El Colegio Oficial de la Psicología de Madrid participa en ORIENTA 2026 en El Escorial
- Centro de Psicología Maribel Gámez

- 7 feb
- 7 Min. de lectura

San Lorenzo de El Escorial está viviendo un año más las Jornadas de Orientación Educativa y Profesional para los estudiantes de secundaria y bachillerato, “Orienta”, en las que participan más de 40 entidades educativas, formativas y profesionales, junto con un numeroso equipo de especialistas de distintos ámbitos, para ofrecer información, acompañamiento y orientación al alumnado y a sus familias.
Las jornadas, que están organizadas por el Área de Educación en el Real Centro Universitario Escorial María Cristina, que está integrado en el monumental complejo arquitectónico del Real Monasterio de El Escorial, se desarrollan los días 5, 6, 7, 9 y 10 de febrero. Tienen como objetivo que los estudiantes de 4º de ESO y Bachillerato conozcan las posibilidades de que disponen para elegir centro educativo en el que continuar estudios superiores, decantarse por la formación profesional o reorientar su carrera hacia Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado o Bomberos.

El Colegio Oficial de la Psicología de Madrid participa en las mismas como integrante de la Unión Interprofesional de la Comunidad de Madrid - Asociación de Colegios Profesionales, representado por Maribel Gámez, experta en Inteligencia Artificial aplicada a la salud mental y coordinadora de los grupos de trabajo de Educación Psicológica y de Psicología e Inteligencia Artificial del COP Madrid. Esta fue su intervención en el Real Centro Universitario Escorial María Cristina el pasado jueves 5 de febrero.
El humano en el centro. La lA en la carrera profesional en Psicología
El uso de la IA y el objeto de la Psicología que es, en términos generales, procurar un bienestar mental a los pacientes, están estrechamente conectados. Esto es así por la forma en la que está diseñada la IA, ya que es capaz de comunicarse con los seres humanos casi como hacemos entre nosotros y, además, muestra capacidades que requieren inteligencia.

Por eso puede tener impacto en la salud mental de la gente, porque es un actor con una presencia constante a la que le damos mucha información sobre nosotros y a quien se le pide consejo sobre temas de salud mental. Y, también por eso, es tan relevante para los psicólogos y su desarrollo profesional.
La usan unos mil millones de personas en el mundo. Unos 147 millones en la Unión Europea y 13 millones de personas en España.
Precisamente España es el líder de uso de IA entre los jóvenes de 16 a 24 años de toda Europa, ya que lo manejan un 59% de personas, por encima de Noruega con un 56% o Dinamarca, Estonia y Malta con un 46%. El uso que se le da entre jóvenes de 16 a 19 años es, sobre todo, realizar consultas sobre salud, incluyendo la salud mental, pudiendo alcanzar hasta el 90% del total de las consultas que se hacen.

¿Qué significa esto? Que tenemos que tener muy claro en la carrera profesional de los psicólogos la importancia de la IA en la que confían muchas personas, sobre todo jóvenes, para buscar respuestas a sus problemas mentales en las IAs generalistas, es decir capaces de hacer tareas diferentes. ¿Es esto un riesgo para nosotros, que ese uso masivo dé lugar a que nuestro trabajo como profesionales de la salud mental sea sustituido por la IA? No lo creo, teniendo en cuenta que más de mil millones de personas en el mundo, según la OMS, sufren un trastorno mental. Hay tantas personas con su mente comprometida que lo que se necesitan son más profesionales que manejen bien la IA para multiplicar sus recursos, no que la IA nos sustituya, esencialmente porque no está diseñada para ello.
Lo que sí parece claro es que en muchos casos puede ser un riesgo para la salud mental acudir a ella y colocarse en el rol de paciente otorgando a la IA el rol de especialista. Ya se ha visto que en determinadas circunstancias puede ser una herramienta que, por cómo está diseñada, para responder siempre y de cualquier tema a quien la usa, puede predisponer a personas vulnerables a pensar en el suicidio como salida al sufrimiento.

En esta misma línea, la IA en su afán de ser reforzante y agradable, puede incentivar ciertas ideas dañinas o delirantes que presenta el usuario. De hecho, personas que han sufrido estos problemas se han unido en una macro-demanda en Estados Unidos para pedir responsabilidades legales a Chat GPT por incitar a sus hijos al suicidio (Caso Raine) o por agravar las ideas delirantes de algunas personas (caso Stein-Eik.Soelberg). Aún no hay resolución de estas demandas por parte de un juez, así que habrá que esperar para ver en qué queda. Lo que está claro, es que estas personas, tras estos episodios, necesitaran un psicólogo altamente cualificado que le es atienda, tanto la familia de los que perdieron la vida, como a los que vieron reforzados sus delirios y tuvieron de que dejar su trabajo o sus parejas les abandonaron por ello.
Así que la IA, en parte, se convierte en una fuente de derivación cuando daña al usuario y este comienza a buscar respuesta en los profesionales de la salud.

