• Maribel Gámez

Abandono emocional: qué es y cómo influye en la adultez


Cuando se es niño


Una relación especial se genera entre un bebé en desarrollo y algunas de las personas de su entorno. El bebé las elige sabiamente, entre las que percibe que atienden mejor sus necesidades. Son las figuras de apego, que suelen ser el padre, la madre o el cuidador habitual del niño. Entre las funciones de esas figuras está ayudar al pequeño a identificar, expresar y gestionar sus emociones como parte del desarrollo esencial del ser humano en el que se convertirá. Pero, ¿qué ocurre cuando se da un “abandono emocional” en el desarrollo del niño? El termino abandono nos obliga a hablar de la infancia, ya que solo a una persona que depende necesariamente de otras para vivir se la puede abandonar.

En esta clasificación entran los niños pero también las personas muy mayores, con problemas físicos o psicológicos graves, entre otros. Sin la ayuda de los demás se las deja en el desamparo absoluto, ya que no son capaces de generar recursos por ellos mismos, por eso se le llama abandono. Por abandono emocional se puede entender una serie de comportamientos que las figuras de apego demuestran hacia los niños. Castigarles cada vez que expresen emociones, no ayudarles a poner nombre a lo que sienten, o no calmarles cuando estén desbordados por ellas, son ejemplos de comportamientos parentales que pueden generar que el niño este y se sienta abandonado a su suerte en el área emocional. Como siempre, estas situaciones son complejas y pueden darse en una gradación: desde una nula atención emocional al niño, como ocurre en casos de negligencia grave, a una atención intermitente adecuada por parte de las figuras de apego. Se puede dar, especialmente, en situaciones de separación forzosa, como, por ejemplo, en las hospitalizaciones prolongadas en el tiempo.


¿Qué puede aprender un niño en una situación de “abandono emocional”? A no saber cómo gestionar sus emociones debidamente, a desbordarse con facilidad con lo que la vida le trae y a temer que las figuras que, en algún momento sí que han sabido acoger esas emociones, desaparezcan. Aún necesita al otro para realizar ese aprendizaje, una base segura desde la que luego pueda separarse sin miedo y con recursos.


Cuando se es adulto


Ese niño va creciendo y con esos aprendizajes infantiles, si no hay otros que los contrarresten, se hace adolescente y adulto. Sigue pendiente una tarea que no ha podido hacerse antes, en la niñez, que es la capacidad, por sí mismo, de identificar, expresar adecuadamente y gestionar sus emociones. Necesita a los demás para regularse. La variedad de comportamientos puede ser infinita pero se pueden ejemplificar algunos de ellos. Son personas que pueden sentir un miedo atroz a que su pareja u otras personas significativas, les abandone, sin que haya señales de que eso vaya a ocurrir. O también pueden, al estar especialmente atentos a cómo el otro se comporta, interpretar situaciones cotidianas como negligencia emocional por parte de su pareja. Que esta tarde varios minutos en contestar un Whatsapp o que quiera quedar a menudo con los amigos, pueden ser comportamientos amenazantes para estas personas que probablemente responderan con profunda tristeza o rabia. Las sensaciones intensas de desamparo, soledad y angustia ante este tipo de situaciones pueden dar la clave para saber que se esta ante un problema que requiere atención profesional.


¿Cómo se soluciona?


Como he dicho antes, estas personas tienen un aprendizaje pendiente que necesita del otro para completarse. Lo primero es establecer una relación con alguien que les pueda ir ayudando en las tareas de identificación, expresión y regulación emocional, con el fin último de que puedan ser autónomos. Lo segundo es aprender a tolerar las emociones que aparecen cuando interpretan que pueden no estar siendo atendidos en sus emociones y no sea cierto. A esto hay que combinarle un trabajo de cuestionamiento de las ideas que surjan en la interpretación errónea de esas situaciones. Que puedan ver la realidad más allá de sus miedos. Como es tan importante la ayuda del otro en el crecimiento de estas personas, especialmente doloroso es que establezcan relaciones, del tipo que sea, con personas frías emocionalmente hablando, o que desaparezcan de sus vidas sin avisar, o que tengan como recurso el silencio o el rechazo a la hora de tratar los problemas que surjan en esas relaciones. Y es que para las personas que han sufrido abandono emocional en la infancia estas vivencias solo confirmarían la imposibilidad de encontrar a otro que les ayude a aprender a vivir sin miedo y con autonomía.


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