PISA 2025 España. Desplome histórico que revela un deterioro estructural del sistema educativo


Los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA) 2025, publicados el 8 de septiembre de 2026 por la OCDE, sitúan a España en sus peores registros históricos en las tres competencias troncales: lectura, matemáticas y ciencias. Los estudiantes de 15 años obtuvieron 451 puntos en lectura (23 menos que en 2022), 457 en matemáticas (16 menos) y 477 en ciencias (8 menos). Estas cifras no solo están por debajo de los promedios de la OCDE (aproximadamente 461 en lectura, 463 en matemáticas y 482 en ciencias) y de la Unión Europea, sino que marcan mínimos desde el inicio de la serie en el año 2000.
Veinte puntos en la escala PISA equivalen aproximadamente a un año de escolarización. La caída en lectura supone más de un curso completo perdido respecto a 2022 y más de dos cursos respecto a 2015. En matemáticas, el descenso acumulado desde 2015 se acerca a 30 puntos. El deterioro es más pronunciado en España que en el promedio de la OCDE, donde también se observa un retroceso generalizado, pero de menor intensidad.

Esta edición es la primera en la que la práctica totalidad del alumnado evaluado se ha formado bajo el currículo de la LOMLOE (Ley Orgánica de Modificación de la LOE), aprobada a finales de 2020 e implantada de forma progresiva hasta el curso 2023-2024. La ley redujo el peso de los contenidos disciplinares en favor de un enfoque competencial más difuso, flexibilizó la promoción y la obtención del título de la ESO (permitiendo graduar con suspensos y eliminando límites estrictos), diluyó la evaluación numérica y otorgó mayor protagonismo a criterios cualitativos y a la “educación en valores”. Críticos de la reforma han señalado desde su aprobación que estas medidas disminuyen el esfuerzo exigido al estudiante y la exigencia académica. Los datos de 2025 son coherentes con esa predicción: el rendimiento ha caído de forma generalizada y más acusada que en el entorno internacional.
Madrid encabeza el rendimiento escolar

La fotografía territorial confirma un patrón ya conocido, pero agravado. Las comunidades con mejores resultados absolutos siguen siendo, en líneas generales, Madrid, Castilla y León, Asturias y Cantabria. En lectura, Asturias lidera con 471 puntos, seguida de Madrid (469) y Castilla y León (466). En matemáticas, Madrid alcanza 477, Castilla y León 472, Cantabria 470 y Asturias 469, todas por encima del promedio OCDE/UE. En ciencias, Madrid obtiene 495, Castilla y León 493, Asturias 492 y Cantabria 490.
En el extremo opuesto se sitúan, de forma reiterada, la Comunidad Valenciana, el País Vasco, Andalucía, Canarias, Baleares y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Valencia registra 424 en lectura, 435 en matemáticas y 450 en ciencias; el País Vasco, 419 en lectura y 459 en ciencias (en matemáticas se sitúa cerca de la media nacional). Las diferencias entre Madrid y Valencia equivalen a más de dos cursos escolares en ciencias y matemáticas.

Todas las comunidades, con contadas excepciones parciales (como Castilla-La Mancha en algunas áreas), experimentan descensos respecto a 2022. Los más intensos se concentran precisamente en algunas de las regiones con peores puntuaciones absolutas. Galicia, que históricamente se ha situado en la zona media-alta, también registra caídas relevantes (31 puntos en lectura, alrededor de 20 en matemáticas y ciencias), aunque mantiene resultados superiores a la media nacional.
El caso particular de las comunidades con lenguas cooficiales
El deterioro se manifiesta de manera especialmente grave en varias comunidades con lenguas cooficiales. El País Vasco, que en ediciones anteriores ocupaba posiciones intermedias o relativamente favorables, sufre un desplome notable y queda entre los últimos puestos en lectura y ciencias. Algunos análisis vinculan este deterioro a décadas de políticas de inmersión lingüística prioritaria en euskera, que han reducido el tiempo y la intensidad de la enseñanza en castellano y de las materias instrumentales impartidas en esa lengua. La caída acumulada en ciencias respecto a los primeros ciclos en los que participó la comunidad es de decenas de puntos.

La Comunidad Valenciana presenta un cuadro similar de hundimiento, con las peores puntuaciones autonómicas comparables (solo superada negativamente por Ceuta y Melilla en varios dominios) y los descensos más abultados respecto a 2022. El modelo lingüístico valenciano, con un peso significativo del valenciano en la enseñanza, coincide con un rendimiento especialmente bajo en comprensión lectora, competencia básica que condiciona el resto.
Cataluña ha sido excluida de las comparaciones oficiales internacionales y autonómicas válidas por realizar trampas descaradamente. La tasa de exclusión de alumnos seleccionados alcanzó el 23,2 % (591 de 2.545), muy por encima del umbral del 5 % que la OCDE considera compatible con la representatividad de la muestra. Los estudiantes que finalmente realizaron la prueba obtuvieron puntuaciones relativamente altas (473 en lectura, 474 en matemáticas, 502 en ciencias), pero estos resultados no son comparables ni con el resto de España ni con ediciones anteriores de la propia Cataluña, precisamente porque la muestra deja de ser representativa del conjunto del alumnado.

