La ansiedad de separación en primera persona. O por qué siento mucha soledad si hay gente que me quiere
- Maribel Gámez

- hace 13 horas
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Actualizado: hace 3 horas

¿Te afecta de manera intensa y prolongada separarte de tus seres queridos, aunque sea por espacios cortos de tiempo? ¿Surge en ti en esos momentos una sensación de vertiginosa pérdida vincular sin motivo aparente?
Si contestas afirmativamente a estas preguntas es posible que sufras ansiedad de separación. La ansiedad de separación es un problema psicológico que genera mucho malestar a quien lo sufre en el momento en que se separa de las personas a las que quiere. Casi como si las perdiera definitivamente. Junto al miedo a la separación aparece también temor a que sus figuras significativas mueran o sufran daño y aparecen dificultades para autorregularse emocionalmente. Estos síntomas configuran uno de los problemas más frecuentes en la infancia, pero hoy nos centraremos en cuando el miedo a la separación aparece en adultos.

En realidad, los síntomas propios de la ansiedad de separación forman un continuo cronológico que comienza en la infancia y que pueden permanecer activos en la edad adulta. ¿Cómo ocurre eso?
Como ya hemos visto en la web del Centro, los seres humanos generamos vínculos fuertes con nuestros cuidadores, y dependiendo de la calidad de ese vínculo aprendemos muchas cosas. Entre ellas, a saber si los que nos cuidan están disponibles para nosotros cuando nos sentimos mal; a que nos enseñen a autorregularnos emocionalmente; a que, en general, no desaparecerán o se alejarán por determinadas circunstancias. Si ocurre el aprendizaje contrario, junto con otras variables, se vive con miedo el vínculo, ya que puede romperse o deteriorarse en cualquier momento, lo que aterroriza a una mente infantil. Los niños no pueden gestionar esa posibilidad y viven como pueden, con miedo, hasta llegar a la edad adulta.

Para entender mejor lo que le pasa a un adulto que sufre ansiedad de separación tenemos la suerte de contar con un testimonio en primera persona. Desde el Centro hemos realizado una entrevista a María que ha venido a terapia al sufrir estos síntomas y no saber encontrarle una explicación. Tras terminar con éxito la terapia, se siente capaz de contar su historia, por si otros pueden beneficiarse de ella. Sabemos que será de vuestro interés. Si te ves reflejado en lo que cuenta y no sabes manejarlo, no dudes en consultarnos.
ENTREVISTA CON MARÍA
1. Antes de empezar la terapia, ¿qué era lo que más te hacía sufrir en tus relaciones o en tu forma de vincularte con los demás?
Dependía excesivamente de los demás para autorregularme. Muchas veces creía que eran mi culpa comportamientos de los demás que realmente no estaban relacionados conmigo.

Por ejemplo si un superior jerárquico en el trabajo estaba de mal humor, directamente pensaba que era por algo que había hecho yo y ni siquiera veía la posibilidad de que dicho enfado pudiera tener una causa ajena al ámbito laboral; o con alguna pareja, cuando estaba triste, distante o malhumorado, automáticamente asociaba este comportamiento a que la causa estaba en mí: no era suficiente, no le hacía feliz o me había comportado de una manera en la que hubiera desencadenado dicho sentimiento.
2. ¿Recuerdas alguna situación típica en la que te sentías especialmente insegura?
Cuando sentía que me quedaba sola físicamente, ya fuera de viaje, en una ciudad nueva o en un contexto diferente a mi vida normal, mi malestar se acrecentaba muchísimo, sobre todo en los días previos a esas separaciones. Era como si mi cuerpo se pusiera en alerta por un peligro que fuera a venir.

