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¿Prohibido prohibir? (y II) Crisis, en chino, significa peligro más oportunidad

  • Foto del escritor: Alvaro Sánchez
    Alvaro Sánchez
  • hace 13 minutos
  • 7 Min. de lectura
¿Prohibido prohibir? (y II) Crisis, en chino, significa peligro más oportunidad. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

Así es; crisis, en chino  危机 está formada por dos caracteres. El primero es Wei, que significa peligro y el segundo es Ji, que significa oportunidad. Aunque no todos los lingüistas están totalmente de acuerdo con esta traducción, si coinciden con ella una mayoría. Curioso que a la milenaria sabiduría china se oponga la también milenaria aunque menos hispanocatólica, representada en este caso por Ignacio de Loyola, el fundador de la Compañía de Jesús en el s. XVI, explicitada en su máxima En tiempos de crisis no hacer mudanza. Aunque la verdad es que el guipuzcoano no utilizó exactamente la palabra crisis, sino tribulación. Pero, bueno, podemos considerarlas razonablemente sinónimas.

 

Pero lo que queda claro es que mientras que el chino, dicho sea como gentilicio genérico, considera que en tiempos revueltos la mayoría pierde, pero la minoría más avispada se las arregla para sacar partido, el hispanocatólico recomienda poner a resguardo los bienes, sean materiales o inmateriales, cuando las cosas se presentan esquinadas y poco claras.


¿Prohibido prohibir? (y II) Crisis, en chino, significa peligro más oportunidad. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

Dos maneras muy diferentes de analizar la realidad y de acometer, o renunciar de plano a ello en la segunda opción, su posible transformación.


Existe, no obstante, otra lengua en la que la palabra crisis y todos sus sinónimos tienen también ese sentido de oportunidad atribuido al chino. Una lengua desconocida para la gran mayoría de la población pero utilizada con tanta fruición como discreción por una minoría muy ducha en buscar y encontrar en la vida cotidiana situaciones de ventaja: el politiqués. Es lo que hablan entre sí los políticos, naturalmente, cuando en las noticias les contemplamos tapándose la boca mientras se dirigen a otro colega, para que los lectores de los movimientos labiales no se enteren de lo que están diciendo y puedan hacerlo público.

 

Aunque también forma parte del politiqués la oratoria abierta, pública, si bien en este caso lo que caracteriza esta manifestación lingüística es la inversión de significados. Así, donde el ciudadano diría en lenguaje normal “La tercera parte de las casas no puede encender la calefacción en invierno todo lo necesario”, en politiqués se dice “La economía marcha como un cohete”.  


¿Prohibido prohibir? (y II) Crisis, en chino, significa peligro más oportunidad. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

Verdaderamente sería muy interesante que pudiéramos ignorar la oratoria pública del politiqués y acceder en cambio al conocimiento de la oculta. Se nos aparecería un mundo bastante diferente al acostumbrado.

 

Como muy bien ha descrito Maribel Gámez en la primera parte de este artículo, La protección en redes sociales de los menores,  nos encontramos en una situación de crisis. Las redes sociales, junto con un importante número de aplicaciones vinculadas también a Internet, están configurando nuevas maneras de relacionarnos con el mundo. Con el mundo y, por tanto, con las personas que en el mismo se incluyen. No somos los mismos en 2026 que en el inicio del siglo. Y no porque simplemente haya pasado un cuarto de siglo; cuartos de siglo han pasado muchos y la gente ha cambiado.

                         

Pero no tanto como en este, ningún cuarto de siglo anterior ha generado tantos cambios. Y no resulta aventurado lanzar un vaticinio: el próximo cuarto de siglo generará cambios aún más considerables, superará en velocidad al pasado.


¿Prohibido prohibir? (y II) Crisis, en chino, significa peligro más oportunidad. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

Cambiaremos todavía más, aunque no sabemos cómo. Pero sí sabemos cuánto: muchísimo, casi no nos reconoceremos a nosotros mismos. Y aún menos a los otros, a los que nos rodean, a los que veremos cada vez más lejanos. Aquí está el peligro. Y la oportunidad.

 

Los avispados políticos la han cazado al vuelo: hay que legislar para proteger a los menores de las redes sociales. Formulado así, nadie puede estar en desacuerdo. Todos coincidimos en que las redes sociales son un peligro, para mayores y para menores. Pero, obviamente lo son más para los segundos, porque son más vulnerables, y tanto más cuanto más jóvenes. El problema aparece cuando se materializa la legislación y se analiza su letra pequeña. Cuando buceamos en el politiqués que la conforma.

 

El Proyecto de Ley Orgánica para la protección de las personas menores de edad en los entornos digitales publicado en el Boletín Oficial de las Cortes Generales el 11 de abril de 2025 recoge en su Exposición de motivos la iniciativa Internet Segura para Niños (is4k.es) del Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE) entre los daños potenciales para las personas menores, destacando los siguientes:


¿Prohibido prohibir? (y II) Crisis, en chino, significa peligro más oportunidad. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

— Daños psicológicos y emocionales. El menor posee una madurez y una autoestima en desarrollo, por lo que es más vulnerable a nivel emocional si tropieza con información que no es capaz de asumir o frente a la que no sabe cómo reaccionar, como por ejemplo contenido pornográfico o violento. Estos les pueden resultar demasiado complejos e incluso perturbadores.

