¿YA NO TE GUSTO?
- Giulia Mari

- 18 feb
- 6 Min. de lectura
Actualizado: 18 feb

Como psicólogos especializados en terapia de pareja, estamos acostumbrados a tratar diferentes problemáticas cuando una nueva pareja llama a la puerta del Centro: discusiones frecuentes, problemas con las familias de origen, cansancio físico y emocional por las mil responsabilidades, infidelidad, desacuerdo sobre la educación de los hijos, desigualdad en el reparto de la carga doméstica, etc. A pesar de las diversas situaciones que se pueden presentar, la frase que a menudo acompaña a todo esto es: “¿¿Intimidad?? ¡Cero!”.
Notamos con frecuencia que la ausencia de sexo está asociada a alguna problemática que la pareja está enfrentando. A través de este análisis, analizaremos en primer lugar si la falta de intimidad sexual consistuye un problema per se o si es un síntoma de otros problemas. Adicionalmente, exploraremos si la falta de intimidad sexual puede ser un predictor de la ruptura de una pareja.

Cuando hablamos de ausencia de intimidad, hablamos de Deseo Sexual Hipoactivo (DSH), es decir, la disminución o ausencia de deseo no como un problema exclusivamente individual, sino como un fenómeno estrechamente ligado a la dinámica de la relación de pareja. El deseo sexual corresponde a una motivación para buscar activamente circunstancias que aumenten las probabilidades de llevar a cabo conductas autoeróticas o intercambios sexuales, o a sentirse receptivos ante estos últimos.
Descartando problemáticas fisiológicas y médicas ligadas a una enfermedad o trastorno, los estudios demuestran que existen una serie de factores psicológicos y relacionales que son, de hecho, determinantes para la aparición y el mantenimiento de esta condición. La falta de intimidad es uno de los dos factores, entendida como la ausencia de un sentimiento de cercanía y conexión emocional. Cuando esta disminuye entre los miembros de la pareja, disminuye automáticamente también el deseo de buscar al otro en la sexualidad.

El otro factor hace referencia a los problemas de comunicación que se instauran en la pareja; cuando una pareja ya no es capaz de comunicarse abiertamente sobre cómo se sienten ambos; cuando se tiene miedo a ser juzgado o rechazado, resulta difícil al mismo tiempo mostrarse abiertos y vulnerables en la esfera sexual.
Además, los estudios destacan que existen otros componentes vinculados a la disminución del deseo y que forman parte de ciclos vitales y momentos de crisis a lo largo de la vida. Por ejemplo, el paso de la fase inicial de enamoramiento en una relación a una fase de consolidación, que conlleva naturalmente una reducción de la intensidad del deseo. Además, el nacimiento de los hijos, las responsabilidades laborales, la gestión de las tareas domésticas o el cuidado de los padres ancianos son energías que antes se canalizaron casi exclusivamente en el romanticismo de la pareja y que ahora deben distribuirse de otra manera.

Como se acaba de evidenciar, podemos decir que la disminución del deseo sexual en una pareja difícilmente es un factor aislado, sino que se inscribe en un cuadro mucho más complejo. Las dinámicas que pertenecen a este cuadro, ya sean parte normal del ciclo vital o dinámicas problemáticas, suelen ser perjudiciales si no se resuelven y afrontan, debido a una posible cronificación.
Otra cuestión abierta es si la ausencia de intimidad sexual prolongada puede causar la ruptura de una pareja. En un estudio de 2020 (Park et al., 2020), los autores intentaron responder a esta pregunta, tratando de establecer si existía una causalidad directa entre la falta de intimidad y la predicción de una ruptura amorosa.
Para ello, exploraron cómo la percepción de recompensa social (sentimiento de intimidad emocional y de conexión) y de amenaza social (miedo al rechazo) influyen en el fin de una relación y cuál de las dos causas constituyentes tenía más peso.

En detalle, los autores definen la recompensa social como un conjunto de experiencias de intimidad, amor, conexión profunda y reciprocidad, que nos impulsa a acercarnos a la pareja. Por el contrario, establecen la amenaza social como una preocupación profunda por la evaluación negativa que el otro pueda hacer de nosotros, un sentimiento de inseguridad y el miedo a ser rechazados, lo que nos empuja a evitar los conflictos y posibles sufrimientos que generarían estos conflictos.
El objetivo del estudio era comprender si las personas dejan a su pareja porque la relación no es lo suficientemente gratificante (falta de recompensa) o porque es demasiado dolorosa o ansiosa (presencia de amenaza). El estudio adoptó un enfoque prospectivo longitudinal, monitorizando a los participantes antes de que ocurriera la ruptura, para evitar los sesgos de los recuerdos distorsionados.

