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ZONA DEBATE: FARMEAR AURA

Foto del escritor: Centro de Psicología Maribel Gámez
Centro de Psicología Maribel Gámez
hace 6 días
17 min de lectura

Retomamos hoy después de un año la Zona debate del Blog, que pretende abrir análisis y debates sobre temas de interés personal e impacto psicosociológico. Participamos en los mismos Giulia Mari, psicóloga, colaboradora habitual del Blog; Maribel Gámez, psicóloga y psicopedagoga, Directora del Centro de Psicología Aplicada; y quien esto suscribe, Alvaro Sánchez, filósofo y crítico de arte, editor del Blog. La periodicidad que tenemos prevista es mensual y distinguimos la zona mediante una variación en el color de los artículos.

 

Giulia presenta y describe el tema. Maribel realiza el análisis psicológico y yo el social. Pero cualquier otra combinación también es posible, no te sorprendas.

 

Si en los demás artículos siempre agradecemos la participación de los lectores del Blog, en estos lo haremos muy especialmente porque pretendemos que sea un espacio de análisis y debate. Hoy el tema que tratamos, a  propuesta mía, hace referencia a una práctica cada vez más usual entre numerosos jóvenes: farmear aura. ¿Qué demonios es eso? Vamos a explicarlo.

 


Zona debate: farmear aura. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

¿Cuántos puntos de aura tienes?

 

Giulia Mari

 

Probablemente hayas leído alguna noticia o te hayas topado en redes sociales con un nuevo fenómeno viral: farmear aura. Esta práctica, cada vez más extendida entre los jóvenes, consiste en realizar ciertas acciones para proyectar seguridad, carisma y misterio. Hay dos tipos de vídeos en circulación: los vídeos individuales, donde los jóvenes se graban en el día a día y suben vídeos de cómo ganan más puntos de aura, y los vídeos de batallas de aura. En estos últimos, suele verse a un grupo rodeando a dos personas que, en absoluto silencio y sin cantar, bailan o se mueven también para ganar puntos. Al terminar esta peculiar batalla, el público decide quién ha demostrado mayor presencia.

 

En todos estos clips, las acciones están cuidadosamente calculadas: van desde mantener la mirada sin parpadear o adoptar posturas erguidas y sobrias, hasta ejecutar movimientos lentos que transmiten un control absoluto de la situación. No se busca destacar mediante el escándalo o el exceso, sino todo lo contrario. La clave para ganar puntos de aura reside en la sobriedad, el lenguaje corporal firme y esa actitud serena que proyecta una imagen de poder y misterio sin necesidad de pronunciar una sola palabra. 


Zona debate: farmear aura. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

Vamos a ver cómo funciona este nuevo fenómeno en detalle y cuáles son las dinámicas psicológicas y sociales implicadas que nos parecen más interesantes y dignas de ser mencionadas.

 

Para entender de dónde sale esta expresión, hay que analizar sus dos componentes.

 

Empezamos con el origen del término “farmear”; proviene del inglés farming, que significa cultivar y se aplica al mundo de los videojuegos para definir la tarea de repetir acciones con el fin de acumular puntos o recursos. En cuanto a la palabra “aura”, la RAE define que viene del verbo griego que significa “soplar” y se refiere a un viento suave y apacible; metafóricamente, precisa que el aura se refiere a la aceptación y estimación de alguien.


Entonces, según esta nueva moda en Internet, la acción de farmear aura no es más que la adaptación digital de esa idea: repetir deliberadamente ciertas conductas para cultivar carisma, aparentar una alta autoestima y ganarse el reconocimiento del entorno con un complejo sistema de puntos absolutamente inventados.


Zona debate: farmear aura. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

En la práctica, el sistema de puntos funciona como una contabilidad social futurista donde todo suma o resta según la percepción de los demás. Realizar un movimiento elegante, mantener la compostura ante una situación incómoda o responder a una provocación con indiferencia absoluta puede otorgarte fácilmente 1.000 puntos aura. Por el contrario, tropezar en público, pedir disculpas en exceso o dudar al hablar puede hacerte perder 500 puntos aura al instante.

