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EL FLIRTEO ES COSA DEL VERANO

  • Foto del escritor: Centro de Psicología Maribel Gámez
    Centro de Psicología Maribel Gámez
  • hace 5 días
  • 5 min de lectura

El verano, ese laboratorio donde se pierde la vergüenza 


El flirteo es cosa del verano. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

El verano tiene algo de experimento natural. Cambian los horarios, disminuye la supervisión social, la ropa ocupa menos espacio que las expectativas y el cerebro interpreta que, si el calendario se ha tomado vacaciones, quizá las normas también puedan descansar unos días. Desde la psicología sabemos que los contextos modifican la probabilidad de una conducta mucho más de lo que nos gusta admitir. No somos exactamente personas distintas en verano, somos la misma persona sometida a unas circunstancias novedosas.

 

El fenómeno tiene además una explicación deliciosamente trivial. Cuando desaparecen las rutinas, aumenta la incertidumbre; y la incertidumbre, bien administrada, resulta sorprendentemente estimulante. Una conversación en la cola de un chiringuito parece más interesante que la misma conversación junto a la máquina de café de la oficina. No sólo ha cambiado el interlocutor, ha cambiado también el escenario. El cerebro, siempre dispuesto a confundirse con elegancia, atribuye al otro parte del encanto que en realidad pertenece al paisaje, a la luz del atardecer y al hecho de que nadie tenga una reunión a las ocho de la mañana siguiente. 


El flirteo es cosa del verano. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

Por eso conviene empezar desmitificando el famoso "ligue de verano". No es una categoría clínica, ni un trastorno adaptativo, ni un milagro antropológico. Es, sencillamente, una conducta favorecida por un contexto excepcional. Lo interesante no es que ocurra; lo verdaderamente fascinante es lo que cada uno hace con ella cuando septiembre vuelve a poner las cosas en su sitio.

 

Solos, mal acompañados y razonablemente felices

 

Existe una cierta presión estacional para no pasar las vacaciones solo, como si la felicidad necesitara necesariamente una fotografía compartida. Sin embargo, la experiencia demuestra que la soledad elegida suele ser bastante más saludable que muchas compañías improvisadas. El problema nunca ha sido estar solo, el problema consiste en sentirse obligado a dejar de estarlo a cualquier precio. Esa urgencia convierte a personas perfectamente sensatas en inversores de alto riesgo con un criterio sorprendentemente laxo a la hora de elegir pareja. 


El flirteo es cosa del verano. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

Después aparece la categoría del mal acompañado, una figura clásica del verano. Es ese compañero de viaje emocional que parecía divertido en la tercera sangría y resulta insoportable cuando hay que decidir dónde aparcar. La convivencia acelerada posee una extraordinaria capacidad para comprimir meses de incompatibilidades en apenas cuatro días. Desde un punto de vista psicológico, es un excelente detector de personalidad: basta observar cómo responde alguien cuando pierde las llaves, se retrasa un tren o el restaurante elegido está completo.

 

Mucho menos visible, aunque infinitamente más recomendable, es quien disfruta de su propia compañía sin convertirla en un manifiesto filosófico. Viaja, conversa, conoce gente, acepta invitaciones y también rechaza algunas. No necesita demostrar independencia ni coleccionar conquistas para justificar el billete de vuelta. Ha comprendido algo extraordinariamente sencillo: las vacaciones no son un examen de popularidad, sino una oportunidad para ensayar versiones más ligeras de uno mismo. 


El flirteo es cosa del verano. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

Los que viajan en pareja... y lo inesperado

 

Las parejas consolidadas llegan al verano con un curioso equilibrio entre el amor y la logística. Durante el resto del año apenas disponen de tiempo para aburrirse juntos; en vacaciones descubren que compartir veinticuatro horas diarias constituye una actividad mucho más exigente de lo que sugerían las canciones románticas. Es entonces cuando aparecen las pequeñas negociaciones: playa o montaña, museo o siesta, lectura o excursión. Ninguna destruye una relación, pero puede crear roces.

 

Y luego está el asunto de que existen más personas cuando te vas de vacaciones. Conviene reconocerlo con naturalidad: que una persona comprometida observe a otras personas atractivas pertenece a la normalidad, a la curiosidad del ser humano no tiene por qué  ser interpretado como una traición. El ojo humano no firma contratos de exclusividad. Otra cuestión muy distinta es convertir cada estímulo visual en un proyecto de investigación aplicado. La diferencia entre mirar y complicarse la existencia suele medirse en apenas tres segundos. 


El flirteo es cosa del verano. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

La psicología lleva décadas recordándonos que sentir una tentación y actuar sobre ella son fenómenos completamente distintos. Confundir ambos conduce a una culpabilidad innecesaria o, peor aún, a justificar cualquier conducta apelando a una supuesta espontaneidad emocional. El autocontrol no consiste en no desear nada, consiste en decidir qué merece realmente la pena cuando el entusiasmo inicial baja de intensidad. Dicho de otro modo, regresar con la pareja, con el bronceado y con la conciencia razonablemente tranquila suele ser un excelente balance vacacional.