Se estudiaron 1.345 participantes que mantenían una relación en ese momento, a quienes se siguió semanalmente durante unas 10 semanas. Después, las personas que rompieron participaron en un seguimiento diario durante 27 días para monitorizar un posible apego residual hacia el ex. Todo concluyó con un control final dos meses después de la ruptura.
Se estudiaron 1.345 participantes que mantenían una relación en ese momento, a quienes se siguió semanalmente durante unas 10 semanas. Después, las personas que rompieron participaron en un seguimiento diario durante 27 días para monitorizar un posible apego residual hacia el ex. Todo concluyó con un control final dos meses después de la ruptura.
Al final del estudio, los investigadores extrajeron las siguientes conclusiones:

● La falta de recompensa es decisiva: Los resultados mostraron que los niveles bajos de intimidad y conexión son predictores significativos de la ruptura. Quienes percibían menos actos de cariño y se sentían, por tanto, menos gratificados dentro de su relación, tenían una probabilidad mucho más alta de romper.
-La amenaza social no influye en la estabilidad: Sorprendentemente, la percepción de amenaza (es decir, la preocupación por el juicio de la pareja) no predijo el fin de la relación de manera significativa.
-Satisfacción vs Intimidad: Aunque las personas informaran de un alto nivel de satisfacción global en la relación, esto no era suficiente en caso de falta de intimidad emocional. La sensación de intimidad y conexión emocional prevalece sobre la percepción de satisfacción general de la relación.

En cuanto a los estudios realizados tras la ruptura, se demostró además que quienes vivían una relación muy gratificante, con una alta recompensa, tenían más dificultades para despegarse emocionalmente de la expareja al principio. Sin embargo, este vínculo post-ruptura parece depender más de la satisfacción general que de la sola intimidad específica.
Para concluir, los expertos sugieren una serie de recomendaciones generales para reducir el riesgo de ruptura de pareja:
-No evitar los posibles conflictos, sino afrontarlos juntos como una oportunidad para acercarse y comprenderse aún más a fondo, en lugar de distanciarse y acumular rencores.
-Aumentar las conexiones positivas durante el día para construir la intimidad poco a poco. ¡Recordad que la intimidad en el dormitorio se construye antes fuera!

-Mostrar una actitud abierta y practicar una escucha activa cuando nuestra pareja se comunica con nosotros, especialmente en los momentos de vulnerabilidad. Escuchar sin juzgar, acogiendo lo que la pareja está comunicando.
-Hacer un esfuerzo por recordar las interacciones positivas con la pareja, no solo las negativas.
-Gestionar todas las demás dificultades que han llevado a una sobrecarga de la pareja e intentar solucionarlas juntos.
Aunque estas recomendaciones generales pueden servir de guía, pueden no ser suficientes en una situación de conflicto o en un momento difícil para la pareja. Si las dificultades persisten, acudir a un profesional especializado puede brindar las herramientas necesarias para abordar la situación de una forma personalizada.

BIBLIOGRAFÍA

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Es innegable que hay un agotamiento de las reservas comunicativas y sexuales de la pareja con el paso de los años y el desgaste de los hijos, que es demoledor. Humildemente, creo que hay que afrontarlo con el deseo de no hacer daño y saber que ha llegado el momento de cerrar esa etapa y tener capacidad de iniciar otras nuevas. Es ley de vida.
Alguna vez he pronunciado yo esas fatídicas palabras y la sensación es que te hundes en un vacío espantoso. Te sientes una piltrafa menos que humana. En ningún caso hay que llegar a ello, hay que cortar mucho antes si no se arregla satisfactoriamente.
Estupendo y muy útil post. Lo hago circular entre mis amistades.
Ciao Giulia! Me ha gustado mucho tu artículo, muchísimas gracias por compartirlo con nosotros. Como el estudio que has presentado comenta, creo que es necesario tener una buena intimidad emocional con la pareja para poder tener una buena intimidad sexual y por ende, un buen sexo. Como dicen los expertos, pienso que es importante comunicarte de forma honesta con esa persona, pero a la vez ser franco contigo mismo en esas interacciones, pudiendo construir de esta manera una buena comunicación basada en la vulnerabilidad, el respeto y la honestidad hacia la otra persona y uno mismo.
Un abrazo grande ♥️ 🥰
Qué tema tan interesante y bien escrito. Enhorabuena, Giulia.