TRILEMAS. EL MÉTODO PARA RECUPERAR EL EQUILIBRIO VITAL

La palabra es el mayor invento de la humanidad.
Jesús J. de la Gándara

Una psiquiatría del equilibrio
La idea que vertebra la obra Trilemas, del psiquiatra Jesús J. de la Gándara, es sencilla pero de considerable alcance psicológico: buena parte del malestar humano aparece cuando perdemos el equilibrio entre elementos que, por separado, son necesarios pero que, llevados al extremo o desconectados entre sí, dejan de cumplir adecuadamente su función. El autor propone representar esos equilibrios mediante tríadas o «trilemas»: tres conceptos que funcionan como las tres patas de un taburete. Si las tres están suficientemente asentadas, podemos mantenernos estables; si una falla, todo el conjunto se tambalea.
La metáfora es particularmente apropiada para la psiquiatría porque la salud mental no consiste en alcanzar un estado permanente de felicidad, serenidad o ausencia de problemas. La vida psicológica normal incluye tristeza, miedo, incertidumbre, frustración, cansancio y conflictos. El objetivo razonable no es eliminar esas experiencias, sino conservar una capacidad suficiente para manejarlas y volver a encontrar un equilibrio después de las inevitables perturbaciones.

Desde esta perspectiva, el libro se distancia tanto de una concepción excesivamente medicalizada de la existencia como de la ingenua promesa de que bastaría con «pensar en positivo». La experiencia clínica muestra que las personas suelen necesitar herramientas concretas para ordenar lo que les sucede. Ante la ansiedad, una explicación abstracta puede ser intelectualmente correcta y, sin embargo, resultar inútil en el momento preciso en que la persona se encuentra desbordada. Los trilemas pretenden proporcionar precisamente esos «asideros» mentales: fórmulas breves capaces de organizar una situación compleja y facilitar una respuesta más proporcionada.
El primer gran principio es, por tanto, el control. No se trata de controlar absolutamente la realidad, algo imposible, sino de recuperar la capacidad de distinguir aquello que depende de nosotros de aquello que no depende de nosotros y actuar sobre el primer ámbito. En este sentido, el método tiene una clara resonancia estoica: el sufrimiento aumenta cuando pretendemos gobernar lo ingobernable y disminuye cuando concentramos nuestros recursos en aquello sobre lo que podemos intervenir.

La ansiedad ocupa aquí un lugar central. El autor parte de una observación psicológica elemental: cuando una persona siente que no puede controlar lo que está ocurriendo, aumenta su sensación de amenaza. La incertidumbre se convierte entonces en anticipación, la anticipación en miedo y el miedo puede terminar retroalimentándose a sí mismo. Los trilemas intentan interrumpir ese circuito proporcionando categorías sencillas para pensar mejor antes de reaccionar.
El propósito último no es convertir al individuo en alguien que nunca se angustia, sino en alguien que dispone de mejores instrumentos para reconocer la angustia, comprenderla y actuar pese a ella.
Cuando el malestar se convierte en problema
Uno de los méritos principales del libro es que no identifica automáticamente sufrimiento con enfermedad. Desde el punto de vista psiquiátrico, esta distinción es esencial. Las personas sanas sufren. Estar triste después de una pérdida, sentir miedo ante una amenaza o atravesar una época de agotamiento no constituye por sí mismo un trastorno mental.

Para expresar dónde puede producirse el salto desde el malestar cotidiano hacia una situación clínicamente preocupante, de la Gándara propone el trilema S.I.N.: Sufrimiento, Incapacidad y Nada. El primer elemento es el sufrimiento: existe una experiencia subjetiva de dolor psicológico que resulta difícil de soportar. El segundo es la incapacidad: ese sufrimiento empieza a interferir de manera significativa con la capacidad de funcionar, trabajar, relacionarse o llevar adelante las actividades ordinarias. El tercero, «Nada», alude a una vivencia de vacío o pérdida de capacidad para encontrar alivio, interés o significado en aquello que anteriormente podía proporcionarlo.
La utilidad de este trilema consiste en obligarnos a mirar más allá de una emoción aislada. La tristeza, por ejemplo, no equivale automáticamente a depresión. La diferencia clínica depende, entre otros factores, de su intensidad, duración, repercusión funcional y del conjunto de síntomas que la acompañan. El esquema S.I.N. funciona como una regla de orientación: cuanto más convergen sufrimiento intenso, incapacidad funcional y sensación de que nada ayuda o importa, más necesario resulta considerar que ya no estamos simplemente ante las oscilaciones normales de la vida.