 

La dinámica es implícita pero estricta: son los propios usuarios y espectadores en redes sociales quienes comentan los vídeos asignando o quitando estos puntos imaginarios, convirtiendo cada interacción cotidiana en un marcador continuo de estatus, carisma y control emocional. Además, refleja un nuevo estilo comunicativo entre las nuevas generaciones que prescinde del lenguaje verbal y se transforma en un mundo hechos de gestos y simbolismo primitivo.

 

Os enseñamos otros ejemplos para ganar o perder puntos, según las tendencias más populares en la actualidad: 


Zona debate: farmear aura. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

Acciones que suman aura (+)

 

•             Mantener la calma en las dificultades: atrapar un objeto que se cae al vuelo sin cambiar la expresión de la cara o tropezar e integrarlo en el movimiento como si fuera parte de un baile.

 

•             El silencio estratégico: responder con una mirada serena y una leve sonrisa a alguien que está intentando provocarte o levantando la voz.

 

•             La mirada imperturbable: sostener el contacto visual con seguridad durante una conversación sin parpadear en exceso ni desviarla por timidez.

 

•             Dominio del espacio: entrar a una habitación llena de gente caminando despacio, con postura que exprese seguridad y sin consultar el teléfono móvil para disimular la incomodidad.

 

Acciones que restan aura (-) 


Zona debate: farmear aura. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

•             El tropiezo social: saludar efusivamente a alguien con la mano en la calle y darte cuenta de que en realidad no te estaba hablando a ti, sino a la persona de atrás.

 

•             Buscar la validación desesperada: explicar una broma que nadie entendió o reírte demasiado fuerte de tus propias bromas para intentar encajar.

 

•             La pérdida de control: perder los nervios por un inconveniente menor, como por ejemplo que se derrame un vaso de agua.

 

•             Pedir disculpas en exceso: decir "Perdón" o "Lo siento" varias veces por cosas que no son tu culpa, proyectando falta de seguridad.

 

Más allá de comentar acciones cotidianas, están teniendo lugar y siendo grabadas también las virales batallas de aura, donde la escenificación pública se convierte en un espectáculo colectivo.  Según este formato, la búsqueda de carisma se transforma en una competición cara a cara ante un círculo de espectadores.


Zona debate: farmear aura. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

En estos duelos, dos participantes miden la fuerza de su presencia sin intercambiar una sola palabra ni recurrir a la agresividad física; la victoria no se consigue imponiéndose al otro, sino demostrando un dominio emocional tan elevado que haga parecer al rival torpe o inseguro.

 

De este modo, la validación que antes se buscaba mediante acciones individuales aisladas se somete ahora al veredicto inmediato y en directo del grupo, elevando la tensión social al máximo nivel. Mirando estos videos, nos recuerdan un poco a las personas que practican Tai Chi en el Parque del Retiro, pero con el mismo estilo de las batallas Rap de las películas americanas de los años 2000.

 

Desde una perspectiva psicológica, nos parece importante destacar una serie de factores. Primero de todo, este fenómeno ha llevado la interacción social a un extremo paradójico: la comunicación humana se ha despojado de la palabra para ser sustituida por una serie de simples gestos casi robóticos y calculados. En lugar de conectar a través del diálogo, la empatía o la escucha activa, que es lo que caracteriza a los seres humanos desde hace cientos de miles de años, las personas interactúan mediante un código de gestos ficticios e inventados que responden más a una coreografía ensayada que a una expresión genuina.


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Al priorizar estos movimientos sobre el intercambio verbal, la comunicación pierde su función primordial, la de compartir ideas y estados emocionales, para convertirse en un baile sin ni siquiera ningún tipo de expresión no verbal de la cara.

 

Además, al convertir cada gesto en un examen continuo de estatus, bajo el microscopio de un público digital que va a observar varias veces el mismo vídeo para juzgarlo, la persona cae en un estado de hipervigilancia constante, lo que podría disparar los niveles de ansiedad social al asumir que el más mínimo descuido o muestra de torpeza destruirá su valor ante el grupo. La autoestima, entonces, se convertiría en un constructo meramente superficial y ficticio, con el riesgo de venirse abajo al primer error o comentario negativo en las redes.