3. En ese momento, ¿cómo te hablabas a ti misma cuando sentías que alguien se alejaba o no respondía como esperabas?
No entendía lo que me pasaba, cuál era la razón por la que entraba en bucle en una espiral de pensamientos superincómodos y que poco a poco me hacían tener un malestar muy intenso del que me costaba mucho salir por mí misma. Por ejemplo, si este malestar venía cuando estaba lejos físicamente de mi casa o entorno ‘seguro’ (por ejemplo, de viaje), automáticamente empezaba a buscar alternativas o excusas para acortar la estancia. Necesitaba planear constantemente el tiempo que tenía libre para que mi mente no tuviera el espacio libre para pensar en ese malestar. No era capaz de disfrutar el viaje que tanto había planeado y tanta ilusión me hacía antes de irme.
4. ¿Qué te hizo darte cuenta de que necesitabas ayuda o de que algo no estaba funcionando como querías?

Tenía pánico a quedarme sola y sabía que esto no era una situación normal. Además, tenía tanto malestar y ansiedad que estaba empezando a afectar a mi vida cotidiana. Vivía con miedo a encontrarme mal emocionalmente. Soy una persona normalmente muy alegre, positiva y social y todo esto se estaba viendo afectado por mi estado de ánimo general. No disfrutaba de lo que antes me encantaba y, por encima de todo, quería sentirme en paz.
5. Al empezar la terapia, ¿qué esperabas que cambiara en tu vida o en tus relaciones?
Quería encontrarme bien a nivel anímico general y entender las razones y motivos por lo que mi cuerpo y mente reaccionaban así a cosas que aparentemente no deberían haberme desestabilizado.

6. Durante el proceso, ¿qué fue lo más importante que aprendiste sobre ti o sobre cómo te relacionas?
He aprendido cómo era mi relación con mis figuras de apego, las razones por las que yo me sentía en peligro, aunque en realidad no lo estuviera, y lo más importante: he aprendido a calmarme a mí misma, a estar bien sola y a no depender tanto de los demás a nivel emocional.
7. ¿Qué cosas haces hoy de forma diferente cuando aparece el miedo, la inseguridad o la necesidad de confirmación?
He aprendido estrategias para llegar a la calma como, por ejemplo, hablarme a mí misma de una manera concreta. También he incorporado algunas acciones que me tranquilizan cuando empiezo a encontrarme nerviosa o con ansiedad. Además, al haber entendido las razones del problema, he aprendido a comprenderme mejor y a ser más indulgente conmigo misma.

8. Si miras atrás, ¿qué diferencias notas entre cómo vivías tus relaciones antes y cómo las vives ahora?
Creo que ahora me encuentro en una posición en la que no necesito a los demás para regularme emocionalmente, por lo que dependo menos de otras personas. Por lo tanto, tengo más claro lo que necesito y merezco. Principalmente he aprendido que, aunque alguien no esté conmigo físicamente, eso no significa que vaya a abandonarme. Y además he aprendido que puedo contar con mucha gente a otros niveles además del plano físico.
9. ¿Hubo algún momento en el que sentiste que “algo encajaba” o que empezabas a estar mejor contigo misma?
Creo que en mi caso soy una persona superracional, por lo que cuando entendí la raíz de mi problema fue cuando empecé a ver un cambio bastante rápido en cómo me encontraba. Eso se tradujo en una reducción considerable de mi malestar, que era muy alto al inicio de la terapia.

10. ¿Qué le dirías a alguien que se siente identificado con tu historia, pero duda en pedir ayuda?
Desde mi experiencia, si hay algo que no eres capaz de entender y gestionar por ti mismo, pedir ayuda es algo totalmente necesario. No te hace más débil o menos capaz. Vivir con un malestar y ansiedad altos no nos aporta nada bueno, sino todo lo contrario. En mi caso sentirme comprendida y entendida me ayudó a normalizar mis emociones sin ‘machacarme’, lo que me condujo a una mejoría.
Muchas gracias por tus palabras, María.
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Enhorabuena a María y a Maribel por esta entrevista tan interesante y, en mi caso, oportuna. Muchas gracias, sobre todo a María, obviamente.