Pero el método no se detiene en la identificación del problema. Frente al S.I.N. aparece C.O.N.: Control, Orden y Normalidad. El sentido de esta segunda tríada es terapéutico. Recuperar el control significa volver a percibir que existe algún margen de acción; recuperar el orden supone estructurar la conducta, los horarios, las obligaciones y las prioridades; y recuperar la normalidad implica volver progresivamente a una vida cotidiana suficientemente funcional.
No se trata de negar la enfermedad ni de sustituir el tratamiento profesional por una fórmula. Cuando existe un trastorno psiquiátrico, el diagnóstico y la intervención médica siguen siendo fundamentales. El valor del trilema consiste en ofrecer un lenguaje sencillo para comprender qué está ocurriendo y qué dimensiones de la vida conviene reconstruir.
Otro problema frecuente es nuestra tendencia a magnificar las amenazas. Para combatirla, el autor diferencia entre Datos, Problemas y Catástrofes. Un dato es simplemente algo que ha ocurrido o que conocemos; un problema exige una respuesta porque afecta a nuestros objetivos o bienestar; una catástrofe representa, en cambio, una situación de consecuencias extraordinariamente graves.

La confusión entre estas tres categorías alimenta el tremendismo: interpretamos cualquier dato desfavorable como si fuera ya un problema grave y cualquier problema como si constituyera una catástrofe.
Esta distinción resulta especialmente pertinente en una época de sobreinformación. Recibimos constantemente datos médicos, económicos, políticos y sociales. El cerebro puede convertir esa acumulación de información en una sensación permanente de amenaza. El ejercicio racional consiste en devolver cada acontecimiento a su verdadera categoría.
En el ámbito de la ansiedad aparece asimismo el trilema Alerta, Alarma y Acción, representado mediante la metáfora de los bomberos. La alerta es la detección de un posible peligro; la alarma es la activación de los mecanismos de defensa ante ese peligro; y la acción es la respuesta concreta destinada a afrontar o resolver la amenaza. El problema aparece cuando la alarma se mantiene encendida aunque no exista un peligro proporcional o cuando la activación no desemboca en una acción eficaz.

Una persona ansiosa puede permanecer atrapada en la anticipación: vigila constantemente, interpreta señales ambiguas como amenazas y se prepara para acontecimientos que quizá nunca sucedan. La finalidad del trilema es transformar esa energía en conducta adaptativa. Detectar, valorar y actuar es diferente de detectar, alarmarse y permanecer paralizado.
Cambiar sin engañarse
Uno de los asuntos más prácticos de Trilemas es el cambio de hábitos. Las personas suelen formular propósitos ambiciosos que fracasan porque confunden lo deseable con lo realizable. Para abordar esta cuestión, el autor propone el Trilema de la efectividad: Auténtico, Factible y Repetible. Un cambio debe ser Auténtico porque tiene que responder realmente a la persona que pretende llevarlo a cabo. No basta con adoptar una conducta porque esté de moda, porque otros la recomienden o porque parezca socialmente admirable. Si el objetivo no tiene una conexión razonable con las propias necesidades y valores, será difícil mantenerlo.

Debe ser Factible porque un propósito imposible es una fuente segura de frustración. El cerebro puede formular objetivos extraordinariamente ambiciosos, pero la conducta cotidiana está sometida a límites de tiempo, energía, circunstancias y capacidades. Un plan ligeramente modesto pero realizable suele tener más posibilidades de producir cambios duraderos que una transformación radical que solo puede mantenerse durante unos días.
Y debe ser Repetible porque la modificación estable de la conducta depende de la repetición. Una acción excepcional puede producir entusiasmo, pero un hábito se construye mediante conductas que pueden incorporarse nuevamente a la vida cotidiana. El verdadero criterio de éxito no es la intensidad de un esfuerzo aislado, sino su capacidad de convertirse en pauta.
Este trilema tiene una consecuencia importante: muchas veces el fracaso de un propósito no demuestra falta de voluntad, sino un diseño defectuoso del propio propósito. Cuando el objetivo no es auténtico, factible o repetible, exigir más fuerza de voluntad puede ser una solución poco inteligente. Es preferible revisar el objetivo y ajustar el sistema.