 

También, esta búsqueda obsesiva por parecer imperturbable exige un fuerte nivel de represión emocional: para no perder aura, el individuo aprende a inhibir reacciones naturales como la duda, la vulnerabilidad, la tristeza o la espontaneidad. ¿Qué somos nosotros sin nuestras emociones y nuestra espontaneidad? Si no mostramos a nadie como somos de verdad (seres humanos imperfectos), ¿quién nos va a querer o apreciar auténticamente? 


Zona debate: farmear aura. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

Con estas premisas, resulta imposible construir vínculos íntimos y genuinos, porque lo más importante parece ser la apariencia y la supresión absoluta de la espontaneidad. Como sociedad, no solo deberíamos preocuparnos de todos los que llevan a cabo estas prácticas y que probablemente se encuentran en un estado de soledad no deseada, sino que también habría que ocuparse del cómo y del por qué se generan las condiciones para llegar ahí e intentar prevenirlas. Quizás deberíamos abrir un diálogo con nuestros jóvenes estando verdaderamente dispuestos a escuchar su interior sin juzgar.



Farmeando voy, farmeando vengo. Por el camino…

 

Maribel Gámez

 

Dicen, los adolescentes que farmean, que farmeando se busca proyectar una imagen impregnada de estatus, carisma y seguridad en uno mismo hacía los demás. Que mediante ciertos movimientos, silencios calculados y rostros impasibles, los demás, los que les observan, se llevaran una buena impresión de ellos si logran erigirse como los ganadores en las “batallas” de farmeo. 


Zona debate: farmear aura. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

El estatus alto nos coloca, dentro de la sociedad, en un lugar privilegiado. ¿Cómo se consigue poseerlo y que los demás nos reconozcan dentro de esa categoría? Una forma es mostrando un estilo de vida que indique solvencia económica, por ejemplo, conduciendo coches caros o vistiendo ropa de marca. Pero no solo el dinero da estatus, también poseer un cargo de responsabilidad en el trabajo o ser una personalidad pública sube nuestra categoría social, nuestro estatus.

 

El carisma, por otro lado, según la RAE, es la capacidad de una persona para atraer o fascinar. Son sinónimos da carisma las palabras magnetismo y encanto. Es resumen, poseer una personalidad que sea atractiva para los demás y que facilite relacionarse y conseguir cosas.

Por último, farmeando se quiere conseguir seguridad en uno mismo. Esto es, mostrarse confiado en las propias cualidades para enfrentarse a los retos cotidianos, sin sentir por ello que se es superior a los demás. 


Zona debate: farmear aura. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

Los adultos que, que yo sepa, no farmeamos; somos conocedores de que tanto el estatus como el carisma y la seguridad en uno mismo se consiguen con el tiempo. Se ganan siendo moldeados por la vida, esforzándonos, luchando, aprendiendo. En definitiva, sabiendo solventar los problemas cotidianos y los extraordinarios se va forjando una personalidad que puede tener estas tres características: estatus, carisma y seguridad en uno mismo.

 

Parece que los jóvenes que practican el farmeo han encontrado un atajo para conseguir todo esto sin necesidad de esperar  los años necesarios para lograrlo y sin los méritos personales que hacen falta. Pero como todo atajo, tiene sus consecuencias. Lo primero que requiere este atajo es la generación de una situación inventada. Como en la realidad, como es lógico, la inmensa mayoría de los jóvenes de 13 a 20 años ni tienen carisma, ni estatus ni mucha seguridad en sí mismos porque lo que se requiere para ello no está a su alcance vitalmente, crean un contexto diferente con nuevas reglas en un juego del que, si salen vencedores, les haga aparentar que poseen todas esas cualidades.