 

— Desinformación, manipulación y construcción de falsas creencias. Los contenidos falsos y sin rigor pueden confundir a las personas menores de edad y son especialmente peligrosos cuando tratan temáticas relacionadas con la salud y la seguridad.

 

— Establecimiento de conductas peligrosas, delictivas, discriminatorias o socialmente inapropiadas. Las personas menores de edad pueden asumir determinados contenidos como ciertos y positivos, y adoptarlos en forma de conductas o valores dañinos: sexismo, machismo, homofobia, racismo, etc.


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— Daños para la salud física. Algunos contenidos tienen como objetivo la promoción de desórdenes alimenticios (anorexia y bulimia), conductas de autolesión o consumo de drogas. Otros pueden animar a los menores a realizar actividades potencialmente peligrosas para su salud, como algunos vídeos o cadenas virales.

 

— Inclusión en grupos y colectivos dañinos. Acceder a determinados contenidos puede acercar al menor a colectivos extremistas, violentos o racistas, así como a sectas de carácter ideológico o religioso, grupos políticos radicales, etc. El factor emocional es importante a la hora de hacer frente a esta información que puede ser perjudicial o malintencionada, dado que una baja autoestima, o aquella que esté aún en desarrollo, aumenta la vulnerabilidad del menor.

 

— Adicciones. El acceso a contenidos inapropiados sobre alcohol, tabaco y otras drogas, sexo y juegos de azar puede favorecer trastornos de adicción, dado que las personas menores de edad pueden no tener suficiente capacidad crítica para gestionar los riesgos asociados a este tipo de actividades.


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— Gastos económicos. Los fraudes o intentos de engaño destinados a estafar a los usuarios para hacerse con su dinero o sus datos pueden acarrear pérdidas económicas directas, como ocurre por ejemplo con las suscripciones de SMS Premium. Además, las personas menores de edad son más vulnerables a la hora de interpretar y gestionar la publicidad excesiva a la que están expuestos en Internet ya que puede generar en ellos la necesidad de consumir impulsivamente, como sucede con las compras en juegos y aplicaciones. Asimismo, no siempre el contenido de los anuncios es, en sí mismo, adecuado para ellos.

 

Para hacer frente a estos riesgos el Proyecto de Ley propone una amplia batería de medidas que van desde importantes sanciones económicas a los responsables de emitir ciertos contenidos y a los de las redes que los soportan hasta los cortes de los accesos a Internet de redes y webs. De la obligatoriedad de  implementar medidas eficaces de control parental a la prohibición general de acceso a los mecanismos aleatorios de recompensa en los juegos o su activación por personas que sean menores de edad.


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Y, por supuesto: la medida estrella: prohibición de acceso a las redes sociales de los menores de 16 años. Lo que obliga a los fabricantes de las redes a verificar mediante algún mecanismo seguro la edad de quienes pretender acceder a las mismas. Pero vayamos con el politiqués.

 

Primero, con el público. ¿Me puede explicar, señor político, a qué se refiere con la expresión conductas “socialmente inapropiadas”, citada en el punto tercero anteriormente expuesto? ¿Quién determina lo que es inapropiado? ¿Usted, yo o ambos de común acuerdo? Porque yo no voy a aceptar que lo determine usted unilateralmente.

 

¿Y qué decir del siguiente texto, inserto en el punto quinto: “Acceder a determinados contenidos puede acercar al menor a colectivos extremistas, violentos o racistas, así como a sectas de carácter ideológico o religioso, grupos políticos radicales”? Lo que a usted le puede parecer racista y radical puede que a mí me parezca una información verídica y necesaria para que un menor se informe sobre culturas, por ejemplo. Véase el caso del Islam.


¿Prohibido prohibir? (y II) Crisis, en chino, significa peligro más oportunidad. Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

Y en segundo lugar, con lo que se dice con la boca tapada para que no se sepa: el control de edad se pretende sobre los menores, pero también se ejecuta sobre los mayores. ¿O es que estos acceden mágicamente a las redes sin necesidad de fichar? Lo que se pretende es precisamente que fichemos todos, mayores y menores de edad legal, ¿y quién controla esos datos? ¿Y quién controla al controlador? Son muchas preguntas sin respuesta, o al menos, sin respuestas satisfactorias.

 

Desconfía del gobierno y de los oligopolios. Hazte mayor de edad. Y piensa que al final acecha el modelo chino.

 

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Última hora

 

El diario digital El Español publica hoy mismo una encuesta sobre la prohibición de acceso de los menores de 16 años a las redes sociales y sobre el proyecto de “rastrear la huella de odio y polarización" en las plataformas digitales.

 

Respecto a la primera, el 51% de los españoles respalda la idea de prohibir el acceso de los menores de 16 años a las redes sociales, pero otro 44,8% se muestra en contra. Aunque entre los jóvenes de 17 a 35 años el apoyo cambia de signo: el 51,6% la rechaza, mientras que el 46,6% la apoya.

 

Y sobre el proyecto de rastreo, el 63,8% de los españoles se oponen a esta iniciativa, frente al 33,3% que la apoya. Significativamente, el 87,7% de los jóvenes de 17 a 35 años se opone a esta posibilidad frente a un paupérrimo 7,9% que la apoya.

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