La misma lógica se aplica al trabajo. El libro diferencia entre Trabajo, Oficio y Profesión. El trabajo puede entenderse como la actividad que realizamos para obtener sustento o cumplir una obligación; el oficio introduce un componente de competencia adquirida, práctica y dominio; y la profesión añade una dimensión de identidad, responsabilidad y reconocimiento social. No todas las personas necesitan convertir su trabajo en una vocación, pero comprender en qué nivel se sitúa nuestra actividad puede ayudar a explicar determinadas formas de satisfacción o desgaste.
Esta cuestión conecta con el denominado burnout. El agotamiento profesional no debe entenderse simplemente como estar cansado después de trabajar mucho. El desgaste aparece cuando las demandas mantenidas superan los recursos disponibles y se deteriora la relación psicológica con la actividad laboral. El tránsito de trabajo a oficio y profesión puede ser enriquecedor cuando proporciona sentido y competencia, pero también puede convertirse en una fuente de sobreidentificación: cuando la persona deja de tener una vida más allá de su actividad profesional, cualquier fracaso laboral amenaza directamente su identidad.

El método de los trilemas invita, por ello, a recuperar proporción. Una profesión puede ser una parte importantísima de la existencia sin convertirse en la totalidad de la existencia.
Tiempo, envejecimiento y decisiones
El envejecimiento constituye otro de los ámbitos en los que el autor aplica su método. Frente a la tendencia a reducir la edad a una cifra, propone distinguir entre Edad cronológica, Edad biológica y Edad biográfica.
La edad cronológica es la que marca el calendario: los años transcurridos desde el nacimiento. Es objetiva y no negociable. La edad biológica se refiere al estado funcional del organismo: dos personas con idéntica edad cronológica pueden presentar condiciones físicas diferentes. La edad biográfica, por último, tiene que ver con la historia vivida, las experiencias, los aprendizajes, las pérdidas, los vínculos y la manera en que cada individuo interpreta su propia trayectoria.

La importancia del trilema reside en que ninguna de estas dimensiones agota por sí sola la realidad de una persona. Una persona puede tener una determinada edad cronológica y conservar una edad biológica favorable, mientras que su biografía puede hacerla sentirse mucho mayor o mucho más joven. El envejecimiento saludable exige aceptar lo que no puede modificarse sin renunciar por ello a intervenir sobre aquello que sí puede cuidarse.
Aquí vuelve a aparecer el principio de control. No podemos detener el paso del tiempo, pero podemos actuar sobre determinados hábitos, relaciones, actividades, expectativas y formas de interpretar nuestra historia. Envejecer bien no significa negar la edad, sino integrarla.
El último gran ámbito es la decisión. El trilema Querer, Poder y Deber (QPD) introduce una dimensión ética particularmente interesante. El Querer representa nuestros deseos y preferencias; el Poder, nuestras posibilidades reales, recursos y limitaciones; el Deber, las obligaciones y responsabilidades que reconocemos. Las decisiones difíciles aparecen precisamente cuando estas tres dimensiones no coinciden.

Podemos querer algo que no podemos conseguir; podemos poder hacer algo que consideramos que no debemos hacer; o podemos sentir que debemos realizar una tarea que no deseamos. La madurez psicológica no consiste en eliminar esa tensión, sino en aprender a reconocerla y deliberar dentro de ella.
Este esquema evita dos extremos. El primero es el voluntarismo: creer que basta con querer para poder. El segundo es el fatalismo: utilizar las limitaciones como justificación para renunciar a toda responsabilidad. Entre ambos se encuentra la deliberación realista: identificar qué deseo tenemos, qué posibilidades existen y qué obligación debemos considerar.
El arte de sentarse sobre el taburete
El conjunto de Trilemas puede interpretarse finalmente como una pequeña teoría práctica del equilibrio psicológico. La imagen del taburete resume bien la propuesta: tres patas proporcionan estabilidad porque ninguna pretende sostener por sí sola todo el peso. Una vida psicológicamente equilibrada funciona de manera parecida.

El método no pretende proporcionar una fórmula matemática para resolver la existencia. Su utilidad está en obligarnos a introducir una tercera dimensión allí donde solemos pensar únicamente en términos binarios. No todo es éxito o fracaso; no todo es sano o enfermo; no todo es peligro o seguridad; no todo es posible o imposible. Entre los extremos existen matices y, sobre todo, relaciones entre variables.
El trilema Auténtico, Factible y Repetible enseña a diseñar cambios sostenibles. Sufrimiento, Incapacidad y Nada ayuda a distinguir el malestar que forma parte de la vida de situaciones que requieren una consideración clínica más seria. Control, Orden y Normalidad señala algunas de las dimensiones que conviene recuperar cuando una persona ha perdido estabilidad. Datos, Problemas y Catástrofes protege frente a la exageración. Alerta, Alarma y Acción convierte la activación ante el peligro en una secuencia potencialmente adaptativa. Trabajo, Oficio y Profesión permite analizar nuestra relación con la actividad laboral. Edad cronológica, biológica y biográfica ofrece una visión más compleja del envejecimiento. Y Querer, Poder y Deber proporciona un marco para comprender los conflictos inherentes a cualquier decisión importante.