Zona debate: farmear aura. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

Estas reglas, para conseguir la admiración de los demás, son mucho más sencillas que las de la vida real. Un aleteo rápido de manos, de arriba a  abajo, puede indicar un carisma especial; una mirada fija, seguridad en sí mismo; no sobresaltarse ante estímulos nuevos, una prueba de alto estatus. Desde luego, suena más sencillo que trabajar años para llegar a conseguir un estatus social y económico reconocido por todos. Pero no solo es una situación ilusoria lo que así se crea, sino que también transcurre en una realidad distinta: la virtual. Un  mundo paralelo, con sus propias reglas, en el que los jóvenes cada vez pasan más tiempo. Las redes sociales retransmiten los vídeos que los adolescentes graban mientras farmean y las impactantes batallas de farmeo.

 

Los likes aparecen rápidamente, cientos de personas se apresuran en redes sociales a decir, con un solo símbolo compartido, que le gusta la forma de farmear aura del que hace el vídeo. Ya conocemos de sobra la capacidad que tienen las redes sociales para cubrir de manera rápida la necesidad de aprobación de los jóvenes por parte de su grupo de iguales. Eso sí, igual de rápido que viene se desvanece y la necesidad vuelve a aparecer, demandando para ello crear otro vídeo. En realidad, lo seres humanos estamos biológicamente preparados para interaccionar con los demás nada más nacer, pero de manera muy diferente que en las redes sociales: para tocarnos, mirarnos, comunicarnos con largas conversaciones.  


Zona debate: farmear aura. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

El like no es más que otra ilusión, algo que parece y  genera interacción, pero que solo proporciona un destello fugaz de lo que podría ser y no es. Un like es un amigo ausente, no puedes llamarle cuando te sientes solo, no puedes irte a dar una vuelta con él, ni hablar de cómo te ha ido el día. Es una compañía fantasma que genera una sensación efímera de contacto a distancia sin continuidad.

 

Ya llevamos descritas unas cuantas ilusiones necesarias para farmear: una realidad imaginaria en un entorno ficticio que genera una interacción engañosa. Pero la práctica de farmear también implica otro engaño más: actuar como si no fuéramos seres humanos. Sí, abandonar una capacidad que solo poseemos nosotros, que es la capacidad de emitir palabras y usar la voz  humana  para relacionarnos con los demás. Los jóvenes que farmean saben hablar desde hace mucho tiempo. Son chavales pre o adolescentes ya que conocen el lenguaje, mejor o peor, pero lo conocen y lo utilizan. Sin embargo, en esta situación se comportan como si eso no fuera cierto. 


Zona debate: farmear aura. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

Prescinden totalmente de pronunciar una sola palabra durante las batallas de farmeo y se limitan a transmitir un código simple de señales. ¿Quiénes se comunican con un código de señales? Algunos animales. Por ejemplo, las abejas o los perros. Mediante señales se relacionan con los de su especie, intercambian información y coordinando su comportamiento y el momento de la reproducción.

 

Vamos, que estos jóvenes deciden abandonar el lenguaje hablado y comunicarse a través de un código de señales propio de especies menos evolucionadas que nosotros. Abandonando el lenguaje pretenden proyectar cualidades tan complejas como el estatus, el carisma o la seguridad en uno mismo. Quizá pasarían como uno más entre babuinos, macacos o chimpancés, que también usan señales similares a las que pueden encontrarse en la batallas en las que se farmea aura, pero el mundo de los seres humanos no funciona así.


En todo esto hay demasiada ficción y se puede interpretar como que están simplemente jugando, y a la par, buscando la atención de su público. Pero, ¿hay algo más? Se podría pensar que si hay que inventarse un mundo ficticio paralelo que transcurra en un contexto imaginario donde uno se olvida de lo que le caracteriza como ser humano, es porque probablemente en la realidad no encuentren lo que están buscando.


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Porque en la realidad es muy difícil conseguir estatus, carisma y seguridad en uno mismo.

