• Maribel Gámez

PROBLEMAS DE AUTOESTIMA: ¿POR QUÉ NO ME QUIERO?




Todos realizamos el ejercicio de valorarnos a nosotros mismos, de medir cómo de satisfechos nos sentimos con ser quienes somos. Es algo muy característico del ser humano invertir tiempo en puntuar todo lo que le rodea incluido a sí mismo. Dependiendo del resultado de esa medición podemos decir que nos estimamos poco o mucho. De esa medición, que puede resultar de una sencilla puntuación del 0 al 10, surge la autoestima. Notas bajas llevan a la persona que así se juzga a experimentar emociones que pueden variar desde la tristeza o el enfado hasta el rechazo a sí mismo. Pero, ¿qué es lo que puntuamos? ¿De dónde sacamos esas valoraciones?


En general, de nuestras características individuales, físicas y psicológicas, de los resultados de experiencias que las han puesto a prueba y que pueden describirse de manera objetiva. Ser alto o bajo, tener que llevar gafas, poseer un pelo liso o rizado, lucir un cuerpo más o menos grueso y un largo etcétera, son características físicas, hechos objetivos que todo el mundo, incluida la propia persona puede observar. Son esas singularidades, las que luego valoramos de forma positiva o negativa, dentro de lo que marca una determinada cultura, claro está. Lo mismo ocurre con situaciones que puedan poner a prueba capacidades o habilidades psicológicas: repetir un curso escolar, ser tímido o muy extrovertido ante grupos sociales grandes, perder la calma en momentos de tensión, pueden ser comportamientos observados por todo el mundo, descritos objetivamente en conductas concretas.


La gente suele describir su autoestima como una emoción general de aceptación o rechazo hacia sí mismo

En psicología, llamamos a todo lo descrito arriba autoconcepto, que es un término que se confunde muchas veces con la autoestima. El autoconcepto son los hechos objetivos: ser alto, comportarse de manera tímida, actuar de forma que divierta a los demás o cometer actos impulsivos. Son todos estos elementos objetivos los que más tarde puntuamos y, cuya puntuación, conforma una sensación general de valía. La gente suele describir su autoestima como una emoción general de aceptación o rechazo hacia sí mismo. La autoestima es algo emocional, al contrario que el autoconcepto. Si tenemos un 5 en autoestima, aprobamos por los pelos, si somos un 7 o un 8 la idea general es buena. Si nos puntuamos con un 3 vamos por la vida deseando ser otra persona. La cuestión es que un mismo hecho objetivo puede tener una valoración diferente para cada persona que lo vive. Ochos y treses pueden convivir siendo muy parecidos entre sí.


Alguien puede considerar que llevar gafas le resta puntos a su atractivo físico, mientras otra, sin embargo, está segura de que le hace más interesante porque le proporciona un aire intelectual que cree atraerá a las chicas. Vamos, que tanto nuestras características físicas, psicológicas y las destrezas que presentamos son susceptibles de ser valoradas por la persona que las posee, de manera diferente, según le han enseñado a valorarlas. Porque a valorar también se aprende. ¿Acaso no recordamos a nuestros padres emitir juicios de valor sobre lo que es bueno, malo, atractivo, repulsivo y demás? Sin olvidarnos de la exposición a la televisión y demás influencias que nos rodean desde la niñez y nos condicionan a enjuiciar de una forma, y no de otra, lo que somos.


Uno de los errores básicos que se cometen a la hora de auto estimarse es la tendencia a compararse con los demás

Pero, ¿por qué solemos salir perdiendo cuando lo hacemos? Uno de los errores básicos que se cometen a la hora de auto estimarse es la tendencia a compararse con los demás. Cuando lo hacemos los otros son más guapos, más listos, más divertidos y más seguros de sí mismos. En vez de compararnos con nosotros mismos y los logros que vamos adquiriendo a lo largo de la vida, nos comparamos con personas que nada tienen que ver con nosotros, ya que su historia personal es muy diferente a la nuestra. "Jo, qué bien habla en público esta persona, ojalá fuera como ella". Posiblemente esa persona a la que alabamos su destreza a la hora de comunicarse y con la que perdemos al compararnos, lleva a sus espaldas cientos de horas de práctica hablando en público en comparación con nosotros. Equipararnos con ella no es razonable.


Si reflexionamos sobre el asunto es posible que lleguemos a la conclusión de que no estamos dispuestos a realizar el esfuerzo que esa persona ha hecho para alcanzar su nivel de destreza en aquello que vemos y deseamos. Si realmente tenemos como objetivo mejorar las dotes comunicativas a la hora de hablar en público lo más útil y potencialmente menos frustrante es partir del punto base en el que nos encontramos e ir comparando ese punto de partida con los pequeños avances que se consigan a través de la práctica. Así podremos estar orgullosos de nuestros logros, no de los logros de otros.


Otro error común es dar mucha importancia y, a la vez, juzgar muy negativamente un aspecto concreto de nuestro físico o de nuestra personalidad

Otro error común es dar mucha importancia y, a la vez, juzgar muy negativamente un aspecto concreto de nuestro físico o de nuestra personalidad. Lo que provoca que la autoestima caiga en picado llegando a la conclusión de que "ser así" impide ser feliz. Por ejemplo, ser una persona de menor estatura que la media. Es entendible que a esa persona no le agrade su condición pero ser más bajo en estatura que la media, no es un obstáculo para que tenga buenos amigos, un trabajo que le gusta, una pareja que le quiera y una larga lista de cosas buenas. Seguro que conocéis a alguien así.


Es muy común en el ser humano enrocarse en las emociones y pensamientos negativos cuando lo que vemos de nosotros mismos no nos gusta. Nos instalamos en la queja dando vueltas a la tristeza que sentimos y a los pensamientos lúgubres hacia nosotros mismos. Sin embargo, ese camino no arregla nada, y además es francamente desagradable. Si queremos salir de él lo más útil es pensar qué es lo que queremos mejorar o conseguir y analizar cómo se puede llegar a ello, dando pequeños pasos hacia la meta. En otras ocasiones hay que asumir que no se es bueno en algo, por mucho que uno lo intente, y potenciar otras habilidades o destrezas que sí se tengan.


Lo más útil es pensar qué es lo que queremos mejorar o conseguir y analizar cómo se puede llegar a ello, dando pequeños pasos hacia la meta

Si te encuentras en una situación en la que sientes que no te quieres lo suficiente y no sabes cómo cambiarlo, la mejor opción es que recurras a un profesional de la psicología que te ayude a conseguir aquello que anhelas. Él podrá averiguar cuáles son los procesos de pensamiento que hacen que llegues a la conclusión de que no eres una persona digna de quererse. Te ayudará a saber qué es lo que quieres cambiar de ti y a direccionar ese cambio para lograr lo que deseas alcanzar. Y, sobre todo, a quererte cómo eres en este momento, aunque sientas que tienes mucho que mejorar. No dudes en consultarnos, la primera sesión no tiene coste.


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Si te encuentras en una situación en la que sientes que no te quieres lo suficiente y no sabes cómo cambiarlo, la mejor opción es que recurras a un profesional de la psicología que te ayude a conseguir aquello que anhelas

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