CADA AÑO HABLAMOS MENOS. Y MENOS AÚN LOS JÓVENES


¿Tienes la percepción de que cada vez con más frecuencia las comunicaciones con las personas de tu entorno se basan en emoticonos, memes, gifts y otros recursos que suponen menor esfuerzo intelectual que las palabras y los razonamientos? Pues sí es así, tu percepción es correcta. Y no sólo es una realidad, sino que además ya está cuantificada en una investigación publicada en Sage Journals el pasado 20 de marzo por Valeria A. Pfeifer, del Departamento de Psicología y Orientación de la Universidad de Missouri–Kansas City, y Matthias R. Mehl, del Departamento de Psicología de la Universidad de Arizona.
Su trabajo, Sliding Into Silence? We Are Speaking 300 Daily Words Fewer Every Year, parte de los datos recopilados en un estudio de 2025 realizado por Tidwell et al. que presentan estimaciones de palabras habladas diariamente por 2.197 participantes basadas en un análisis cuidadoso de grabaciones de audio ambiental muestreadas pasivamente de su vida diaria. Los participantes, con edades comprendidas entre los 10 y los 94 años, formaron parte de 22 estudios realizados a lo largo de 14 años y residían principalmente en Estados Unidos, así como en México, Australia y Europa.

El informe arrojó una estimación para el número promedio de palabras habladas por día de 12.792, una estimación notablemente inferior a la que arrojaba un estudio anterior de 2007 realizado por Mehl et al. utilizando el mismo método sobre 15.959 participantes. Se constataba fehacientemente que los hablantes habíamos perdido palabras con el transcurso del tiempo.
Al relacionar las estimaciones de las palabras habladas diariamente por los participantes con el año en que se recopilaron sus datos, se descubrió que, entre 2005 y 2019, se pronunciaron un promedio de 338 palabras menos por día, según la estimación mediante modelado multinivel bayesiano. A primera vista, unas 300 palabras parecen una pérdida pequeña e insignificante, como si no tuviera mucha importancia. Y, de hecho, este hallazgo quedó finalmente eclipsado por una publicación repleta de resultados aparentemente más interesantes, más amplios y más controvertidos.

Pero, por insignificantes que parezcan 338 palabras al día, la pérdida de estas palabras habladas diariamente se acumula inevitablemente. Significa que, cada año, hablamos más de 120.000 palabras menos que el año anterior. Entre 2005 y 2019, la reducción en el número estimado de palabras habladas por día fue de aproximadamente un 28%. Esta pérdida de palabras refleja conversaciones reales, tanto importantes como triviales, que dejamos de tener con los demás. Si bien valorara el significado y las consecuencias de esta pérdida es difícil, hay muchas preguntas sobre esas conversaciones que estos datos no pueden responder. ¿Se perdieron con amigos, familiares o desconocidos? ¿Afectaron por igual a todos o solo a unos pocos? ¿De qué trataban esas conversaciones? Y, lo que es más importante, ¿podemos cuantificar los costos individuales y sociales de la pérdida de estas conversaciones?
Aunque el periodo de recopilación de datos coincide con el auge de la comunicación digital, como los mensajes de texto, el correo electrónico o las redes sociales, actualmente no está claro si las conversaciones digitales contribuyen a la pérdida de la comunicación oral y si pueden compensarla.

Ante esta posibilidad, sería importante comprender mejor si las conversaciones escritas y orales son cualitativamente diferentes y de qué manera, y cómo las conversaciones digitales fuera de nuestras redes sociales presenciales contribuyen a la soledad o pueden ayudar a contrarrestarla. Con la debida prudencia profesional como psicólogos, los autores se inclinan por considerar que las conversaciones orales, en directo, implican procesos sociales y cognitivos diferentes a los de las conversaciones escritas, y que dichas conversaciones en directo pueden generar beneficios para el bienestar que las aplicaciones y las redes sociales no pueden reemplazar fácilmente.
Un factor que podría ser informativo al considerar el papel de la tecnología en la pérdida de la conversación oral es la edad. Las personas más jóvenes son más propensas a usar tecnologías como mensajes de texto o redes sociales para comunicarse que los adultos mayores, y, si las palabras habladas se convierten en texto, los adultos jóvenes deberían perder más palabras que las personas mayores. Para probar esta posibilidad, los autores dividieron la muestra aproximadamente por la mitad en el umbral de desarrollo de 25 años de edad, separando la adolescencia y la adultez emergente de la adultez temprana, media y mayor, y repitieron el análisis dentro de cada grupo de edad.