 

Así que si se crea un juego con reglas más sencillas que las de la vida real para conseguir

estas cosas tan deseables es porque quizá no sea fácil conseguirlas por los cauces normales. Pero, ¿qué ocurrirá cuando salgan al mundo y busquen seguridad en sí mismos, carisma y estatus sin posibilidad de obtenerlo mediante atajos? ¿Podrán separar el juego de la realidad? ¿O se pondrán a six-sevenear en su primera entrevista de trabajo para desprender seguridad en sí mismos? Bromas aparte, lo que sí creo es que si dedican gran parte de su tiempo a perfeccionar sus técnicas de farmear aura, desvían su atención de donde sí se pueden conseguir todas esas cosas que tanto desean. Que mientras se practica cómo farmear se pierden oportunidades en la vida real.

 

No es la primera noticia de cómo los jóvenes están intentando vivir otras realidades donde conseguir estar cómodos de maneras nuevas y sorprendentes. Los famosos therians, esos chicos que se identificaban con animales, también estaban jugando a un juego que les prometía conseguir el éxito social. Identificarse con la fortaleza de un lobo, por ejemplo, un animal muy elegido por ellos podría proporcionárselo. Hay características comunes en ambos juegos del farmeo y de los therians.


Zona debate: farmear aura. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

Por ejemplo, se repite en ambos casos el abandono del estatus humano por el estatus animal. Aunque parece que los therians eran cuatro gatos (jajaja), las tendencias sobre aquello que les fascina a los jóvenes nos ayuda a entender cómo piensan.

 

¿Son estas dinámicas una forma de paliar los múltiples problemas a los que se enfrentan? ¿Una manera de evadir la realidad inofensiva o dañina? La soledad no deseada, un futuro sin dirección, la falta de conocimientos, la dificultad para comunicarse y establecer relaciones humanas de calidad son algunos de estos problemas de los que pueden desear huir. Lo que sí parece claro es que a algunos de nuestros jóvenes se les puede encontrar en estos mundos paralelos buscando  encontrar una realidad más amable, más asible, con otras reglas.

Por último, ¿qué factores sociales, culturales y económicos pueden estar influyendo en estas formas tan peculiares de comportarse?

 

Pero la respuesta a esta pregunta es otra historia y merece ser contada a continuación.



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El farmeo de aura: regresión semiótica, depauperización y el placebo del imaginario

 

  Alvaro Sánchez

 

 Considero que los humanos somos la única especie lingüística. Sinceramente, no tenemos ninguna evidencia de una comunicación simbólica, igualmente rica y multifuncional como la nuestra, fuera de nuestra especie.

 

 Frans de Waal, entrevista para Aeon, 2016.

 

 La palabra es el mayor invento de la humanidad.

 

Jesús J. de la Gándara, Trilemas, 2026.

 

 Desde una perspectiva materialista rigurosa, es decir, aquella que parte de las condiciones concretas de existencia, de las relaciones de producción y de la reproducción de la vida social, el fenómeno que los jóvenes denominan farmeo de aura no constituye una moda inocente ni un simple juego lingüístico.


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Es un síntoma denso, casi clínico, de una sociedad que ha agotado sus promesas, por un lado, de movilidad y ascenso social y, por otro, de atribución de sentido, en última instancia, de verdad o falsedad. El aura, en este código, es un valor de estatus digital, una acumulación de señales de reconocimiento público que se farmea o acumula como se acumula experiencia u oro en un videojuego.

 

El aura se cultiva en plataformas, en gestos, en filtros, en poses calculadas, en la reiteración de comportamientos que maximizan la percepción de originalidad, de solvencia simbólica, de existencia válida. El término mismo —tomado del léxico gamer— delata ya la colonización de la vida cotidiana por la lógica extractiva del juego: hay que grindar, hay que optimizar el tiempo de pantalla, hay que producir el efecto correcto para obtener la recompensa de likes, de miradas, de una posición relativa en la jerarquía visual.

 

Esta práctica revela, en primer lugar, una regresión del lenguaje humano al código de señales animal. El lenguaje propiamente humano, desde una óptica materialista que no renuncia a la herencia spinozista ni a la crítica de la ideología, es un sistema de signos que permite la mediación conceptual, la negación, la proyección de futuros posibles y la construcción de lo común.


Zona debate: farmear aura. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

El farmeo de aura lo reduce a un repertorio de estímulos-respuesta: posturas, emojis, sonidos virales, microexpresiones, secuencias de baile o de desafíos que funcionan como señales de estatus y de superioridad relativa.

