadística real hecha con los datos disponibles.


Duelo interrumpido: la huella psicológica de las catástrofes. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

Han observado que un sistema de seguridad declarado obsoleto siguió en servicio hasta que mató; han observado que los cauces siguen igual después de doscientas dieciséis muertes; han observado que después del apagón nadie dimitió, nadie fue procesado y ninguna lista de responsables se publicó. Con esos antecedentes, desconfiar no es patología: es aprendizaje adaptativo. Lo patológico sería que, con ese historial, el sujeto subiera al tren con sonrisa de oreja a oreja.


El problema clínico aparece cuando ese aprendizaje, razonable en su origen, se generaliza y se cronifica. El ciudadano que empieza evitando el AVE acaba evitando proyectos: no acepta un trabajo que exija desplazamientos, no visita a su familia en Andalucía, pospone la mudanza que quería hacer cerca del río. El mundo se contrae. Y como el miedo carece de portavoz legítimo, ya que no hay asociación de "usuarios con aprensión ferroviaria", no hay subsidio, no hay reconocimiento, ese sufrimiento se vive en solitario y se cubre con una vergüenza que no merece.


Duelo interrumpido: la huella psicológica de las catástrofes. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

Qué exige la realidad a la intervención psicológica


Una sociedad madura tendría que extraer de estos dos años algunas consecuencias prácticas, y la psicología tiene obligación de enunciarlas sin paliativos, porque su silencio servil estaría entonces colonizado por la corrección política.


Primero: la atención psicológica a víctimas y familiares debe planificarse en el horizonte de años, no de semanas, y debe incluir unidades específicas de duelo complicado, con seguimiento activo en los aniversarios y en las fechas señaladas, que son los momentos de máxima reactivación. Los dispositivos que se desmontan a los tres meses no son política de atención, sino escenografía.


Segundo: la verdad y la justicia son variables clínicas. No se trata de una demanda corporativa de los colegios profesionales, sino de un dato empírico: la resolución de la responsabilidad, ya sea penal o administrativa y en cualquier caso política, es el mejor predictor de que un duelo traumático se cierre.


Duelo interrumpido: la huella psicológica de las catástrofes. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

Mientras las comisiones de investigación se eternicen y nadie responda por el LZB, por los cauces o por la red eléctrica, los psicólogos tratarán síntomas cuya causa está fuera de la consulta. Es honesto reconocerlo: por adecuada que sea la exposición con reestructuración cognitiva del paciente, ninguna técnica devuelve la confianza en las instituciones que la han malgastado.


Tercero: la restauración de la confianza colectiva no pasa por campañas de comunicación que expliquen que el tren es seguro. Pasa por sustituir los sistemas, limpiar los cauces, ejecutar las obras y, sobre todo, por hacer visible que se ha hecho. El miedo institucional solo se extingue con actos, del mismo modo que el miedo condicionado solo se extingue con exposiciones repetidas a la realidad corregida. Un año sin sustituir el sistema prometido es un año de terapia invertida en sentido contrario.


Por último, conviene ponerle nombre a lo que está ocurriendo. Lo que estas catástrofes han revelado no es un problema de salud mental de los españoles, sino un problema de salud mental del Estado: una administración que promete mantenimiento que no ejecuta, declaraciones de obsolescencia que no remedia y responsabilidades que no adjudica, incluso cuando el precio son cientos de muertos y miles de vidas rotas.


Duelo interrumpido: la huella psicológica de las catástrofes. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

Las personas que hoy están aterradas en un andén o mirando el cielo de noviembre no están enfermas. Están respondiendo con precisión a la información que su entorno les ha dado.


Llamar trastorno a esa respuesta sería el último acto de la corrección política. La tarea de la psicología no es medicar la desconfianza, sino ayudar a los que sufren mientras la desconfianza se gana o se pierde en las vías, en los cauces y en los tribunales.


Y a todo esto, de los caballas y su situación no nos olvidamos. Pero eso merece capítulo aparte.


Si te ves reflejado en algunas de estas situaciones y deseas disponer de mejores recursos para comprenderla, afrontarla y actuar de acuerdo con tus objetivos personales,  no dudes en consultarnos. 


Duelo interrumpido: la huella psicológica de las catástrofes. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

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 Imágenes de elaboración propia mediante la IA de Open AI.

26 comentarios


pacogustioz
hace 7 horas

Me cuentan algunas personas que han tomado la AV obligados estos días que hay un silencio extraño en los vagones. Y que ya no ponen la velocidad a la que circula el tren.

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ANDREAAMARILLOROJO
hace 2 días

Hola!!! A mi nome veréis en un tren

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pacogustioz
hace 7 horas
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No eres la única. Mucha gente está adoptando esa misma precaución. Yo no tengo necesidad, pero no sé lo que haría si tuviera que desplazarme a Barcelona. Tendría que coger dos altas velocidades y me consta que la de Barcelona es problemática. No sé, creo que iría en AV hasta Madrid y luego tomaría el Puente Aéreo.

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anathemamgc
hace 2 días

Hay muchos motivos por lo que los superivivientes y las familias de los fallecidos no podrán conseguir tener un duelo adecuado. ¿Cómo sería eso posible si seguimos en riesgo de tener un accidente cada vez que subimos a un tren? Gracias por el artículo, es muy sensato.

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evavaillo
hace 2 días

Muchísimas gracias por el artículo Alvaro,

estoy completamente de acuerdo contigo. Has compartido muchas de las opiniones que tengo sobre este tema y lo que más me ha gustado del conjunto del artículo, ha sido que no solamente mencionas la reciente tragedia de Urda, como suelen mencionar los periodistas en prensa ignorando lo demás ocurrido, sino a la de Adamuz, a la Dana y al apagón.

Muy buen artículo, enhorabuena!!

Abrazos 🩷


P.D. Me causa curiosidad saber cómo has utilizado Psiké para escribir el artículo...

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evavaillo
hace 14 horas
Contestando a

Muchas gracias por contarme Alvaro. Está claro que cuanto más detallado sea el prompt mejores respuestas te va a dar la IA. Al fin y al cabo, es parecido a como la suelo utilizar para realizar los informes de la academia para las familias, la IA me da una posible estructura a partir del prompt que le envio y después voy modificando. Un abrazo y gracias de nuevo por el artículo 🥰🩷

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arterritorynet
hace 2 días

Gran trabajo, enhorabuena a Alvaro y a Psiké.

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