LOS DIEZ PROBLEMAS PSICOLÓGICOS MÁS FRECUENTES EN ESPAÑA (I)


Muchas personas conviven durante meses o incluso años con dificultades psicológicas que no llegan necesariamente a impedirles trabajar, estudiar, mantener relaciones o atender sus obligaciones cotidianas. Sin embargo, eso no significa que sean problemas menores.
La ansiedad constante, el insomnio, el miedo a determinadas situaciones, un estado de ánimo persistentemente bajo o la tendencia a evitar actividades pueden ir reduciendo de forma progresiva la calidad de vida. A veces la persona se acostumbra al malestar y termina incorporándolo a su identidad: “Yo siempre he sido así”, “Soy una persona nerviosa”, “Duermo mal desde hace años” o “Simplemente no me gustan las situaciones sociales”.
Desde la psicología clínica resulta más adecuado hablar de trastornos de intensidad leve o moderada que de trastornos leves. El diagnóstico describe el tipo de problema; su gravedad depende de la intensidad de los síntomas, de su duración y, sobre todo, de cuánto interfieren en la vida cotidiana.

La terapia cognitivo-conductual, conocida habitualmente como TCC, es la orientación psicológica que cuenta con mayor respaldo científico para controlar numerosos trastornos mentales. Su objetivo no consiste únicamente en hablar sobre lo que le ocurre al paciente, ni mucho menos; sino en comprender qué pensamientos, emociones, conductas y circunstancias están manteniendo el problema y aprender estrategias concretas para modificarlos.
A continuación describimos diez dificultades psicológicas relativamente frecuentes y algunas de las intervenciones que suelen utilizarse desde este enfoque. Mientras los lees piensa si te ves reflejado en alguno de ellas.
1. Depresión de intensidad leve o moderada
La depresión no siempre adopta la forma de una tristeza profunda o de una incapacidad para levantarse de la cama. En sus formas leves o moderadas puede manifestarse como una pérdida gradual de interés, menor energía, dificultad para disfrutar, irritabilidad, problemas de concentración, tendencia al aislamiento y una visión más negativa de uno mismo y del futuro.

En España, diferentes estudios epidemiológicos han situado la prevalencia anual de los episodios depresivos en torno al 4% de la población adulta, aunque las encuestas que miden síntomas depresivos encuentran cifras considerablemente superiores.
Una persona puede continuar trabajando y atendiendo a su familia mientras experimenta internamente una considerable sensación de agotamiento o desmotivación. Precisamente por ello, estos cuadros pueden pasar inadvertidos durante mucho tiempo.
Desde la terapia cognitivo-conductual se presta especial atención a un círculo muy frecuente: cuando una persona se siente deprimida tiende a reducir actividades, relaciones y proyectos; al hacerlo, disminuyen las experiencias gratificantes y la sensación de competencia, lo que a su vez empeora el estado de ánimo. Una intervención habitual es la activación conductual. Esto es, que terapeuta y paciente identifican progresivamente actividades que aporten disfrute, sensación de utilidad, contacto social o dominio personal y las reincorporan de forma planificada en la vida del paciente.

También se trabajan pensamientos automáticos excesivamente negativos, como “Todo me sale mal”, “No sirvo para nada” o “Esto no va a cambiar nunca”. El objetivo no es sustituirlos por pensamientos artificialmente positivos, sino aprender a analizarlos de forma más realista y contrastarlos con la experiencia.
2. Trastorno de ansiedad generalizada
La ansiedad generalizada se caracteriza por una preocupación persistente y difícil de controlar sobre distintas áreas de la vida: salud, trabajo, dinero, hijos, relaciones personales o acontecimientos futuros. Las estimaciones diagnósticas más restrictivas sitúan su prevalencia anual en España alrededor del 0,5%, aunque los síntomas de ansiedad crónica y preocupación excesiva son mucho más frecuentes en la población general y especialmente en atención primaria.
Estas personas suelen describirse como “muy preocupadas” y frecuentemente consideran que preocuparse es una forma de prevenir problemas. Sin embargo, cuando la preocupación se hace constante termina generando tensión muscular, cansancio, irritabilidad, dificultades de concentración y alteraciones del sueño.

Desde la TCC se aprende, en primer lugar, a distinguir entre problemas reales que pueden resolverse y preocupaciones hipotéticas sobre acontecimientos que podrían ocurrir. En el primer caso se entrena la resolución de problemas. En el segundo se trabaja especialmente la tolerancia a la incertidumbre. La persona aprende a reducir comprobaciones, consultas constantes a familiares, búsquedas repetidas de información y otras conductas mediante las cuales intenta obtener una seguridad absoluta que, en la vida cotidiana, difícilmente existe.
La finalidad no es conseguir que alguien deje de preocuparse por completo, sino que pueda convivir con un grado razonable de incertidumbre sin organizar su vida alrededor de la anticipación de posibles amenazas.
3. Ansiedad social
La ansiedad social va bastante más allá de la timidez. La persona teme ser juzgada negativamente, parecer incompetente, ponerse nerviosa delante de otros o hacer algo que provoque vergüenza. Puede evitar hablar en público, intervenir en reuniones profesionales, iniciar conversaciones, acudir a determinadas celebraciones o expresar desacuerdo.