 

No se trata de comunicar un contenido proposicional, sino de emitir una marca de estatus que los otros, los espectadores, deben registrar y responder con validación o con exclusión. Es la semiótica del pavoneo, del despliegue de coloración o de la marca olfativa, solo que mediada por convicciones que refuerzan las señales más eficaces. La palabra se empobrece; el concepto se disuelve en el gesto performativo. Donde antes había discurso, hay ahora un repertorio de desencadenantes emocionales optimizados para la captura de atención. Esta regresión no es accidental: es funcional a una economía de la atención que monetiza la captación del tiempo de vida de sujetos cada vez más precarizados.

 

En segundo lugar, el farmeo de aura constituye un reconocimiento tácito —y por ello más revelador— de la carencia económica y de la depauperización de las clases medias. La juventud que farmea no lo hace desde la abundancia, sino desde la escasez material convertida en escasez de futuro. Las clases medias que durante décadas sostuvieron el imaginario de la meritocracia y del ascenso social se encuentran hoy atrapadas entre salarios estancados, vivienda inaccesible, educación carente de conocimiento, incapacidad de esfuerzo y un mercado laboral que ofrece fragmentación y temporalidad.


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El aura se convierte entonces en el único capital disponible: un capital simbólico que no requiere de propiedad inmobiliaria ni de patrimonio heredado, sino de tiempo de pantalla y de habilidad para leer el código de la plataforma.

 

Es la versión digital del «hacerse valer» cuando el valor de cambio de la fuerza de trabajo se ha devaluado. El joven que optimiza su mero transcurrir no está necesariamente alienado en el sentido clásico; está realizando un trabajo de reproducción de sí mismo como sujeto reconocible en un mercado donde el reconocimiento ha sustituido, parcialmente, al salario. Pero ese trabajo es improductivo en términos de valor real: no genera medios de subsistencia, sino ilusiones de estatus que se evaporan con la siguiente pantalla. La depauperización se enmascara así bajo la apariencia de una economía simbólica vibrante. El aura se farmea porque el salario ya no alcanza y porque la propiedad está fuera de alcance; se farmea porque el único terreno todavía disputable es el de la visibilidad.

 

La dependencia patológica de los videojuegos no es un factor externo al fenómeno, sino su matriz formativa. El farmeo de aura hereda la estructura temporal y motivacional de un elemento fundamental de los videojuegos: el grind, la repetición de acciones mecánicas orientadas a un progreso cuantificable, la conversión de la experiencia en métricas, la gratificación diferida y algorítmica.


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El videojuego, en su forma contemporánea de servicio en línea, ha entrenado a dos generaciones en la aceptación de la escasez artificial (recursos limitados, tiempos de recarga, pago por mejoras) y en la búsqueda de estatus dentro de universos cerrados.

 

Cuando esa lógica se traslada a Instagram, TikTok o Discord, el sujeto continúa operando bajo las mismas premisas: maximizar el rendimiento de la propia imagen, evitar la caída de estatus, acumular métricas que certifiquen la existencia. La patología no reside solo en el número de horas dedicadas, sino en la internalización de una economía de la recompensa que sustituye la construcción de proyectos vitales a largo plazo por la optimización de ciclos cortos de retroalimentación. El cuerpo se convierte en avatar; la biografía, en mero transcurrir. La dependencia es patológica porque coloniza la capacidad de proyectar un futuro que no esté mediado por la pantalla y por la validación externa virtual, inefectiva.

 

Todo ello culmina en una carencia de expectativas futuras realistas. La juventud que farmea aura no es, en su mayoría, una juventud que crea en la posibilidad de transformar las condiciones materiales de su existencia. Ha interiorizado, a través de la experiencia cotidiana de la precariedad y de la saturación mediática, que el horizonte de lo posible se ha estrechado. La vivienda propia, el empleo estable, la reproducción generacional con cierta seguridad, aparecen como objetos de un pasado que ya no pertenece a su clase. 