Los investigadores encontraron que los participantes menores de 25 años, un total de 980, perdieron 451 palabras por cada año que pasó desde 2005, mientras que los participantes mayores de 25 años, un total de 1.146, perdieron 314 palabras por año. Así, los participantes más jóvenes perdieron aproximadamente un 44 % más de palabras que los participantes mayores con el paso de los años. Esta información, de carácter meramente descriptivo, añade una faceta interesante, ya que parece que, si bien la edad, y por extensión, la tecnología, influye en la cantidad de palabras que se pierden cada año, no explica por completo la tendencia descendente observada. Esto sugiere que existen factores, además de la tecnología, como los cambios estructurales en la forma en que nuestra sociedad se reúne y se comunica, que están ocurriendo y afectando a todos.
Es obvio que cuando hablamos menos, nos comunicamos. Con cada palabra que perdemos, desgastamos nuestras conexiones con los demás. Esta pérdida es alarmante porque ya estamos en medio de una "epidemia" de soledad, como considera el Cirujano General de EE. UU. en una publicación de 2023, en la que el aislamiento social y la pérdida de conexión con los demás se han convertido en un problema de dimensiones sociales. Al perder palabras, perdemos la conexión social cotidiana, lo que posiblemente constituye una fuente esencial de nuestro bienestar diario.

De la misma manera que hay vínculos claros entre la soledad y los malos resultados de salud hay evidencia igualmente clara de una relación entre la cantidad de conversaciones diarias y el bienestar, como pusieron de manifiesto en su estudio de 2025 Merolla y Hall.
Es imperativo aplicar nuestros mejores conocimientos científicos para comprender estos lentos cambios sociales que afectan nuestras vidas, sobre todo porque pronunciar 300 palabras adicionales al día puede ofrecer a cada persona una manera sencilla de contrarrestar su aislamiento y, por ende, de mitigar la actual epidemia de soledad. Por ejemplo, 300 palabras al día podrían ser una breve conversación en el pasillo con un vecino, un compañero de trabajo o incluso un desconocido. Un chiste contado a nuestros seres queridos. Una respuesta más detallada a la pregunta: "¿Qué tal tu día?". Para evitar caer en el silencio, debemos actuar ahora para recuperar algunas de esas 300 palabras que, apenas el año pasado, aún compartíamos con nuestros semejantes.

Después de entender todo lo anterior no puede extrañar que algunos jóvenes se dediquen alegremente a farmear aura en las calles y plazas, sustituyendo la comunicación mediante el lenguaje por un código de señales. Pierden conocimiento, pero ganan aura (empaque, presencia, prestigio…), sea eso lo que sea tan valorado por esta nueva generación. Le dedicaremos un próximo artículo en el Blog del Centro.
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Muy buen artículo.
Lo de farmear aura es sencillamente increíble.
No sé si mi ejemplo tiene valor, pero lo cuento por si acaso. Desde hace muchos años en mi hípica trabaja un experto equino con el que me llevo muy bien, y sé sin ninguna duda que el motivo de la buena colaboración es la acusada comunicación profesional que hay entre nosotros. Pues bien, hace un año comenzó a trabajar con nosotros su hijo, que teóricamente tiene más conocimientos que su padre, al menos más títulos, pero la relación con el muchacho es complicada, y cada día más, en lugar de mejorar. He hablado con su padre del tema y me dice que el tampoco se acaba de entender con su hijo. Porque no le cuenta lo que en realidad…
Me parece genial que se hable de este tema buen articulo. Mi opinión esque es verdad cada vez nos comunicamos menos sobre todo los jóvenes siempre con las redes sociales. Para mí escuchar la voz de las personas con la que hablo me hace sentirme bien. Cuando llamo a un médico y me sale el argorismo me pongo mala quisiera escuchar una voz humana. El vacío y la soledad, es lo que cada vez tenemos más en este mundo.
A mí me parece que los farmeos son tremendamente aburridos, más me sorprenden los espectadores que los participantes.