Su prevalencia anual en España se sitúa aproximadamente alrededor del 0,6%, aunque determinadas investigaciones encuentran porcentajes algo superiores. Lo característico es que muchas personas con ansiedad social funcionan aparentemente bien. Trabajan, estudian y mantienen relaciones, pero van organizando sus decisiones para evitar aquellas situaciones en las que podrían sentirse observadas o evaluadas.
La terapia TCC utiliza especialmente la exposición a las situaciones temidas. No se trata simplemente de “obligarse a hacer cosas”, sino de diseñar situaciones que permitan comprobar si las predicciones negativas realmente se cumplen. Por ejemplo, alguien puede estar convencido de que si se queda unos segundos en blanco durante una presentación los demás pensarán que es incompetente. Durante el tratamiento puede aprender a afrontar deliberadamente pequeñas imperfecciones y observar las reacciones reales de los demás.
4. Fobias específicas

Las fobias específicas consisten en un miedo intenso y persistente ante determinados objetos o situaciones: animales, agujas, sangre, tormentas, ascensores, alturas, aviones, conducción, espacios cerrados y muchos otros estímulos. Se encuentran entre los trastornos de ansiedad más frecuentes. Los estudios epidemiológicos españoles han situado su prevalencia anual alrededor del 3,5-4%. Algunas fobias interfieren relativamente poco en la vida diaria. Otras terminan condicionando decisiones profesionales, viajes, tratamientos médicos o relaciones personales.
El tratamiento cognitivo-conductual más eficaz suele basarse en la exposición progresiva al estímulo temido. La persona aprende a permanecer ante aquello que teme el tiempo suficiente para comprobar que puede tolerar la ansiedad y que muchas de las consecuencias anticipadas no llegan a producirse.

Actualmente no se busca únicamente que la ansiedad desaparezca durante la exposición. Se pretende, sobre todo, que la persona aprenda algo nuevo: “Puedo sentir miedo y aun así permanecer aquí”, “Puedo subir a un ascensor sin escapar” o “Una sensación intensa de ansiedad no significa necesariamente que vaya a ocurrir algo peligroso”.
5. Trastorno de pánico
Un ataque de pánico consiste en una aparición brusca de miedo intenso acompañada de sensaciones físicas como palpitaciones, dificultad para respirar, mareo, sudoración, temblor, sensación de irrealidad o miedo a perder el control. Cuando estas crisis se repiten y la persona comienza a vivir pendiente de la posibilidad de sufrir otra, puede desarrollarse un trastorno de pánico. Su prevalencia anual en España se sitúa aproximadamente alrededor del 0,5-0,7%.
Uno de sus principales mecanismos psicológicos es la interpretación catastrófica de las sensaciones corporales. Así, una persona nota un aumento del ritmo cardiaco y piensa “voy a tener un infarto”. Ese pensamiento aumenta todavía más la ansiedad y las palpitaciones, que parecen confirmar que existe un peligro real.

La terapia cognitivo-conductual enseña a identificar y cuestionar estas interpretaciones. Además, utiliza frecuentemente la exposición interoceptiva, que consiste en provocar de forma controlada algunas de las sensaciones temidas (por ejemplo, aumento de la frecuencia cardiaca o sensación de mareo) para aprender que esas sensaciones pueden resultar desagradables sin ser necesariamente peligrosas. Con el tiempo disminuye el denominado “miedo al miedo”.
6. Agorafobia
La agorafobia se caracteriza por el temor a encontrarse en situaciones de las que la persona cree que sería difícil escapar o recibir ayuda si se sintiera mal. Puede aparecer en transportes públicos, centros comerciales, grandes superficies, lugares muy concurridos, espacios abiertos o cuando la persona se encuentra lejos de casa. Su prevalencia anual se sitúa aproximadamente alrededor del 0,3% de la población.

El problema suele comenzar de manera gradual. Alguien deja de utilizar el metro, después evita conducir por determinadas carreteras, más tarde necesita ir acompañado y finalmente su espacio de autonomía puede reducirse considerablemente.
Desde la TCC se utiliza principalmente la exposición progresiva en situaciones reales. Paciente y terapeuta establecen una jerarquía de situaciones que se afrontan gradualmente, procurando reducir aquellas conductas que funcionan como garantías excesivas de seguridad: depender siempre de un acompañante, sentarse junto a una salida o abandonar inmediatamente una situación ante las primeras señales de ansiedad. El objetivo no es conseguir una sensación absoluta de seguridad antes de actuar, sino recuperar autonomía a pesar de que inicialmente pueda existir ansiedad.
Si te ves reflejado en algunas de estas situaciones, no dudes en consultarnos. Además, te esperamos en la segunda parte de este artículo.

Si quieres hacer un comentario, recuerda iniciar sesión o registrarte en el recuadro de la esquina superior derecha de la entrada. Nos encantará leerte. Y si nos das un me gusta haciendo clic en el corazoncito, estaremos más encantados todavía.
Imágenes de elaboración propia mediante la IA de Open AI.






¿La exposición progresiva es útil en todos los casos o sólo cuando se realiza controladamente con un psicólogo?
A veces creo que los tengo todos pero no es broma
Muy bien, aunque quizá se eche un poco de menos alguna explicación con más detalle sobre la terapia cognitivo-conductual y su diferencia con otros enfoques.
Muy bien explicado, lo encuentro muy útil. Espero con mucho interés la continuación.
A ver si en la continuación dicen algo del narcisismo...