Pero la IA no solo puede ser fuente de derivación, sino que también se está volviendo una especie de coterapeuta, ya que los pacientes traen a consulta diagnósticos hechos por IA cuya veracidad quieren contrastan con el psicólogo. Cuando llegan a consulta nos interesa saber si y cómo han hablado con la IA de aquello que les ocurre, porque es información relevante para la terapia. Por otro lado, para la práctica profesional diaria es un arma de doble filo. Herramientas diseñadas con inteligencia artificial como Woebot, Wysa o Noa hacen un papel de acompañamiento al tratamiento psicológico humano y se ha comprobado que funcionan. Pero son eso, un acompañamiento. Ese es el lugar de la IA.
La cuestión es que para que la IA sea útil y no dañe a la gente que la use los profesionales debemos ser el centro de conocimiento y experiencia en el proceso terapéutico, no ella. Cuando hablo del centro me refiero a que no sea la IA la que lidere a solas procesos de cambio psicológico profundos, pero sí es una oportunidad que estas herramientas sean un acompañamiento del profesional, supervisado e individualizado para el paciente.

Y es que los psicólogos también podemos sentirnos seducidos por ese oráculo moderno que parece saberlo todo. Colocando a la IA como protagonista de la parte profesional de la terapia cuando quienes deben serlo son nuestros conocimientos y habilidades. Esto ocurre cuando pedimos a la IA que nos dé repuestas sobre el diagnóstico o el tratamiento de un paciente sin que haya un trabajo de análisis previo por nuestra parte. Cuando le damos historias clínicas y le pedimos que nos haga el trabajo. Eso puede multiplicar los errores a la hora de tratar a un paciente porque la IA se equivoca y mucho.
Pero no solo corremos el riesgo de equivocarnos sino que además, podemos provocar que nuestro cerebro sufra lo que se llama deuda cognitiva. Este término hace referencia a un estudio del MIT en 2025 que concluye que el mal uso de la IA, esto es, delegar nuestras capacidades cognitivas superiores, tiene un efecto de apagado de ciertas conexiones neuronales en el cerebro.

Este se vuelve menos activo y, al enfrentarse a nuevas tareas, activa menos zonas neuronales para resolverlas, por lo que hay que hacer un esfuerzo por activarlas. Tenemos que saber que en nuestra carrera profesional la IA nos tentará con disminuir nuestra capacidad de esfuerzo gracias a su capacidad de respuesta a todo.
Por último, la Psicología está expuesta a un riesgo realmente importante relacionado con el uso óptimo de la Inteligencia Artificial, y que no tiene que ver con la desaparición de la profesión, ni con delegar demasiado en ella, ni con tener que conocerla en profundidad. El riesgo tiene que ver con los datos. ¿Sabéis que la IA puede predecir con 5 años de antelación que una persona puede sufrir cáncer de mama? El Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) lo ha conseguido entrenando a la IA con cientos de miles de mamografías, es decir, de pruebas de imagen. ¿Puede la Psicología hacer algo similar? Difícilmente.

Como decía la IA se alimenta de datos, no funciona sin ellos. Datos limpios y estructurados que pueda registrar, comparar y aprender de ellos para crear patrones y predicciones. La falta de este tipo de datos es la debilidad de la Psicología, el obstáculo que puede impedir que esta ciencia de la salud se una plenamente a la revolución que es la IA.
He realizado una investigación sobre el uso de la historia clínica, instrumento con el que se hace ciencia y se organizan los datos. Instrumento que podría vehicular la entrada de datos que os cuento. Me he encontrado con que ni en el ámbito público ni el privado se usan regularmente historias clínicas en Psicología; y cuando se usan cada uno utiliza la suya. Y es justo lo contrario lo que necesita la IA para alimentarse y ser una herramienta que nos coloque en un lugar clave en el tratamiento de la salud mental.
El 70% de los psicólogos que trabajan en clínica lo hacen en el ámbito privado y los datos que recogen podrían ser utilizados para aumentar el corpus de conocimiento de esta ciencia y alimentar a la IA si son convenientemente organizados y estandarizados.

¿No os habéis fijado que los grandes informes sobre salud mental lo redactan médicos de atención primaria o entidades privadas como bancos o aseguradoras? ¿Dónde están los psicólogos y sus datos? Desaprovechados. Para evitarlo, hace falta utilizar historias clínicas estandarizadas, entre otros instrumentos, y realizar un pacto de intercambio de información que va desde el psicólogo, pasando por el Colegio Profesional hasta el Ministerio de Sanidad.
Así la IA tendría miles de datos con los que practicar y hacer predicciones y muchas cosas más. Fijaos si hay que hacer cosas, si el momento no es apasionante y urgente dentro de la Psicología científica, de la salud como para decidir elegirla como futuro profesional.
La relación entre IA y Psicología es compleja y fascinante. Es sin duda una oportunidad para ser mejores profesionales, ya que la IA te obliga al usarla a hacer buenas preguntas, a introducir datos adecuados con los que pueda trabajar y a estructurar los procesos terapéuticos antes de usarla como herramienta.

Para ello debemos seguir formándonos más allá de la Psicología en Matemáticas, Biología, Física… para ser capaz de dar el mejor servicio a un paciente. Esforzarnos por saber usar la IA en nuestro beneficio al ser nosotros un compendio de saberes relacionados y colocándonos nosotros en el centro del acto profesional.
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¡Ojalá a mí me hubieran dado algunas orientaciones cuando tenía esa edad! Me creía demasiado listo. No es que me haya ido mal, ni mucho menos, pero había otras posibilidades en la vida y las ignoré.
Gran labor, Maribel, me acuerdo del año pasado, en la plaza de Colón, también participaste.
El momento de elegir la carrera, me trae buenos recuerdos. Muchas dudas, muchas preguntas, ninguna garantía. En fin, cuando se es joven el mundo se ve distinto y probablemente lo sea.
Guapa! Muy bien