Lo interesante es que todos ellos apuntan hacia una misma capacidad: discriminar. La persona equilibrada no es aquella que nunca experimenta emociones intensas, sino aquella que puede distinguir una emoción de un hecho, un peligro de una posibilidad, un problema de una catástrofe, un deseo de una obligación y un sufrimiento pasajero de una incapacidad persistente.
Desde una perspectiva psiquiátrica, esta capacidad de discriminación resulta fundamental. La ansiedad tiende a fusionar posibilidad y certeza; la depresión puede hacer que una dificultad concreta parezca una descripción total de la vida; el agotamiento puede convertir una actividad importante en la totalidad de la identidad; y la incertidumbre puede hacernos exigir a la realidad un grado de control que sencillamente no puede ofrecernos.
Trilemas propone responder a estas tendencias mediante un lenguaje sencillo. Su originalidad no reside tanto en descubrir que la moderación, el equilibrio o el autoconocimiento son importantes (de hecho son ideas muy antiguas) como en convertirlas en instrumentos breves de uso cotidiano.

El autor combina así experiencia psiquiátrica, referencias filosóficas y observación de la vida diaria para construir una especie de manual de autogobierno.
La conclusión puede formularse de una manera muy sencilla: vivir bien no significa conseguir que la vida deje de ser difícil, sino aprender a conservar suficiente equilibrio cuando inevitablemente se vuelve difícil. El control absoluto es imposible, pero existe un control suficiente; la ausencia completa de sufrimiento es irreal, pero existe una capacidad creciente para afrontarlo; y la incertidumbre no puede eliminarse, aunque sí podemos mejorar nuestra manera de responder a ella.
El valor de los trilemas está precisamente ahí. Son pequeños modelos mentales destinados a impedir que una sola variable domine toda nuestra interpretación de la realidad. Cuando una de las tres patas falla, el taburete se inclina. Cuando somos capaces de revisar las tres y, a la vez, aceptar que ninguna será perfecta, recuperamos estabilidad.

En última instancia, el libro propone una forma de higiene mental basada menos en perseguir una felicidad permanente que en aprender a gobernar razonablemente la propia vida. Su mensaje es, por tanto, compatible con una concepción adulta de la salud mental: aceptar la vulnerabilidad sin convertirla en impotencia, reconocer los problemas sin transformarlos automáticamente en catástrofes y actuar sobre aquello que realmente está dentro de nuestro margen de influencia.
Jesús J. de la Gándara Martín (Tornavacas, Cáceres, 1956) es doctor en Medicina y especialista en Psiquiatría (1984); ha ejercido en Burgos como jefe del Servicio de Psiquiatría (1995-2021) y ha sido profesor de las universidades de Burgos y Valladolid. Entre sus distinciones destaca ser académico corresponsal de la Real Academia de
Medicina y Cirugía. Ha publicado unas cincuenta monografías de psiquiatría y ciencias afines, así como una veintena de libros de ensayo, poesía y narración.

Si quieres hacer un comentario, recuerda iniciar sesión o registrarte en el recuadro de la esquina superior derecha de la entrada. Nos encantará leerte. Y si nos das un me gusta haciendo clic en el corazoncito, estaremos más encantados todavía.
Imágenes de elaboración propia mediante la IA de Magnific.






Una guía extraordinariamente útil, ya lo creo.
Muy interesante lo escrito en el blog.a mi parece que es muy difícil cuando algo inesperado te viene y no muy bueno que la mente se pare. Cuesta mucho que los pensamientos se queden quietos. Pero me va a ayudar mucho esta gran explicación que leeré mas de una vez. Gran ayuda.
"Vivir bien no significa conseguir que la vida deje de ser difícil, sino aprender a conservar suficiente equilibrio cuando inevitablemente se vuelve difícil." Me parece la frase más importante del artículo y de la explicación de este sistema. Muy interesante!
Un sistema fácil de entender pero difícil de ejecutar, me parece a mí. Pero gracias al Dr de la Gándara y al Centro de Psicología Aplicada por crealo y divulgarlo, respectivamente.
Sí, a pares.