Galicia, con un modelo de bilingüismo más equilibrado en la práctica, mantiene resultados por encima de la media española, aunque el descenso respecto a 2022 es acusado. El contraste entre estas comunidades y las de tradición monolingüe en castellano (Madrid, Castilla y León, Asturias) sugiere que las políticas lingüísticas de inmersión prioritaria en la lengua cooficial, cuando se combinan con una reducción general de la exigencia curricular, generan un coste adicional en el dominio de las competencias básicas evaluadas por PISA, que se realizan en la lengua de instrucción principal del alumno o en castellano según el diseño de la prueba.
El papel de la LOMLOE y la disminución de contenidos y esfuerzo
La coincidencia temporal es clara: los alumnos de 15 años evaluados en 2025 han cursado la mayor parte de la Educación Secundaria Obligatoria bajo la LOMLOE. La ley priorizó un enfoque competencial genérico frente a la secuenciación rigurosa de contenidos disciplinares, eliminó o redujo la repetición de curso como mecanismo de recuperación, facilitó la promoción automática o casi automática y restó peso a las calificaciones numéricas.

Todo ello se traduce, en la práctica, en una disminución del esfuerzo exigido al estudiante y en una menor presión sobre el dominio de conocimientos sólidos.
El Gobierno español ha reconocido que los resultados no son buenos, pero ha rechazado una vinculación directa con la LOMLOE, atribuyendo el deterioro a factores globales (pantallas, menor lectura, efectos residuales de la pandemia) y a tendencias internacionales. Sin embargo, el hecho de que el descenso español sea más intenso que el promedio de la OCDE, y que se produzca precisamente en la primera cohorte plenamente formada bajo la nueva ley, debilita esa defensa. La propia OCDE ha documentado que el deterioro lector entre 2018 y 2025 equivale a más de un año de aprendizaje en el conjunto de los países, pero España duplica prácticamente la magnitud de la caída en varias áreas.
En este sentido resulta especialmente significativa la disminución del nivel de alumnos excelentes. El porcentaje de alumnos brillantes (por encima de los niveles 5 y 6 de rendimiento) también ha caído y se reduce a sólo el 7% del total. En ciencias es incluso peor: el 5%.

Por el contrario, el fracaso afecta a cada vez más: un 18,4% de los estudiantes estarían en la franja del suspenso (por debajo del nivel 2). Tampoco se puede desdeñar que Madrid, que encabeza el rendimiento, avisó que incumpliría la LOMLOE y superaría sus criterios.
Un sistema que reduce contenidos, flexibiliza la promoción y minimiza la evaluación rigurosa tiende a generar estudiantes con menor dominio de las herramientas básicas (lectura comprensiva, razonamiento matemático, conocimiento científico). Cuando a ello se suman políticas lingüísticas que restan horas efectivas a la lengua vehicular principal de las pruebas internacionales o a las materias instrumentales, el resultado es previsible: un deterioro más acusado. El abuso de las pantallas y la disminución de la comunicación, tanto oral como escrita entre los jóvenes, cierra el círculo vicioso hacia el abismo.
Posición relativa de España en el contexto de la OCDE

España se sitúa claramente por debajo de la media de la OCDE y de la UE en las tres competencias. En lectura ocupa posiciones en torno al puesto 30-35 de los países participantes; en matemáticas, cerca del 35; en ciencias, alrededor del 32. Queda lejos de los sistemas de alto rendimiento (Japón, Corea, Estonia, Irlanda) y por detrás de países europeos como Alemania, Francia o Italia en varios dominios. La distancia respecto a los líderes se mide en decenas de puntos, equivalentes a dos o más cursos escolares.
Aunque España mantiene una cierta equidad relativa (las diferencias entre alumnos de distinto nivel socioeconómico no son de las más altas), el deterioro es generalizado y, según algunos análisis, más intenso incluso entre los estudiantes de entornos favorecidos.
Conclusión: un desastre educativo sin paliativos

Los resultados de PISA 2025 no admiten lecturas complacientes. España registra sus peores datos históricos en las tres competencias fundamentales. El descenso es considerablemente más pronunciado que el promedio internacional. Las diferencias territoriales se agravan, con un rendimiento especialmente bajo en comunidades como Valencia y el País Vasco. La exclusión de Cataluña por falta de representatividad de la muestra añade un elemento de opacidad. Y todo ello ocurre tras la plena implantación de una ley que, de forma deliberada, redujo el peso de los contenidos, facilitó la promoción y disminuyó la exigencia de esfuerzo.
No se trata de una fluctuación estadística ni de un efecto exclusivamente pandémico. Es la materialización de un modelo educativo que ha priorizado la apariencia de inclusión y el alivio de la presión académica sobre la adquisición real de conocimientos y competencias. Mientras no se recupere el rigor curricular, la exigencia evaluativa y un equilibrio lingüístico que no penalice el dominio de las herramientas básicas de aprendizaje, el deterioro seguirá profundizándose.

Los datos de 2025 constituyen una advertencia inequívoca: el sistema educativo español está fallando a una generación completa de estudiantes, lo que indudablemente repercutirá en todos los aspectos laborales, sociales y económicos en el inmediato futuro. Y si no se ataja será mucho peor y cada vez más difícil de revertir.
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O se toman medidas por parte de todos o la sociedad acabará desestructurada y en manos de una minoría que tendrá todas las claves para SER el poder.
Un buen artículo sobre el tema de Soto Ivars: 'Cabezas vacías, aulas llenas?.
https://www.abc.es/opinion/juan-soto-ivars-cabezas-vacias-aulas-llenas-20260912192054-nt.html
Tic, tac...tic, tac...
Coincido con la mayoría de los contetulios. Esta educación lleva la sociedad a la ruina.
La cuestión es: ¿y ahora qué hacemos?