Zona debate: farmear aura. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

Ante esa clausura del futuro real, el imaginario placebo se ofrece como compensación. Aquí se produce la inversión del planteamiento spinoziano. En Spinoza, la imaginación es el primer género de conocimiento: confuso, mutilado, basado en imágenes que la mente recibe de forma pasiva. El progreso del entendimiento consiste en pasar de esa imaginación a la razón y, finalmente, al conocimiento, donde las ideas adecuadas permiten comprender la necesidad y, con ella, alcanzar una forma de libertad. El imaginario, cuando es oportuno, puede convertirse en fuerza de transformación de la realidad; de hecho, en realidad misma.

 

En el farmeo de aura ocurre lo contrario: la realidad material, depauperada, precaria, privada de horizontes de futuro, se revela inasumible, y en su lugar se instala un imaginario que no aspira a la adecuación, sino al consuelo. Es un imaginario placebo: produce el efecto de estatus, de pertenencia, de existencia significativa, sin alterar en lo más mínimo las condiciones que lo hacen necesario. No es la imaginación que se eleva a idea adecuada; es la imaginación que se contenta con su propia insuficiencia porque la realidad le resulta intolerable. 


Zona debate: farmear aura. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

Esta inversión no es un fallo individual de carácter, al menos no sólo. Es el producto de una sociedad que ha convertido la precariedad en norma y la competencia por la atención en el único terreno todavía abierto a la disputa. El farmeo de aura es, en este sentido, una forma de trabajo ideológico no remunerado: reproduce las jerarquías simbólicas que sostienen la aceptación de la desigualdad material. Quien farmea no cuestiona la escasez: la naturaliza y la convierte en campo de juego. Quien acumula aura no desafía la depauperización; la estetiza. Y quien depende de las métricas del reconocimiento digital no construye expectativas realistas; las sustituye por ciclos de gratificación que mantienen al sujeto funcional dentro del orden existente.

 

Un análisis materialista no puede detenerse en la denuncia moral. Debe señalar que este síntoma solo se disuelve cuando se transforman las condiciones que lo producen: cuando el acceso a la vivienda, al empleo digno y a un horizonte temporal que no sea el de la inmediatez algorítmica vuelvan a ser posibilidades materiales, no meras imágenes de un pasado perdido. Para lo que se necesita una educación desde edades tempranas radicalmente diferente a la actual: basada en el esfuerzo. 


Zona debate: farmear aura. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

Mientras tanto, el farmeo de aura seguirá siendo lo que es: la traducción, en código de señales, de una generación que ha aprendido a sobrevivir simbólicamente en un mundo que le niega la supervivencia real. La regresión del lenguaje, la depauperización reconocida, la dependencia lúdica y el futuro clausurado no son sólo defectos de la juventud. Son, además, el espejo de una sociedad que ha convertido el imaginario en placebo porque ya no puede, y probablemente sus élites no quieren, ofrecer una realidad digna de ser asumida.

 

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 Imágenes de elaboración propia mediante la IA de Open AI.


22 comentarios


arterritorynet
hace un día

Sería interesante ver la evolución académica y profesional de los farmeadores.

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mabelfarnesio
hace 2 días

¡Articulazo! Pero creo que la postura que más me gusta es la Giulia, que intenta comprender a los jóvenes.

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xarlamontoya
xarlamontoya
hace 2 días

Yo creo que ya se les pasará, como ha ocurrido con los therians, que ya están en el olvido.

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arterritorynet
hace un día
Contestando a

Cierto lo que dices de los therians

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miguelobero
miguelobero
hace 4 días

¡Anda que no echasba yo de menos estos articulazos en el blog! Este es particularmente interesante así que espero que el próximo no se retrase tanto. Gracias.

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giuliamari
hace 3 días
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Gracias Miguel!!

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palomaceramista
palomaceramista
hace 4 días

Me da la sensación de que tiempo dedican a entrenarse delante del espejo, pero esfuerzo ninguno. Quizá ahí radique su éxito. De lo primero disponen mucho, de lo segundo carecen.

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arterritorynet
hace un día
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¡Bien visto!

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