 

Adolescencia, madurez y otras edades en las que seguimos improvisando

 

La adolescencia vive el verano como una sucesión de posibilidades infinitas. Cada conversación puede convertirse en una historia memorable y cada despedida parece definitiva. Es una etapa maravillosa para equivocarse con entusiasmo. Aprender que el rechazo no mata, que el consentimiento no admite interpretaciones creativas y que el afecto no se mide por la velocidad de respuesta a un mensaje constituye probablemente un aprendizaje mucho más valioso que cualquier romance efímero. 


El flirteo es cosa del verano. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

En la juventud adulta aparece otro fenómeno igualmente interesante: la ilusión de que todas las oportunidades son irrepetibles. Se aceptan relaciones porque "ya veremos", se mantienen porque "sería una pena" y se prolongan hasta octubre porque comprar un billete de tren resulta emocionalmente más sencillo que mantener una conversación incómoda. El coste de evitar un pequeño malestar inmediato suele convertirse, semanas después, en un problema bastante más complejo.

 

A partir de cierta edad las cosas cambian. Se liga menos con las hormonas y bastante más con el sentido del humor, la conversación y la capacidad de escuchar sin consultar el teléfono cada treinta segundos. Descubrir que todavía se puede seducir, emocionar o simplemente disfrutar de una buena complicidad tiene un efecto terapéutico inesperado. Ya no se busca tanto demostrar que uno sigue siendo joven como confirmar algo mucho más interesante: que sigue estando vivo, curioso y disponible para sorprenderse. 


El flirteo es cosa del verano. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

El único recuerdo imprescindible

 

Existe una forma muy sencilla de evaluar unas buenas vacaciones. No consiste en contar teléfonos intercambiados, besos acumulados ni promesas pronunciadas bajo una luna que sin duda también iluminaba a otras parejas haciendo exactamente las mismas promesas. El verdadero indicador es mucho más discreto: volver siendo alguien ligeramente mejor que quien hizo la maleta. Más sereno, más consciente, más divertido o simplemente más descansado. Cualquiera de esas ganancias supera con creces el valor estadístico de un romance estacional.

 

Las personas solemos regresar exactamente con aquello que fuimos capaces de construir durante el viaje. Algunos vuelven cargados de fotografías y vacíos de conversaciones; otros regresan con una agenda repleta y una paciencia completamente agotada. También están quienes descubren una amistad inesperada, recuperan el gusto por leer, aprenden a estar solos sin sentirse abandonados o recuerdan que reír con alguien sigue siendo una de las formas más elegantes de intimidad. Ninguno de esos recuerdos ocupa espacio en la maleta y, sin embargo, son los únicos que resisten bien el otoño. 


El flirteo es cosa del verano. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

Así que sí, si aparece un ligue de verano, recíbelo con cortesía, sentido del humor y una dosis saludable de pensamiento crítico. Las mejores vacaciones no siempre son aquellas en las que ocurre algo extraordinario, suelen ser aquellas en las que uno regresa habiendo perdido únicamente un poco de estrés y habiendo ganado algo mucho más difícil de encontrar durante el resto del año: una versión de sí mismo con menos prisa, más criterio y suficientes historias como para sonreír cuando vuelva a sonar el despertador.

 

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24 comentarios


carlavanmorlegan
hace un día

¡Absolutamente genial!

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evavaillo
hace 2 días

Me gustaría conversar sobre algo que me llevo preguntando durante bastante tiempo a mí misma.

Cuando conoces a una persona, mantienes una conversación con ella (hablas, la escuchas, y viceversa) pero, ¿cómo sabes que la otra persona tiene interés en ti?

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evavaillo
hace un día
Contestando a

Hola, Carla! Gracias por tomarte tu tiempo para hablar conmigo. Estoy de acuerdo con lo que transmites con tu respuesta, una buena comunicación es la base para que cualquier relación de amistad o pareja pueda llegar a funcionar, expresé esta idea en el post sobre la brecha salarial en la pareja que se publicó hace un tiempo en el blog.

No sé, en parte tras pensar de nuevo en mi pregunta creo que en parte nace de un miedo que yo tengo desde hace bastante tiempo. La mayoría de las relaciones comienzan primero por una amistad, conociendo a las personas y no sé, a mí personalmente, desde la adolescencia me ha dado miedo decirle a la otra persona que me…

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evavaillo
hace 2 días

Me ha gustado mucho el artículo, sobre todo esta frase: "Las mejores vacaciones no siempre son aquellas en las que ocurre algo extraordinario, suelen ser aquellas en las que uno regresa habiendo perdido únicamente un poco de estrés y habiendo ganado algo mucho más difícil de encontrar durante el resto del año: una versión de sí mismo con menos prisa, más criterio y suficientes historias como para sonreír cuando vuelva a sonar el despertador".

Personalmente, espero unas vacaciones tranquilas conmigo misma en las que poder leer un poco, pensar y quizás retomar la escritura de nuevo para intentar volver más renovada y consciente.

Espero que tengáis muy buenas vacaciones, un abrazo 🥰 ❤️

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sonsolesgasteiz
hace 2 días

Bueno, por mis circunstancias yo estoy una buena parte del año como de vacaciones, así que procuro aprovechar todo lo que puedo.

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carlavanmorlegan
hace un día
Contestando a

¡Que envidia!

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tinalosmozos
tinalosmozos
hace 3 días

Huela a vacaciones muchísimo.

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